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El duro testimonio de Ítalo Pedemonte, a dos meses de su accidente: “Pude morir en el Dakar”

El piloto de 38 años, especialista en cuadriciclos, revive la fuerte caída que lo dejó en coma inducido y con varias fracturas en su rostro, cuando corría el rally off road en Arabia Saudita. “Fue un milagro. La historia pudo ser otra”, confiesa el antofagastino, quien estuvo un mes hospitalizado en Riad, la capital árabe. Ahora, el chileno se recupera en el país, aunque la visión de su ojo derecho está comprometida. “No sé si pueda volver a subirme a una moto”, se lamenta.
Foto: ASO
Diego Aguirre Diez12 de marzo, 2022
Ítalo Pedemonte, motociclista chileno de 38 años, está sentado en el living de su departamento en Santiago. Unas marcas en su cabeza enseñan las cirugías a las que fue sometido el piloto, quien sufrió un grave accidente el 5 de enero pasado, en Arabia Saudita y mientras corría la cuarta etapa del Dakar arriba de su cuadriciclo. Está tranquilo, pero el antofagastino lo sabe: hace poco más de dos meses esquivó de milagro la muerte en el mítico rally, el más peligroso del mundo.

“No me acuerdo de nada del accidente. Era una ruta plana ese día. Hartas piedras. No iba muy rápido. Noventa kilómetros por hora. Me habían pillado los autos, y de ahí no recuerdo nada más. Desperté trece días después en el hospital, en Riad, la capital de Arabia, sin poder hablar ni moverme. La investigación del accidente sigue, pero al parecer me caí porque le pegué a algo con la moto, salí disparado y después azoté mi cabeza y cara contra una piedra. Unos minutos después me auxiliaron y me llevaron en helicóptero al hospital”, cuenta Pedemonte a “El Mercurio” en su visita a Santiago para unos controles médicos.

El motociclista portugués Pedro Bianchi Prata, quien justo pasó por el lugar, salvó al chileno. “Él me encontró y pidió ayuda. Me vio parado, caminando, dando vueltas por el lugar, sin el casco puesto. Nada de eso me acuerdo. Fue un milagro que Bianchi me haya visto. Yo estaba en modo sobrevivencia. Estaba mal, pero por instinto me paré y empecé a caminar. Él me vio y me sentó. Luego de eso me desmayé. Llegó el helicóptero y me entubaron. Por las hemorragias internas que tenía, quizás la historia era otra si hubiese pasado más tiempo sin recibir ayuda. No sé cuánto tiempo habría aguantado así. Pude haber muerto”, relata Pedemonte.

—¿Habló con Bianchi después?

“Sí, por redes sociales. Le agradecí lo que hizo. Mi familia también le comunicó nuestra gratitud. Mi equipo le llevó unos regalos en el campamento”.

Pedemonte estaba corriendo el cuarto Dakar en su historial. En 2020 firmó un séptimo puesto en cuadriciclos, pero en las otras tres versiones tuvo que abandonar. En 2019, por ejemplo, se quebró la clavícula. Foto: ASO

El nortino estuvo un mes hospitalizado en un recinto militar de la ciudad asiática, en coma inducido, hasta que pudo ser trasladado a Chile con la autorización de los médicos árabes.

“Mi inconsciente siguió trabajando todo ese tiempo que estaba dormido. Como que me inventé otra historia. Desperté y pensé que había viajado, que había hecho mil cosas. Cuando me vi en el hospital, con un tubo en la garganta, con la boca amarrada, me desesperé. Me volvieron a sedar. Al tercer intento me explicaron lo que había pasado, el accidente, todo, y pude reaccionar mejor. Me empecé a comunicar con una pizarra. Fue angustiante no acordarme de nada”, sigue el ingeniero mecánico.

—¿Cómo lo vivió su familia en Chile?

“Fue terrible para ellos, porque al comienzo les llegaron noticias desgarradoras, que había tenido un accidente y que estaba en coma con muerte cerebral. Hubo gente que tiró información de manera irresponsable y mi familia lo pasó muy mal por varias horas hasta saber mi real condición de salud”.


Soy el más loco de mi familia. Desde chico que me gustan las motos, pero mis papás no me querían comprar una porque les daba miedo. Me metí en el mundo del automovilismo de pista y ahí estuve en mi juventud. Cuando tuve plata para comprarme una moto, me metí en el rally. Me encantó Ítalo Pedemonte piloto chileno

Las consecuencias del golpe fueron principalmente en su cabeza y rostro: múltiples fracturas en la nariz, pómulos y mandíbula. Solo después de unas semanas se pudo descartar un derrame cerebral y el deportista no tendrá secuelas neurológicas. Sin embargo, su mayor preocupación en estos momentos es su ojo derecho: puede ver al 30% de su capacidad.

“Volver a Chile fue una inyección de energía. Estar tanto tiempo en un país tan lejano me tenía muy pesimista. Ya me dijeron que no tendría daños neurológicos, que era lo más preocupante. Perdí el olfato y parece que no lo voy a recuperar. Tuve múltiples fracturas en la cara, pero se están arreglando. Eso no me importa tanto. Ahora estoy mentalizado en sanar la visión de mi ojo derecho”.

—¿Cómo va eso?

“Veo distorsionado, borroso. Me acaban de decir que quizás no voy a ver más que esto, pero sigo agotando las instancias para encontrar una solución. Estoy bajoneado por eso, porque la evolución iba bien”.

—¿Y cómo cubrieron los gastos en Arabia?

“Con la organización tuvimos roces. Hay seguros, pero después de que me operaron, en los primeros días, ASO me quiso deportar altiro a Chile en avión ambulancia, pero los doctores decían que no estaba listo. Insistieron y se pusieron arrogantes. Nos dijeron que no se iban a seguir preocupando de las coberturas si decidíamos quedarnos en Riad. Me desilusioné. No correspondía. Después de eso desaparecieron. No hubo mayor preocupación de la gente del Dakar. Pero finalmente en términos económicos no tuvimos problemas. El rey de Arabia dio la orden de que no se me cobrara nada en el hospital, porque se enteraron de mi caso”.

El piloto chileno en su departamento en Santiago, donde recibió a "El Mercurio". "Mi familia tiene una empresa de transportes, soy ingeniero mecánico y trabajo allí. Estoy empezando de a poco a volver a trabajar, aunque con el ojo malo se me complica", cuenta Pedemonte. Foto: Diego Aguirre


—¿Piensa mucho en el accidente?

“No, tomé la decisión de no darle mucha vuelta al tema. Estoy dedicado a recuperarme. Asumí que no voy a poder hacer deporte por un año, al menos. Y después se verá. Lo del ojo va a ser determinante para mi futuro en las motos. Si quedo así, no voy a poder andar ni en bicicleta y menos volver a subirme a una moto, ni siquiera para pasear. Eso lo sé…”


Por lo duro del accidente, mi ciclo en el Dakar terminó. Al menos arriba de una moto. Lo tengo decidido. Pero la pasión por esto sigue. No tengo miedo de volver a subirme a un cuadriciclo..


—¿Habría tomado otra decisión ese día?

“No soy de las personas que se arrepienten de lo que hicieron. En este accidente, quizás, podría haber estado más atento a las señalas que da la vida. Ese día, cuando me caí, había tenido problemas mecánicos unos kilómetros antes. Lo arreglé, pero no podía ir a tope e iba más despacio que los demás. No estaba siendo competitivo. El destino me estaba gritando que abandonara, pero el espíritu de un piloto de seguir hasta el final siempre es más fuerte”.

—¿Qué tan difícil sería para usted no volver a subirse a una moto?

“Es algo que estoy procesando. La verdad es que no sé si voy a estar en condiciones, y si ocurre así, bueno, no hay nada más que hacer. De todas formas, la vida sigue. Si no puedo estar arriba de una moto, voy a estar ligado al mundo tuerca de otra forma. Ayudar a los pilotos más jóvenes de la zona. Y darle más tiempo a la familia. Pero tengo fe que voy a estar bien, que me voy a recuperar, y quizás me vean arriba de una moto de nuevo. Pero no me echo a morir. Soy feliz haciendo otras cosas”.
Diego Aguirre Diez

es periodista de Deportes El Mercurio desde 2016, especialista en el área polideportiva, cubriendo tenis, golf, rugby, atletismo, básquetbol, entre otras disciplinas.

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