Santiago de Chile.   Mié 24-04-2024
5:53

Así trabaja Berizzo: el seleccionador abrió las puertas de Pinto Durán para enseñar cómo entrena la Roja

Más de 16 años transcurrieron desde la última vez que un entrenador del equipo nacional permitió observar una práctica completa de la selección. Velocidad e intensidad, sobre todo para mediocampistas y defensas, fue el énfasis de la jornada. “Era un trabajo especial para los volantes, reventaron los GPS”, aseguró el jefe técnico. El régimen semanal incluye doble turno el martes y miércoles, y jornada simple el lunes y jueves.
Foto: Carlos Parra/Comunicaciones FFCh
Raúl Neira23 de mayo, 2023
“¿A ustedes les gustaría ver los entrenamientos de la selección?”

Hace unas semanas, en una reunión que incluyó sandwichs, pasteles, jugo y café, Eduardo Berizzo preguntó al grupo de periodistas que lo escuchaba si le gustaría observar un entrenamiento a puertas abiertas en Pinto Durán. La respuesta fue abrumadoramente positiva. Mucho más de lo que esperaba el DT: “Pensé que no les interesaba”, comentó.

El acuerdo no era mostrar la rutina aburrida de los primeros 15 minutos, en que los futbolistas trotan, elongan y poco más, que fue la norma desde que Marcelo Bielsa comenzó a dirigir en el búnker de Macul, en septiembre de 2007. “Está bien, será un entrenamiento completo”, fue la promesa de Berizzo.

Y este martes cumplió la palabra empeñada.

“Son varios los que vinieron”, dijo el entrenador, otra vez sorprendido por la concurrencia de medios y poco después de recibir al grupo tras la entrada en calor a cargo del preparador físico Fernando Morelli, mientras los porteros Cristóbal Campos y Diego Carreño habían trabajado en un rincón bajo las órdenes de Roberto Bonano.


El reloj marcaba las 10 horas cuando el seleccionador llegó a la cancha 2 junto a los citados arqueros, los laterales y los defensas centrales. Ahí estuvieron Dylan Escobar, Matías Zaldivia, Valentín Vidal, Jorge Espejo, Rodrigo Echeverría, Joaquín Gutiérrez, Cristián Díaz, Jonathan Villagra y Antonio Díaz.

En un territorio demarcado con dos postes y una soga a la altura de una malla de voleibol, la misión fue despejar mediante golpes de cabeza y por arriba de la cuerda los balones lanzados por Berizzo (desde la mitad de la cancha hacia el lado izquierdo) y Sebastián Rambert (otro de sus ayudantes, desde el sector opuesto). “¡Quiero verlos saltar y cabecear!”, indicó la orden del técnico.

Unos 15 minutos después, el ejercicio aumentó en exigencia: tras el despeje aéreo, máxima velocidad para llegar a rechazar los balones que despachaban los seleccionados a ras de piso y en dirección a arcos pequeños. “La clave está en recuperarse rápido… Acelere, salte, caiga y arranque… ¡Velocidad!”, pedía Berizzo.

“¡Salto, sin desarmarme, caigo y arranco!”, repetía.

“¿Vamos bien?”, preguntó a los jugadores mientras tomaban agua en una pausa de dos minutos. “Sí, vamos bien… vamos al medio”, ordenó.

Y de nuevo al trabajo: es momento del uno contra uno que se realiza en un rectángulo de 7 por 20 metros. Si el ‘atacante’ pasaba debía finiquitar la jugada en los miniarcos. “¡Esto debe ser violento, el uno contra uno debe ser violento, rápido!”, exclamó el entrenador.

Luego, la dinámica de antes, es decir, se mantuvo el ejercicio, pero se le agregó una variante: en vez de que la pelota acabara en la red, los técnicos alargaban la jugada hacia las orillas. Ahí, los defensas centrales, con máxima velocidad, fueron los encargados de bloquear, uno a quien mandaba el centro y el otro, a quien aparecía como ariete. “¡Bien Espejo, bien Espejo!”, fue el elogio de Berizzo al futbolista de Everton, rápido y ágil en las maniobras.

A las 10:30, los 22 convocados se reunieron en la cancha 2. El técnico alineó dos equipos: peto rosado para Cristóbal Campos; Joaquín Gutiérrez, Cristián Díaz, Jonathan Villagra, Antonio Díaz; César Pérez, Javier Altamirano, Renato Cordero; Alexander Aravena, Maximiliano Rodríguez y Benjamín Chandía. Con peto celeste se vistieron Diego Carreño; Dylan Escobar, Matías Zaldivia, Valentín Vidal, Jorge Espejo; Rodrigo Echeverría, Lucas Assadi, Jeison Fuentealba; Maximiliano Guerrero, Esteban Moreira y John Valladares.

El semestre fue de menos a más. Si bien no partí jugando lo terminé haciendo y siendo llamado a la Sub 23 que me tiene muy contento y motivado. Es positivo trabajar con el cuerpo técnico de la selección, porque además de mirar para los Panamericanos, miran para llevar jugadores a la selección adulta. Hay que trabajar para eso y estar en los dos lados Lucas Assadi volante de la Roja y de la U

La cancha se limitó de la siguiente forma: una extensión para los laterales y punteros (que nuevamente tenían que enfrentarse en duelos individuales), otra para los zagueros centrales y los respectivos ‘9’, y una última para los volantes.

De nuevo máxima velocidad y máxima intensidad. Punteros que encararan, zagueros con salida limpia. “A los volantes es muy agradable ir hacia allá (al ataque), pero hay que volver”, fue la petición del entrenador, subrayando que ninguno podía moverse de la zona demarcada.

“Quiero volantes que van y vienen, que corran. Fue un trabajo para los defensas, también: si le pedimos a los delanteros que presionen, también le exigimos a los defensas que salgan jugando… Había que crearles problemas a los defensas. El primer ejercicio fue para descubrir jugadores confiables en el juego aéreo. Pero sobre todo buscamos trabajar a los volantes. Fue exigente para ellos, terminaron reventando los GPS”, expuso el técnico.

El respiro fue cuando Berizzo ordenó mayor tenencia de la pelota. “Desaceleren, encuentren la posesión”, habló cuando ya el entrenamiento incluía a los 22 protagonistas. “Si el volante presiona, necesito que un defensa central achique”, ordenó mirando hacia el arco que daba la espalda a la cordillera. De inmediato giró la cabeza y preguntó: “¿Entendió Villagra, qué dije?”.

Villagra, atento, repitió las palabras de su jefe.

Había entendido.

La práctica terminó cuando Assadi encaró y remató hacia el arco de Campos. “Bien Lucas, bien… Buen entreno”, exclamó Berizzo.

Un poco de agua antes del gimnasio.

Berizzo participó activamente en el entrenamiento de la selección. Durante una media hora lanzó pelotazos al bloque defensivo. Foto: Carlos Parra/Comunicaciones FFCh

“Tengo que concluir rápido, con un pase, un movimiento… No tengo 10 entrenamientos. Hay que ser precisos en un ritmo alto… Busco dos toques, que la pelota fluya, que no baje el ritmo”, decía el técnico, quien reveló lo complejo que es disputar amistosos ante rivales de jerarquía mundial: “Es muy difícil, porque no son rentables. Para el partido ante Cuba esperamos contar con la autorización de los clubes para los casos, por ejemplo, de Ben Brereton o Marcelino Núñez, porque no es fecha FIFA”.

Esta semana, el régimen de trabajo contempla doble turno martes y miércoles, jornada simple lunes y jueves. Sin los jugadores de Colo Colo, Ñublense, Magallanes, Palestino y Audax, en copas internacionales. “Me adapto y voy para adelante”, sostuvo el técnico recalcando, nuevamente, que el fútbol de hoy es “físico”.

La fecha FIFA y las clasificatorias no son el único objetivo de Berizzo, pues los Juegos Panamericanos también asoman en el horizonte. Independientemente de que pueda ser considerado para la Roja mayor, Matías Zaldivia es una de las cartas para la competición que acepta jugadores de hasta 23 años: perfectamente podría ser una de las tres excepciones permitidas.

—“Gracias por venir”, remató Berizzo.

Y volvió a prometer que “podrán venir a otro entrenamiento…”.



Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

Relacionadas
A fondo con...