Santiago de Chile.   Jue 02-04-2026
23:54

El fútbol chileno despide a uno de sus grandes personajes, el “Pititore” Cabrera

Goleador de Primera División en 1981 y 1982, campeón del ascenso con San Luis y de la Copa Chile con Colo Colo, el ariete que celebraba con una acrobacia y que siempre tenía una buena historia para compartir murió a los 68 años en Quillota.
Foto: Tomás Fernández
Andrés Solervicens02 de abril, 2026
Quillota de luto, llora el balompié nacional. A los 68 años de edad murió Víctor Hugo Cabrera, el “Pititore”.

Llevaba cuatro días sin asistir a la escuela de fútbol municipal en que impartía sus enseñanzas y lo fueron a buscar a su casa: el goleador del campeonato chileno en 1981 y 1984 fue hallado en el suelo, sin vida.

Centrodelantero de raza, lenguaraz, de pelo enmarañado y mucho desplante, se hizo famoso con San Luis de Quillota en 1980 en una santa trinidad con Patricio Yáñez y José “Pindinga” Muñoz a los costados.

Al conjunto “canario” llegó gracias al ojeador Eduardo “Punto” Silva, que lo fue a buscar a La Calera luego de verlo despuntar en el club amateur Colo Colo de Las Cabritas. No pasó por inferiores; él mismo decía que jugaba porque era bueno para la pelota y lo pasaba bien.
Dueño de un olfato desarrollado, un oportunismo letal y una gran condición atlética, su imagen celebrando tantos con su típico doble salto mortal y la camiseta auspiciada por Conservas Centauro forma parte de la memoria colectiva del fútbol chileno de los años 80.

“Era una gran persona, generosa. Era el mejor de nuestra generación, futbolísticamente hablando”, lo recordó el “Pato” Yañez en radio Agricultura.

Luego de subir a Primera y volver a bajar con San Luis (campaña en que igualmente fue uno de los tres máximos anotadores de Primera junto a Carlos Caszely y Luis Marcoleta), Cabrera emigró a Regional Atacama. En 1984 marcó 18 goles para ser otra vez el “pichichi” y despertó el apetito de Colo Colo, que se lo llevó en 1985, año en que ganó la Copa Chile.

“Muchos entrenadores y futbolistas que compartieron con él coinciden que tenía las condiciones para jugar en el extranjero, pero nunca pudo superar su condición de indisciplinado. Por su origen humilde siempre trató de vivir al límite y después no supo convivir con la fama”, acota Gonzalo Valero, que escribió el libro biográfico “El acróbata del gol”.

"Pititore" con la tribuna popular del Municipal de Quillota de fondo, la que hoy lleva su nombre. Foto: Archivo LUN


Fue en la víspera de ese traspaso al Cacique que “Piti” protagonizó una de las historias más hilarantes del balompié nacional, esa en que su entrenador, Hernán Godoy, fue a buscarlo enfurecido a la casa: lo sorprendió en una fiesta con alcohol y psicotrópicos, cuando debía estar recuperándose de una lesión. Cabrera, en las nubes, conminó a “Clavito” a salir de su hogar, mientras su loro no paraba de lanzar insultos al entrenador con palabras que el mismo futbolista le había enseñado. Godoy, fuera de sus casillas, intentó lanzar el ave al baño, sin éxito.

“Era un niño en un cuerpo de adulto, alguien muy bromista y muy desprendido también”, describe Valero, quien agrega que Cabrera, buscando su última oportunidad de jugar afuera, viajó a España a finales de los 80 a tocar puertas en el balompié ibérico, pero al final el viaje terminó siendo una fiesta tras otra, “y ahí se gastó todo lo que le quedaba de su mejor época”.

Esa historia y muchas, muchísimas más, afloraban en el discurso de Cabrera en sus últimas décadas de trajinada vida. Después de jugar en Everton, La Calera, Concepción y La Serena su destino estuvo íntimamente ligado a San Luis.

Su última figuración como jugador, de hecho, fue en la liguilla final de Tercera División de 1992. Anotó un descuento en la derrota 2-4 ante Ñublense que les dio el ascenso a Segunda a los chillanejos, con tan mala suerte que se lesionó la espalda al intentar su clásica pirueta.
Bueno para el fútbol, los garabatos y las anécdotas, Cabrera dejó como recuerdo goles, acrobacias y risas. “Quiso Dios hacer de un salvaje, un futbolista”, bromeaba “Punto” Silva, su descubridor.

Se espera un funeral masivo en la ciudad en que se hizo un nombre defendiendo con ahínco la polera amarilla, y en que fue idolatrado al punto que la tribuna popular del estadio municipal lleva su nombre, aunque, irónicamente para alguien que tuvo tantos aplausos y amigos, murió completamente solo.

Andrés Solervicens

es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, trabaja desde 2000 en "El Mercurio". Fue enviado especial del diario a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Río de Janeiro 2016, así como a Juegos Panamericanos, Grand Slams de tenis y fechas del Mundial de Rally, entre otros.

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