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Casas de Apuestas: En ese juego, están todos expulsados

En Chile las apuestas están prohibidas. Son ilegales, constituyen delito. Sin embargo, siguen apareciendo. Peor: figuras del fútbol siguen promoviéndolas, lo que es un contrasentido, pues a estos ídolos se les supone un rol de dignos de imitación. Y se supone que ellos no están disponibles para incitar a niños y jóvenes a transitar por los caminos de la ludopatía, una de las adicciones más peligrosas que existen en el mundo del vicio.
MACARENA PÉREZ
Edgardo Marín25 de noviembre, 2025
En todo orden de cosas hay gente que no entiende lo que le dicen, aunque esté dicho con total claridad. Unos no entienden porque son tontos, otros porque se hacen los tontos y otros porque no quieren. Nunca falta alguien así. No se trata solamente de personas, también hay instituciones que no entienden.

Un caso muy claro: las casas de apuestas en línea. No hay caso, no entienden nunca. Porque no quieren. Ya en septiembre la Corte Suprema, acogiendo un recurso de la Lotería de Concepción, dictaminó que las apuestas en línea son ilegales y que las empresas de telecomunicaciones deben bloquearlas. Eso fue el 29 de septiembre, y esta semana, el 19 de noviembre, la Corte de Apelaciones dio plazo de 5 días a estas empresas para informar del cumplimiento del bloqueo.

No es fácil el control de estas casas. Su propiedad se pierde en una espesa trama que suele terminar en intensos recorridos internacionales. El Servicio de Impuestos Internos ha intentado perseguir responsabilidades tributarias que terminan en caza de fantasmas, sociedades que pueden radicarse en Malta o en Curazao o bien ocultarse detrás de abogados que recurren al “secreto profesional” para no entregar información. Y son poderosas: declaran, ellas mismas, que mueven alrededor de 3 mil millones de dólares anualmente en Chile. ¡Siendo ilegales! Es monstruoso.

La pregunta cae de cajón: ¿la autoridad administrativa del país no fiscaliza lo que está declarado ilegal? Uno ve a diario la actuación de la autoridad frente a “los toldos azules” en el barrio Meiggs, pero ninguna acción en esta área. Es inadmisible, además de curioso.

En otra época la actuación de los gobernantes era muy directa, y muy contraria, a las apuestas, fuertemente perseguidas. Ya en 1818 don Bernardo O´Higgins decretó la prohibición total de los juegos de azar. “Son ya repetidas las quejas que se me han dado sobre el desorden con que se permiten los juegos de envite (apuesta)en varias casas particulares, i aun en los cafees públicos)”, se justificaba la medida, detallando que del juego “resulta la ruina de varias familias”.

El asunto no es nuevo. Ya antes de don Bernardo lo había hecho don Ambrosio. Y antes, don Pedro de Valdivia, que junto con sus caballos y corazas trajo también sus naipes y dados.

Y antes de don Pedro, los mapuches también apostaban objetos y animales en el juego de la chueca: “se ganan unos a otros, camisetas, perros, caballos, plata…” (“Grito y plata”: Memoria para optar al título de periodista de Nicolás Rojas Inostroza)

La historia del juego y las apuestas se hunde en las profundidades de la historia.

Hoy, en Chile, las apuestas están también prohibidas. Son ilegales, constituyen delito. Sin embargo, siguen apareciendo. Peor: figuras del fútbol siguen promoviéndolas, lo que es un contrasentido, pues a estos ídolos se les supone un rol de dignos de imitación. Y se supone que ellos no están disponibles para incitar a niños y jóvenes a transitar por los caminos de la ludopatía, una de las adicciones más peligrosas que existen en el mundo del vicio. Pero las glorias de nuestros fútbol, algunos de la Generación Dorada, espoleados por sus influyentes representantes, son auspiciadores de las casas de apuestas.

No es todo: el juego es un camino que usan con facilidad los lavadores de sucio. Y pueden acceder a las apuestas en línea niños y adolescentes, lo que no está permitido en los hipódromos, por ejemplo. Las cosas eran más claras cuando estaba don Bernardo al mando.

Edgardo Marín

es periodista egresado de la Universidad Católica, donde estudió a la par de su trabajo periodístico. Ha sido reportero y comentarista en diarios, revistas, radios y canales de televisión, además de investigador y autor de libros de historia del fútbol. Premio Nacional de Periodismo de Deportes 1993.

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