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El proceso equivocado

Más allá de lo que se pueda opinar en cada caso, esto refleja una realidad en el fútbol de hoy: para jugar un Mundial con afanes realmente competitivos, los entrenadores no se fijan en los procesos de selección. Simplemente llaman a los jugadores que están en su máximo nivel y ojalá actuando en las mejores ligas.
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Sergio Gilbert29 de junio, 2026


Yassir Sabiri no está en el Mundial 2026. El delantero que juega en el Stade Rennes de Francia, hace muy poco, en octubre del año pasado, vino al Estadio Nacional de Santiago, se llenó de gloria al marcar los dos goles que le dieron a su selección, Marruecos, el título mundial Sub 20 ante Argentina.

Sabiri, quizás como un reconocimiento, fue nominado por el DT Mohamed Ouahbi al equipo adulto que se preparaba para la Copa del Mundo a poco del comienzo de la justa. Pero, finalmente, el “héroe” de la Sub 20 fue descartado porque, para el entrenador, en verdad, Sabiri no tenía mucho que hacer ante otras opciones ofensivas como Brahim Diaz, Bilel El Khanousso o Ismael Saibari.

Marcelo Bielsa, en tanto, fue mucho más allá. El ahora vilipendiado entrenador de la selección uruguaya derechamente desechó como opción en su lista mundialista a los campeones Sub 20 de 2023. Para el rosarino, ninguno de los futbolistas de aquella plantilla estaba a la altura de las exigencias. De las suyas y de la Copa.

Más allá de lo que se pueda opinar en cada caso, esto refleja una realidad en el fútbol de hoy: para jugar un Mundial con afanes realmente competitivos, los entrenadores no se fijan en los procesos de selección. Simplemente llaman a los jugadores que están en su máximo nivel y ojalá actuando en las mejores ligas.

Lo demás, es cuento.

Dick Advocaat, el veterano DT que dirigió a Curazao en esta Copa del Mundo, demostró que este es el principio. El entrenador no se hizo parte de plan alguno, no fue a preguntarle a los colegas qué jugador había hecho el camino perfecto de las selecciones menores. Para armar su plantel, Advocaat miró y eligió jugadores con presencia en ligas foráneas, en especial en Países Bajos, y con ello se presentó en la Copa del Mundo. Y aunque fue arrollado por los alemanes, Curazao estuvo lejos de ser la peor selección del Mundial (título que se pelean Qatar, Uzbekistán, Túnez e Irak).

Por ello es incomprensible que en Chile se siga con la cantinela de que la Roja, para volver a ser una escuadra potente, debe forjarse en sus equipos nacionales menores. O sea, que la Sub 17 y la Sub 20 deben ser algo así como los que sientan las bases.

No. Ese no es el camino.Las selecciones juveniles solo tienen una misión: competir en sus propios niveles.

La labor formativa, empero, es de exclusiva responsabilidad de los clubes, que son los llamados a generar los jugadores para que puedan acceder a ligas más competitivas y se conviertan luego, por derivación, en buenos elementos para la selección adulta.

Es así como se genera el proceso. No nos equivoquemos.

Ningún equipo de alta competividad que está hoy en el Mundial exhibe como cartel el ser fruto de procesos. Ni siquiera Inglaterra que fue campeón mundial Sub 20 en 2017 tiene jugadores de esa camada como base. Thomas Tuchel no pescó ese antecedente.

Ni tampoco Ecuador, porque su equipo mundialista no es el resultado de un proceso federativo, sino que esencialmente de uno de sus clubes: Independiente del Valle (Pacho, Caicedo e Hincapié son los ejemplos).

Por eso, aprendamos. Cambiemos el foco. Si no, seguiremos lejos del mundo (y de los mundiales).
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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