Tendencia perversa: los clubes que juegan copas internacionales terminan sufriendo con el descenso
En las últimas ocho temporadas, siete equipos que perdieron la categoría y otros tantos que sufrieron el riesgo de caer a Primera B, enfrentaron en el mismo año certámenes de la Conmebol. O’Higgins, Coquimbo y U. Católica, dignos embajadores en las copas 2026, hoy no tienen una liga local apacible. Las prioridades, la cabeza de los jugadores, el desgaste y el presupuesto son algunos condimentos que encadenan el impacto. “El jugador no logra el mismo foco en el plano internacional y el local”, revelan los expertos.
El privilegio deportivo y económico de jugar torneos internacionales también tiene un lado oscuro para los clubes chilenos, según la tendencia que afloró en los últimos años, donde un alto porcentaje de los equipos que terminaron comprometidos con el descenso desfilaron en paralelo por torneos de la Conmebol.
El fenómeno, que se agiganta si se excluyen los tres clubes de mayor convocatoria, se refrenda en su dato duro: siete de las instituciones descendidas en los recientes ocho años se midieron en copas. El fantasma reflotó este 2026, porque las campañas continentales de U. Católica y Coquimbo Unido, ambos empinados hasta octavos de la Copa Libertadores, y O’Higgins, que completó 12 partidos entre Libertadores y Copa Sudamericana, les pegan hoy en sus objetivos en la Liga local. Los cruzados están a 16 puntos abajo del líder, los piratas están en 9ª plaza, lejos de defender de corona que ostentan, y los celestes están solo tres unidades por sobre la zona de descenso.
Tras vencer a la U. de Concepción a mitad de semana el técnico Hernán Caputto deslizó: “Hay un equipo que se va gastando y que es normal, porque está jugando partidos muy seguidos, aguantar el chaparrón como se dice (…) Hemos llegado a la final de la Copa de la Liga, y nos interesa ganarla, estamos en la otra fase de la Copa Chile, y en el torneo hay que subir peldaño a peldaño en la tabla, porque por lo que hace y merece el equipo puede estar más arriba”.
“No nos gusta vernos en el lugar donde estamos en la tabla de posiciones, pero el equipo está vivo. Históricamente los equipos chilenos que competían internacionalmente en el torneo local dejaban puntos en el camino, muchos se complicaron y hasta perdieron la categoría. Hoy lamentablemente estamos viviendo esa realidad, hemos dedicado mucha energía y atención a la Copa, hay que apuntar a repuntar, nos está costando en el foco y después estamos ligando poco también”, aseguró en ESPN Lucas Bovaglio, jefe técnico de los rancagüinos.
Otro caso es Audax Italiano, atorado por la permanencia (está un punto por sobre la zona roja), que también jugó siete duelos de la Copa Sudamericana, con traslados a Calama, Río de Janeiro, Buenos Aires y Asunción.
“Los más perjudicados son los equipos de los extremos y de provincia, lo padecimos el 2025, los traslados dentro de Chile ya son largos y extenuantes; además de la cuádruple competencia que tuvimos que afrontar: Copa Chile, Torneo Nacional, Copa Libertadores y Copa Sudamericana, es imposible competir de esa manera”, sincera Cesare Rossi, presidente del descendido Iquique.
“Los traslados eran demasiado complejos, falta de vuelos, faltas de conexión: ejemplo a Caracas había que viajar a Colombia, a Cuzco era muy complejo llegar. A eso hay que sumarle las suspensiones, lesiones para equipos que no tienen el presupuesto de los de Santiago, todo se complica aún más. Además que el jugador nacional no está acostumbrado a tanto partido tan seguido, se genera un desgaste y desmotivación y solo se concentran en los torneos de copa y el campeonato nacional lo juegan diferente. Ojo que el desgaste físico y mental es terrible. Ejemplo: Cobresal 2024, Iquique 2025”, profundiza el regente.
El 2024 si bien los descendidos no enfrentaron copas internacionales, los clubes ubicados entre el puesto 11° y 13°, -salvados por dos y tres puntos- partieron el año cruzando la aduana: Cobresal, Huachipato y La Calera. El trajín los desmembró.
“Es una tendencia real, sacando a los tres grandes, los clubes que juegan copas sufren con el descenso. Y si se mira de otra óptica, cuando un club ‘chico’ metió una buena campaña local coincide que no jugó ese año fase de grupos de alguna copa: Coquimbo campeón 2025, Huachipato y Cobresal –campeón y subcampeón- en 2023, Ñublense fue 2° el 2022; una excepción fue La Calera en el 2020, que salió 2° y llegó a octavos en la Sudamericana”, admite un director deportivo de la plaza.
Un club que rompe la inercia es Palestino, que lleva cuatro temporadas consecutivas trepando en copas –llegó a octavos 2024 y playoff de octavos 2025 en la Copa Sudamericana- y en paralelo fue capaz de sostener el frente local, ubicándose 4° (2023), 4° (2024) y 6° (2025) en la liga. Este año va 5° tras una Sudamerican agria. “El objetivo es claro en el club, antes de avanzar en una copa internacional la prioridad volver a clasificar, por eso jamás se descuida el torneo local. Hay que saber gestionar a los jugadores y al técnico, que siempre prefieren jugar copas y es lógico porque esos torneos tienen demasiadas luces en relación al campeonato. El club tiene una base de futbolistas jóvenes de casa que ya viene jugando copas todos los años, saben lo que es un viaje al exterior o jugar de visita en Brasil y Argentina, esa vivencia es clave”, revela un conocedor de la interna árabe.
“Es un tema de presupuesto primero”, aborda Marcelo Oyarzún , preparador físico que participó en la Copa Libertadores 1991. “Un club que accede a torneos recibe una gran cantidad de dólares que permiten los mejores viajes (chárter, hoteles, logística). Pero no aumentan sus presupuestos anuales de cantidad y calidad de jugadores, para enfrentar dos o tres competiciones. El jugador chileno es capaz de alcanzar buenos rendimientos en partidos a nivel internacional y no alcanzan a recuperarse para el nivel local, por viajes mal planificados, mal recuperados o falta de foco. He notado en los últimos años -post pandemia- que los jugadores no logran el mismo foco a nivel local e internacional. Mi diagnóstico es que estamos formando mal en el sentido de que no tomamos en cuenta el tema competitivo. He trabajado tres períodos en Argentina y ellos no entrenan mejor que en Chile, pero son animales competitivos, siempre juegan mejor de lo que entrenan”, profundiza.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.






