¿De qué se trata todo esto?
Hay una especie de buena onda, de excesiva mano ancha para los equipos que tienen idearios estéticos más aceptables, pero que adolecen de capacidad para detener a sus rivales. De anularlos. De contenerlos. Por ejemplo, Brasil.
Didier Deschamps no perdió la calma en ningún momento pese a que, en la sala de conferencias del estadio de Filadelfia, los periodistas querían hacerle picar el anzuelo: ¿Qué le pareció el planteamiento ultra defensivo de Paraguay? ¿Es válido tratar de ganar sin tratar de ganar?
A Deschamps no se le quitó un segundo la sonrisa y sólo respondió una y otra vez: “Cada uno plantea los partidos como quiera. No voy a ser yo el que critique lo que el entrenador de Paraguay planificó”.
Punto final para el DT de los subcampeones del mundo.
Pero no para el medio futbolero del Mundial —y de la galaxia entera—, porque el tema ya está instalado y requiere de reflexiones para ser debidamente debatido.
Todo puede resumirse en una sola gran pregunta: ¿De qué se trata todo esto del fútbol? ¿Solo de ganar y así sumar medallas y trofeos? ¿O de hacerlo, pero únicamente bajo ciertos parámetros estéticos y de convicciones ligadas a la búsqueda incesante del arco rival? No es fácil tomar posturas definitivas, porque todo dependerá de factores y circunstancias específicas. Las visiones cambian según ellas.
El 5-4-1 del Paraguay de Gustavo Alfaro fue elevado a categoría de sabiduría táctico-estratégica cuando sirvió para eliminar a Alemania. Incluso históricos germanos como Lothar Matheus y Oliver Kahm alabaron cómo plantearon los guaraníes la lucha.
No es el único caso. Cabo Verde, el equipo más adorable de este Mundial, el que no cayó ante España y Uruguay y que tuvo entre las cuerdas a Argentina, se asentó y gustó por ser el más perfecto ejemplo del equipo que juega con la más básica (y generalmente más denostada) de las propuestas: arropadito atrás y salida rápida en contraataque.
Que Uzbekistán, Jordania, Irak, Sudáfrica y Curazao hicieran exactamente lo mismo, pero sin los resultados de Paraguay y Cabo Verde, los llenó a ellos de críticas. Pero no es raro. No ganaron nada, así que al infierno con su maldita idea de juego…Por el contrario, hay una especie de buena onda, de excesiva mano ancha para los equipos que tienen idearios estéticos más aceptables, pero que adolecen de capacidad para detener a sus rivales. De anularlos. De contenerlos. Por ejemplo, Brasil.
Al equipo de Carlo Ancelotti nadie podrá tildarlo de no tener una propuesta ofensiva, pero quedó claro ante Marruecos, Noruega e incluso en el primer tiempo ante Japón, que carece de trabajo y de convicción en dos elementos defensivos claves: recuperación de pelota y presión alta. Elementos que influyeron notoriamente en su actuación mundialista.
¿Y México? Se la jugó ante los ingleses, hizo de arquero Pickford la gran figura, pero dos desatenciones defensivas en dos minutos los dejaron fuera del Mundial.
Cierto es que la discusión no se acabará ni tras este Mundial ni tras los próximos 30 que se realicen. Pero no deja de ser un buen ejercicio exponer razones y argumentos sobre lo deseable en una competición.
Para eso son los mundiales…
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







