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La intensa vida del boxeador Marvin Hagler, el campeón más rudo de los ochenta

El boxeo acaba de perder a uno de sus grandes: Marvin “Maravilla” Hagler falleció a los 66 años en su casa en New Hampshire. Reconocido como uno de los mejores pugilistas de la historia, dominó los pesos medianos por siete años consecutivos. Su endemoniado estilo ofensivo dejó peleas memorables, para luego del retiro dar paso una vida de película: el estadounidense se dedicó a ser actor de cine en Italia.
Foto: AP
Diego Aguirre Diez15 de marzo, 2021
Para los amantes del boxeo, la década de los ochenta fue una época dorada. Y en eso mucho tuvo que ver Marvin Hagler. El estadounidense marcó pauta sobre el cuadrilátero durante los años en que también se lucieron Ray Leonard, Thomas Hearns y Roberto Durán. Un grupo de talentosos boxeadores que rápidamente apodaron como los “cuatro fantásticos”. Hagler, en todo caso, brilló con luz propia.

Su apariencia, así como sus golpes, era temible: musculoso, su contextura física lo hacía ver duro como una roca. Cabeza rapada, bigote. Medpía 1,77 metros y tenía unos brazos tan largos que parecía que tocaban el suelo.

El aspecto rudo del púgil se fue puliendo con los años. Partió en Newark, Nueva Jersey. Allí nació Hagler (1954), en un ambiente hostil que estalló cuando tenía trece años: en el verano de 1967, la ciudad vivió uno de los disturbios raciales más sangrientos de su historia: en menos de una semana murieron una treintena de personas.

Ahí se forjó el futuro campeón. Junto a su madre, cinco hermanos y un padre ausente, en su ciudad natal aprendió a respirar violencia y a aguantar a los matones del barrio. “Tenía que defenderme con palos, ladrillos, botellas, cualquier cosa que pillaba. Era sobrevivir. Mi madre me decía que no podía volver a casa llorando”, dijo Hagler cuando el éxito, la fama y el dinero habían cambiado su vida.


Abril de 1985, en Las Vegas. Hagler y Hearms pelean por el título mundial de los pesos medianos y dan un espectáculo: el primer round de ese combate es catalogado como uno de los mejores asaltos de la historia. Foto: AP


Escaparon a Brockton, Massachusetts, luego que la casa de los Hagler fuera incendiada. Empezaron una nueva vida. En plena calle, el joven Hagler vio un póster de Floyd Patterson, un boxeador afroamericano que brilló en los 50 y que llegó a ser campeón mundial de peso pesado. Lo arrancó de la pared para pegarlo en su pieza. “Veía la imagen y me decía que iba a ser como él, que me iba a comprar una casa”, recordó años atrás la madre de Hagler.

En 1969, con 15 años, el adolescente se puso los guantes por primera vez. Conoció a los hermanos Goody y Pat Petronelli, dos entrenadores que presumían haber sido amigos del mítico Rocky Marciano. Hagler se tomó el deporte en serio y dejó el colegio. Entrenaba de noche y trabajaba de día, en una empresa constructora que poseían los Petronelli. Ganaba tres dólares diarios.

Cuatro años como aficionado le bastaron para dar el salto al profesionalismo: a los 19 años inició su carrera rentada con una victoria en el gimnasio de la escuela de su ciudad. De ahí en más fueron 46 victorias, dos derrotas y un empate, hasta que en 1979 peleó por primera vez por el título mundial de peso mediano: no pudo arrebatarle la corona al italiano Vito Antuofermo luego de que los jueces declararan igualdad en puntos. Un pequeño traspié en el inicio de una carrera fabulosa.

Al año siguiente, Hagler tuvo revancha y se enfrentó al británico Alan Minter, en el Wembley Arena de Londres repleto de fanáticos, hambrientos por ver celebrar a su ídolo. El estadounidense solo necesitó de tres asaltos para machacar a Minter y quedarse, por primera vez, con el cinturón de campeón del mundo. Con las rodillas en la lona y los brazos al cielo, Hagler alcanzó a festejar poco más de cinco segundos antes que los furiosos espectadores ingleses comenzaran a lanzar botellas y objetos al cuadrilátero.

“Maravilla”, como apodaron al norteamericano, tuvo que ser cubierto por su staff técnico y correr a los vestuarios. “Fue el mejor triunfo de mi vida”, confesaría el púgil.


en 1987, "Maravilla" fue despojado del cinturón planetario y perdió por un fallo dividido que le dio la victoria a Sugar Ray Leonard. Fue la última pelea de Hagler. Foto: AP


En 1983, otra batalla por el título planetario para el recuerdo: el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán resistió quince asaltos en el Caesars Palace de Las Vegas, y hasta el doce se mantuvo virtualmente como el ganador en la pelea frente a un Hagler irreconocible, aunque finalmente el estadounidense retendría el cinturón. De igual forma, el campeón, acostumbrado a mostrar un estilo ofensivo y asfixiante, fue criticado por su postura más bien defensiva.

Hagler se encargó de acallar las críticas de su pelea contra Durán: en 1985, en el mismo hotel del estado de Nevada, protagonizó una de las peleas más memorables de todos los tiempos. Fue ante su compatriota Thomas Hearns. “Maravilla” mostró su arsenal de ataque en un combate que duró solo tres rounds y que fue catalogado como “La Guerra”. Golpe tras golpe, sin pausas, el primer asalto de esa velada aún es recordado como el mejor round en la historia del boxeo.





Hagler tuvo casi siete años de reinado en los pesos medianos hasta que en 1987 se cruzó Ray Leonard. “Sugar”, como le decían, se defendió durante el combate y desgastó al boxeador más dominante del momento. Finalmente, Leonard se quedó con la corona en doce asaltos después de un fallo dividido que generó polémica por muchos años. Fue el último combate de Marvin “Maravilla” Hagler.

“No perdí. Fue injusto. Me retiré como campeón”, repetiría Hagler hasta el cansancio en varias entrevistas posteriores a su retiro. Nada opacó, en todo caso, su brillante carrera: en 1993 fue incorporado al Salón de la Fama del boxeo.


DEL RING A LA PANTALLA GRANDE


“Después de las peleas, los boxeadores terminan por volverse amigos”, reza el dicho que envuelve el mundo del boxeo. Hagler no era de esos. Para él, todo era personal y por años evitó cualquier encuentro trivial con alguno de sus exrivales. Enojado, así como se le veía en el ring, fue como llevó su vida fuera del cuadrilátero,

Se quejó de que no recibía la misma cantidad de dinero que sus contendientes de la época, y eso le trajo problemas con los fanáticos, que no veían con buenos ojos los lamentos de un deportista que, pese a todo, ganaba millones de dólares en premios.

Recién en la famosa pelea que protagonizó contra Hearns, en 1985, llegó su reivindicación en el mercado: se llevó más de diez millones de dólares y llovieron los contratos publicitarios.

Otro día de furia del púgil: en una oportunidad, en la víspera de un combate, se enojó tanto porque no lo presentaron ante el público con su sobrenombre, “Maravilla”, que al día siguiente hizo los trámites judiciales para incorporar oficialmente el apodo a su nombre.

Luego del retiro, Hagler tuvo una vida activa: aparte de grabar películas de cine, asistía a diferentes galas deportivas y también a veladas de boxeo. Foto: France Presse


Escupió rabia hasta el final. “Es un farsante. Ha estado protegido toda su vida. Además, si no se hubiera convertido en boxeador podría haber hecho otras cosas. ¿Yo? Yo no tenía a dónde ir '', le dijo a Leonard en 1987, antes del duelo que puso término a su carrera deportiva.

Luego del retiro, canalizó su ira, su fuerte temperamento y llevó su histrionismo al cine. Y en Italia, donde pasaba la mayor parte del tiempo junto a su esposa. Grabó y fue protagonista en cuatro películas.

“El cine no es real. Es falso, una fantasía. Puedes morirte en una película y volver a actuar en la siguiente. Lo vivo igual a como viví el boxeo", comentó hace dos años, sin disimular su deseo de volver a rodar.

El sueño de “Maravilla” de aparecer de nuevo en la pantalla grande no pudo ser: el domingo pasado, a los 66 años, Hagler falleció de manera repentina en su casa en New Hampshire por razones que aún se desconocen. “Se fue con una sonrisa en su rostro”, confesó Kay, la esposa del boxeador más rudo de los ochenta.
Diego Aguirre Diez

es periodista de Deportes El Mercurio desde 2016, especialista en el área polideportiva, cubriendo tenis, golf, rugby, atletismo, básquetbol, entre otras disciplinas.

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