Se hizo conocido en Chile hace poco tiempo tras el revuelo generado por su
columna publicada en
El Mercurio Inversiones, en la que describió "el repentino interés de los chilenos por Miami". Aseguró que las familias ricas del país están altamente preocupadas por el contexto social y político local y que, en ese contexto, sencillamente "han optado por tomar su dinero y venirse a Miami".
No es, sin embargo, el único motivo por el que Patrick Dwyer, managing director en Boston Private Wealth Management & Trust, explica esa fuga de capitales. Un aspecto que le llama la atención de nuestro país a quien fuera asesor patrimonial privado en Merrill Lynch durante casi tres décadas son las comisiones “increíblemente altas” que pagan muchos inversionistas locales por vehículos que en EE.UU. costarían cerca de cero. “Recientemente hicimos un análisis de un cliente chileno que tenía alrededor de US$10 millones”, comenta. “Pero en lugar de estar en un RIA (Registered Investment Adviser, figura en donde se cobra una única comisión por administración), como pensamos originalmente, estaba con un corredor de bolsa. Esto implica que el asesor puede ganar comisiones, honorarios y todo lo demás. Resulta que el cliente estaba mayoritariamente en fondos mutuos que pagaban alrededor del 3% a la firma", recuerda. "Esa es una comisión increíblemente alta en el mundo actual, donde literalmente puedes comprar el índice S&P 500 gratis, sin costo alguno”, sostiene. “Entonces, ¿por qué alguien pagaría el 3%? no sé”.
Asegura que a los inversionistas latinoamericanos se les cobra regularmente “de sobremanera” en productos de inversión en relación a los estadounidenses. En conversación con El Mercurio Inversiones, además, explicó de qué modo están invirtiendo los inversionistas locales que han optado por el esquema que él promueve.
"El inversionista chileno presenta un comportamiento muy particular al compararlo con el norteamericano y hasta con el latinoamericano”, dice Dwyer. “Suele invertir principalmente en activos de su mismo país y presenta un perfil de riesgo muy conservador: gran parte de las inversiones se las lleva la renta fija, a través de fondos mutuos. Este tipo de vehículos presentan costos relativamente altos para los retornos de la clase de activos, y, en promedio, la remuneración se sitúa entre el 1,5% al año, mientras que los retornos en los últimos cinco años han promediado un 4%, es decir, la rentabilidad después de la inflación es cercana a cero”, subraya.
“Esto es aún más dramático en renta variable”, asegura Dwyier. “Las remuneraciones de un fondo mutuo de acciones locales large cap se sitúan en un rango entre 3,5% y 4,5%, lo que nos deja una rentabilidad de 1% al año, en los últimos 5 años, sin tener en cuenta la inflación, es decir, una rentabilidad real de aproximadamente -2% al año en ese mismo período”, afirma.
Al comparar la estructura de costos contra el estándar internacional, destaca cómo la industria externa "opera en niveles mucho más bajos, 0,25-0,50% para renta fija y 0,50-0,75% para renta variable: esta diferencia es lo que hace que un portafolio logre ganancias en un mundo en que las rentabilidades han venido cayendo con fuerza, principalmente por las caídas en las tasas de interés”, sostiene.
Asegura que los desafíos que enfrentan los inversionistas hoy día son lo más grandes que ha visto en su vida, dado que la próxima década luce como un periodo de bajos retornos. “Dado que las valoraciones de las acciones es alta y las tasas de interés son bajas, los inversionistas van a recibir retornos más pequeños. A lo largo de Wall Street en general, los rendimientos esperados para la próxima década para carteras balanceadas de 60% acciones y 40% bonos es algo entre 3,5% y 4,2%”, afirma. “Y eso es antes de otros factores adversos: comisiones por cartera, por el administrador, impuestos, que prácticamente van a subir en todos los países para pagar por el covid-19, y la inflación, que solía marcar 1,5% y ahora está al 2%”, indica. “Así que si sus impuestos están subiendo y la inflación es de 1,5% o 2%, sus comisiones son las que son y solo gana 3,5%, ¿cuánto se va a llevar ese inversor a casa? No mucho”.
Dice que una de las soluciones es, obviamente, correr más riesgos. “Pero otra cosa que uno debe hacer antes de tomar esa decisión es asegurarse de que la forma en que ese dinero es tratado sea óptima”.
Dwyer dice que buena parte de la gente de alto poder adquisitivo en América Latina tiene su dinero en las plataformas tradicionales como JP Morgan, Bank of America-Merril Lynch o Credit Suisse, entre otras. Pero, en su visión, “esos son sistemas cerrados de alto costo. Y han estado perdiendo cuotas de mercado en los Estados Unidos durante dos décadas: hoy la participación de mercado de esas firmas se ha derrumbado, cayendo del 42% hace apenas una década al 29% (estimado) para el próximo año. Sospecho que estará más bajo que eso pronto, a medida que esta transición se acelera”.
Con ello se refiere a la irrupción de los RIA, o Registered Investment Adviser, una figura en dónde se cobra solo un fee por administración que incluye todo y, al no recibir rebates de AGF y otros actores, “no tiene conflicto de interés”. En sus palabras, se trata de “empresas pequeñas o grandes que brindan asesoramiento y orientación y lo separan del costo de las inversiones. ¿Por qué están ganando participación de mercado? Bueno, los RIA usan mayoritariamente a Fidelity, Schwab”, señala en relación a firmas que conocidas por los bajos costos a los que ofrecen productos de inversión, incluyendo a ETF de distintas clases de activo, que replican al S&P 500 o a los bonos del Tesoro de EE.UU., por ejemplo, y que no cuentan con un manager a quien se deba remunerar. “¿Por qué estas plataformas son mejores que las empresas de servicio completo? En primer lugar, tienen una tecnología mucho mejor que la de otros lugares, porque son mucho más grandes”, señala, sumando a aquello los bajos costos asociados.
Destaca que Fidelity gestiona casi US$9 billones (de esos billones de doce ceros), es decir, “tres veces el tamaño de Bank of America, solo para ponerlo en perspectiva. Creo que Schwab, después de la fusión, está más cerca de los US$6 billones”, afirma.
PREFERENCIA DE LOS CHILENOS
El director en Boston Private asegura que los chilenos “están buscando que les armen el asset allocation, más que apuntar a inversiones directas”. Para ello, exhibe una cartera modelo de inversionistas locales bajo la asesoría de su firma:
“Yo animaría a los inversionistas latinoamericanos a repensar realmente en lo que están haciendo”, sostiene. “Eche un vistazo a cómo se le paga a su asesor. Puede que le guste mucho, pero si está pagando entre el 2% y el 3% de su dinero, le resultará muy difícil hacer crecer su patrimonio. Necesita resolver la X”, plantea. “Y lo que sugerimos humildemente es buscar asesores de inversión que puedan asesorarlo, cobrarle por separado y luego ayudarlo a administrar una cartera de bajo costo”.
Este artículo fue escrito con la colaboración de la periodista Camila Orellana.