Santiago de Chile.   Vie 04-09-2026
17:35

La U ya perdió sus emblemas

Esta Universidad de Chile 2026, toda ella, en su conjunto, con Francisco Meneghini y Fernando Gago como entrenadores, ha carecido todo el año de un foco que la ilumine por una senda siquiera parecida a los fundamentos históricos de la U.
Foto: Photosport
Sergio Gilbert31 de agosto, 2026
Para empezar, hay que hacer una distinción cuando se habla de la actual crisis de Universidad de Chile: la mayor, la de verdad, es la que está radicada en los tribunales de justicia y que apunta no a la U como club, sino que a Azul Azul, la concesionaria que la administra y que deberá pagar —si así se determina— los costos de sus malhabidas prácticas.

Que uno de ellos sea, por ejemplo, que la casa de estudios decida romper su contrato de cesión de sus emblemas (el nombre es el mayor tesoro que le ha entregado) será una determinación que se tomará en su momento. Pero hay que decir que, para ahora sí hacer un link hacia la actual situación deportiva, la U ya exhibe una pérdida de sus símbolos más básicos.

Esta Universidad de Chile 2026, toda ella, en su conjunto, con Francisco Meneghini y Fernando Gago como entrenadores, ha carecido todo el año de un foco que la ilumine por una senda siquiera parecida a los fundamentos históricos de la U.¿Cuáles son ellos? No es difícil detectarlos. Los pasajes más potentes del equipo azul han tenido como base dos características: apego a idearios técnicos definidos y equilibrio entre racionalidad y pasión en la toma de decisiones.

Los paradigmas están a la vista: el Ballet Azul construido por Luis Álamos y el equipo ganador de la Copa Sudamericana 2011 de Jorge Sampaoli fueron exitosos y ganadores en la medida que tomaron estos principios y tuvieron la capacidad para asentarlos en sus equipos.

¿Qué ha pasado este año? Nada de ello.

El plantel de la U fue diseñado teniendo como eje no una idea táctica o un plan de juego general, sino que en base a percepciones, a apuestas, e incluso a obsesiones de la gerencia técnica (se contrataron tres números “9” a principios de año y tres volantes centrales durante 2026), denunciando así que no había un modelo que podría desplegarse en la cancha más allá de las obvias variantes. Por eso es que tanto Meneghini como Gago dieron y dan señales de que, más que imponer una propuesta, su trabajo fue y es intentar cuadrar el círculo, darle funcionamiento a una estructura con herramientas que no tiene y piezas que le sobran.

Ni uno ni otro escapó tampoco a la maldita tentación de buscar respuestas fundamentalmente emocionales cada vez que se sintieron superados. Nunca en las carencias ni en la poca claridad exhibida.

De ahí que la U, durante toda esta temporada, ha sido un equipo sinuoso, irregular. No desastroso, porque tiene talentos individuales (el más brillante, Eduardo Vargas) pero sí impredecible, poco sustancioso. En resumen, no confiable a la hora de anticipar resultados o proyectarlo en el corto plazo.

Es verdad que lo que ha vivido Universidad de Chile este año en la cancha está lejos, lejísimo de experiencias en la que estuvo al borde de un nuevo descenso. Nada que ver. Y también es cierto que ningún mal resultado siquiera equipara el putrefacto hedor que ha salido de las oficinas de Azul Azul.

Pero no es poco, y es algo que sí debe analizarse al interior del club y entre los verdaderos hinchas azules, el hecho de que la U haya dejado de lado sus símbolos más distintivos a la hora de entrar a la cancha. Ahí sí que se puede hablar de crisis.
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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