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Las últimas batallas de Arturo Vidal

Ni en su club —Flamengo— ni en la selección nacional, el “Rey Arturo” o “King” parece ser ya no solo un indiscutido, sino que, incluso, una buena alternativa. ¿Será tan así? ¿En verdad Vidal, a los 36 años, está fuera de la alta competencia? ¿Ya no sirve para lo que siempre demostró servir?
Foto: Photosport
Sergio Gilbert29 de mayo, 2023
Todo futbolista (deportista por extensión) de élite convive siempre con un extraño compañero: el llamado “crítico emocional”, que es aquel que se comporta y despacha sus opiniones sustentado en lo que ve, en lo que siente. No es racional ni muy analítico, porque todo lo que le fluye tiene su origen en la sensibilidad que le genera la interacción con ese futbolista. Por eso es que puede ser exagerado en sus alabanzas como extremo en sus denostaciones.

Y no es ni bueno ni malo que sea así. Simplemente es así.

Es obvio que para el que convive con este pendular juicio no es fácil adaptarse a los efectos que provoca uno y otro sentimiento. Así lo dicen varios expertos en la materia. Ello porque, primero, hay un proceso difícil de adaptación de ser un desconocido a ser una persona idolatrada, y luego hay un camino igualmente complicado para pasar de ser un casi intocable a alguien que es analizado con dureza y desdén. Pocos son los que pueden asumir este vaivén.

Arturo Vidal hoy puede que esté viviendo este segundo proceso.

Quien para muchos (incluido el que escribe) es el mejor futbolista chileno de la historia y que durante casi toda su carrera ha sido admirado y reconocido, hoy ha llegado a la etapa del cuestionamiento del “critico emocional”. Ni en su club —Flamengo— ni en la selección nacional, el “Rey Arturo” o “King” parece ser ya no solo un indiscutido, sino que, incluso, una buena alternativa.

¿Será tan así? ¿En verdad Vidal, a los 36 años, está fuera de la alta competencia? ¿Ya no sirve para lo que siempre demostró servir?

No es un tema fácil, pero todo se podría resumir en una reflexión: Vidal ahora debe estar consciente de las últimas batallas que puede dar. Elegirlas bien. Y actuar en consecuencia a ellas.

En lo relativo a su posibilidad de mantenerse en un club de élite, es obvio que ese margen se le ha reducido. Flamengo es una potencia sudamericana, de lo mejor que hay por estos lados. Pero ya representó para Vidal bajar un escalón con respecto a lo que él vivió en la mayoría de los clubes en Europa. Hoy, los arteros comentarios de los hinchas del equipo carioca y la decisión de sus dos últimos entrenadores de apartarlo de la titularidad dan otra señal potente: Vidal ya no está para cumplir todos los roles que antes cumplía. Su nivel, más que bajar, se estacionó en un parámetro insuficiente para una escuadra como Flamengo. Vidal entonces debe buscar un mejor espacio. ¿Argentina? ¿México? ¿Chile? Ese es parte de su personal análisis crítico.

En la selección, en tanto, el tema puede ser igualmente tajante.

Vidal, tal como lo dijo el DT Eduardo Berizzo, seguirá siendo llamado a la Roja, al menos en la parte inicial de las eliminatorias. Pero no tiene su ticket de titular ganado ni menos su presencia supeditará la forma de jugar del equipo.

Berizzo, por ahora, lo ve con un puesto y función específica: volante que puede desplazarse por el sector derecho para acompañar y/o cubrir el adelantamiento del lateral de esa banda.

Claro, el mundo parece reducirse en el horizonte siempre infinito que ha tenido Arturo Vidal en su gran carrera.

Pero el mundo gira y hay que adaptarse a las nuevas acomodaciones.

Y Vidal es el que debe saber dar esa pelea.
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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