¿Por qué los chilenos no figuran en los Juegos Olímpicos de Invierno?
Ni la larga cordillera, ni los centros de esquí de primer nivel. Los deportistas nacionales siguen muy lejos de las potencias mundiales. Falta de recursos, menos oportunidades y hasta razones geográficas explican el abismo. “La diferencia está en la estructura y la masa crítica de deportistas”, evalúa Thomas Grob, el mejor chileno en la historia olímpica invernal.
Son cerca de cuatro mil kilómetros de montaña. Más de una docena de centros invernales, varios de los cuales tienen instalaciones de lujo que atraen a los mejores esquiadores del mundo durante el invierno meridional.
A pesar de todo eso, Chile está lejos de competir con las potencias mundiales en los Juegos Olímpicos de Invierno. Y todo Sudamérica, en realidad. Argentina, que en las citas de verano discute medallas y también cuenta con importantes centros de esquí, tampoco tiene cómo competir contra Estados Unidos y los europeos.
Cero medallas, dice categórica la historia. Nunca un latinoamericano ha ganado una presea en JJ.OO. invernales. Ni siquiera ha estado cerca.
“La diferencia está en el nivel de estructura y de recursos con la que se abordan los deportes de invierno. Sin duda que hay una mejoría en Chile gracias a la gestión de la federación, el Ministerio del Deporte y el Comité Olímpico, pero estamos muy lejos de las potencias en todo sentido”, analiza Thomas Grob, 11º en Nagano 1998, el mejor resultado conseguido por un chileno en unos Juegos Olímpicos de Invierno.

Dominique Ohaco estuvo cerca de avanzar a la final en el Big Air. Es la chilena que se ubica más cerca de las potencias de los deportes invernales. Foto: France Presse.
“Hay toda una cultura de montaña en algunas potencias. Ellos viven en torno al esquí. Chile, por ejemplo, no tiene centros poblados en las montañas, salvo pequeñas excepciones, mientras que en Europa o Estados Unidos hay colegios, ciudades y de todo alrededor de los centros de esquí. La gente vive allí durante todo el año, lo que obviamente permite tener una mayor cultura deportiva”, opina a su vez Cristián Anguita, exseleccionado nacional e instructor de varios clubes.
No tenemos pueblos en los centros de esquí. En Europa sí, y tienen colegios, ciudades, de todo. Están todo el año vinculados a la montañaCristián Anguitaexesquiador y técnico
“Lo que nos separa de las potencias es que ellos son profesionales. Viven del deporte y nosotros no podemos hacerlo, hay que compatibilizar los estudios con el esquí y eso es muy difícil. Cuando yo entrenaba no me quedaba ni un minuto libre, porque entrenaba esquí, la parte física, veía videos de mis bajadas y ya era la hora de comer. No entiendo cómo Henrik von Appen puede ser esquiador olímpico y estudiar Ingeniería en la Universidad de Chile. Es muy seco”, aporta Noelle Barahona, esquiadora que compitió en cuatro Juegos Olímpicos.
Según los especialistas, la brecha se ha ido estrechando, pero aún no es suficiente.
“Yo creo que hemos tenido una evolución positiva. Tenemos a Henrik (von Appen) que está ahí bastante cerca de los mejores del mundo, haciendo muy buenas carreras en un nivel que es difícil de alcanzar, veo evolución positiva en algunos casos puntuales”, destaca Anguita.
“Hay mucho sacrificio personal, lo que ha hecho Henrik von Appen y Dominique Ohaco es muy destacable y por eso están donde están, pero falta mucho camino por recorrer. Hoy, casi la totalidad de nuestros seleccionados combinan el deporte de alto rendimiento con estudios universitarios, lo que no ocurre en las potencias, donde los esquiadores hacen del deporte una profesión”, retoma Grob.
“La masa crítica de deportistas en Austria, Noruega, Suecia, es mucho mayor que la nuestra, más allá de que sí hay centros de alto nivel en nuestra cordillera, pero hay que hacer la diferencia entre el desarrollo turístico y tener deportistas dispuestos a hacer sacrificios ya a nivel adulto”, añade.
Concuerda con él Cristián Anguita, también formador de esquiadores en la Universidad Católica y en La Parva hasta hace unos años. “Hay un fenómeno cultural, incluso ellos tienen inviernos más largos y mucha más gente se dedica al esquí y a todos los deportes de invierno, porque viven en los centros invernales”, expone.
Noelle Barahona precisa un punto clave: la temporada de esquí en Sudamérica dura apenas un par de meses y quienes buscan competencia real tienen que emigrar al menos por medio año al Hemisferio Norte, que concentra la mayor cantidad de competencias.
Después de cuatro años viajando solamente con el entrenador, era difícil encontrar temas de conversación. Es muy difícil pasar tanto tiempo fuera de casa y ni siquiera ser recompensadoNoelle Barahonaexesquiadora olímpica
“Si no vas a Estados Unidos y solo te concentras en Europa, son tres meses allá, viajando de competencia en competencia. El italiano, el noruego, el esloveno pueden ir a su casa entre cada prueba, dormir en su cama, ver a su familia, a sus mascotas, a lavar su ropa, qué se yo. Nosotros con suerte vamos al hotel a hacer la maleta. Y una maleta gigante que tiene que durar tres meses, no una semana”, dice Barahona.

Henrik von Appen estudió Ingeniería en la Universidad de Chile, lo que compatibilizó con su carrera deportiva. Su caso se repite en prácticamente toda la selección. Foto: France Presse.
“Además, a los europeos les pagan por eso. A nosotros nada. Quizás es la mejor pega del mundo, pero no tienes cómo financiar tu vida, a diferencia de los mejores. En mi caso, además, viajaba sola los últimos cuatro años, solo hablaba con Maui (Gayme), mi entrenador. Veo a los noruegos en grupos de cuatro y pienso ‘qué lindo habría sido tener compañeras, por último para jugar cartas, salir a pasear, conversar…”, añade la hoy crossfitera.
MÁS RECURSOS Y GESTIÓN
¿Recetas? Claro que hay, y están precisamente en aquellos países que han ido acercándose a aquellos que dominan el medallero una y otra vez.
“Está el ejemplo de Nueva Zelandia, que tiene un programa súper interesante de freestyle y está consiguiendo buenos resultados. Habría que estudiar qué hizo y tratar de replicar algo parecido, adaptado a nuestra realidad. Tenemos la infraestructura y las condiciones, así que podríamos tener buenos resultados con proyectos a mediano y largo plazo”, estima Grob.
“El esquí en Chile sigue siendo un deporte pequeñito, sin muchos recursos. Como en todos los deportes, es importante aumentar el apoyo y, sobre todo, aumentar la masa de gente que puede acceder”, apoya Anguita.
Precisamente el apoyo económico es el punto que destaca Noelle Barahona, quien alcanzó a recibir Proddar en su carrera (“agradezco mucho el aporte, pero no me alcanzaba para mi deporte y menos para vivir de él”, dice), como pilar de un desarrollo mayor.
“En Argentina, las compañías de teléfonos dan el 1% al deporte de alto rendimiento. Aquí se podría hacer algo parecido, hay muchas mentes brillantes que podrían ayudar a resolver el problema. Tenemos la infraestructura, la nieve, los centros de esquí son súper buenos. Creo que si Henrik von Appen recibiera el apoyo que le dan a los noruegos, por ejemplo, estaría peleando podios olímpicos”, asegura.
Por ahora, eso sigue siendo una quimera.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







