Carlos Carvajal, el maratonista que emulaba a Bikila
Diagnosticado de asma crónica nunca hizo deporte hasta que llegó a la universidad. Terminó siendo récord nacional de maratón. Correr descalzo era su fascinación. El atletismo le permitió escapar a los apremios de la dictadura.
El atletismo y la política se cruzaron con fuerza en la vida de Carlos Danton Carvajal Barahona en 1973. “Mi papá era dirigente social, mi tía secretaria del Partido Comunista en mi pueblo y los más jóvenes participábamos en la Juventudes comunistas y cuando vino el golpe se llevaron a gran parte de mi familia (…) El día 17 (septiembre, 1973) me detuvieron y me acusaron de extremista peligroso, estuve preso en Rancagua como cuatro meses y después me relegaron a Peumo, con firma semanal. Mi mamá fue averiguar a la Universidad (Técnica del Estado), donde había entrado a estudiar pedagogía en castellano y me habían echado, pero ella hizo las gestiones con una decana para que me reintegraran, con el compromiso que no me iba a meter más en política”, expone el exfondista que dejó huella en los 70 y 80.
Por esos mismos días Carvajal se obnubilaba con el atletismo. “Nunca hice educación física en el colegio, cuando niño me diagnosticaron asma crónica y quedaba eximido, pero en la U pedían créditos deportivos y me dijeron que atletismo era lo más fácil. Me metí ahí y nada que ver, era durísimo, pero me agradó y tenía condiciones. Empecé corriendo 800 y 1500 metros, mi entrenador (Luis Chávez) nunca quiso que corriera fondo, pero yo tenía el maratón en la cabeza, sobre todo desde que vi ganar a José Ramírez en el Estadio Nacional (Sudamericano 1974), esa imagen me marcó. Con los años pasé a 5 mil y 10 mil, logré registros de 14.13 y 29.21, que en ese tiempo eran buenos, pero ahora son marcas de mujeres a nivel mundial, me da un poco de vergüenza”, se sincera.
Mientras el peumino comenzaba a despuntar, su padre desde la clandestinidad se atrevía a asomarse a algún evento atlético. Encubierto en del medio del público, era la única forma de acercarse a su retoño. En 1977 el atleta logró clasificar a San Silvestre en Sao Paulo. El problema es que seguía con firma semanal y no podía salir del país. “El rector de la UTE era militar y se sentía orgulloso de mí, porque la U me había formado como atleta, y con eso rompía el mito que la universidad entierra a los deportistas. Gracias a una carta suya logré mi libertad definitiva”. Al año siguiente se sacó el empacho y debutó en el maratón. “Participé en uno que se hacía de Santiago a San Bernardo, ida y vuelta, salí tercero, pero lo sufrí, no estaba preparado mentalmente”, dice.
“NO HAY PISTEROS”
Tiempos donde el maratón en Chile corría rápido y sin excusas. “Hoy el país no tiene buenos maratonistas porque corren solo en la calle, la prueba de 10 mil ahora no existe, no hay buenos pisteros, antes los buenos maratonistas todos venían de la pista. En esa época se trabajaba mucho la técnica, hoy los planes vienen en un papel, pero la posición de la cadera, brazos, cabeza, levantamiento de rodillas, son clave, y eso lo debe corregir un entrenador en la pista misma, presente. En mi caso me corrigieron bastante mi técnica, porque era medio ‘bruteque’ para correr, aunque yo siempre fui arisco y distante, porque los fondistas en general son todos introvertidos, pero me dejaba entrenar”.
“¿Mi fortaleza? No tenía miedo de perder, esa era mi virtud. Antes no eran más de 70 los maratonistas, pero eran todos buenos. Me gustaba salir al frente, a veces trazaba una táctica, pero me comían las ansias y no me podía contener, igual salía con todo adelante. Por lo bruto también corría a pata pelada. Fíjese que usé ojotas hasta los 14 años más o menos, una vez mi abuela me compró zapatos y me duraron como 10 años, fui hasta la Universidad con ellos, me los dio para que ‘pareciera persona’, me dijo. En varias carreras corrí descalzo, mucha gente se admiraba, pero para mí no era nada del otro mundo, tenía como una suela natural bajo el pie, me acomodaba, además que admiraba a (Abebe) Bikila desde que ganó Roma 1960. Como en las pruebas oficiales los jueces obligaban a partir con la indumentaria, salía con zapatillas y a los pocos kilómetros me las sacaba”.
En los Juegos Odesur de 1982 en Santa Fe, Argentina, Carvajal logró el bronce en el maratón y dejó su sello. “Ese día el chileno me impactó que se descalzara en plena carrera, yo iba peleando con él el tercer lugar, pero tras dejar el calzado me sacó mucha diferencia. Al llegar a la meta me impresionó verle los pies destruidos, ampollados. Me quedó muy grabado y hasta el día de hoy se lo cuento a mis alumnos”, dice el trasandino Carlos Orué, cuarto hace 38 años.
En 1982 Carvajal se ubicó en la cima de los maratonistas nacionales al correr la prueba en 2h14.02 (Santiago), superando el registro vigente de Edmundo Warnke. “Metía un volumen entre 220 y 240 km. por semana, pesaba 52 kilos, era un palo, pero lo que hacía distinto era que una vez al mes corría 60 km. de una sola tirada, eso me daba seguridad”. La misma que tuvo para competir en el Mundial en Helsinki (1983), donde llegó 51°.
Siempre he pensado que los buenos maratonistas salen del sur, el que tiene potencial es muchacho (Hugo) Catrileo. ¿Carlos Díaz? Tiene grandes marcas, pero por su forma de correr lo veo un poco forzado para pasar al maratón
Hasta 1987 sumó un derrotero de 23 maratones, pero una condromalacia lo invitó al retiro anticipado. Omar Aguilar le arrebató el registro local en 1987. “A Omar lo conocí jovencito, en una carrera en 1980 en Punta Arenas, era agresivo para correr, nos parecíamos”.
Carvajal fue declarado Hijo Ilustre de Peumo y dedicó su vida a la docencia. Su carrera más empinada asomó, ya retirado de las pistas, en 2013: un agresivo cáncer lo puso de rodillas y una depresión hizo el resto. Pero decidió luchar. Ocupó su mente en investigar y escribir. Lleva publicados cuatro libros dedicados a la etnografía. Hoy con 65 años sigue sus rutinas de trote. El atletismo todavía le apasiona. “Me encanta, pero no miro muchas fotos, mis hijos me dicen que me pongo llorón”, advierte.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







