Santiago de Chile.   Sáb 29-08-2026
18:00

Fernando Díaz: “He tenido una buena carrera, pero no me gusta hablar mucho de mí; los chilenos lo encontramos altanero”

Después de unos pocos meses lejos del fútbol, el DT regresó para salvar a Concepción. Lo está logrando, aunque la ambición crece y crece. “Nano” aprovecha el éxito de la segunda rueda para repasar su campaña, explicar el episodio ‘Sepúlveda’ y hablar del futuro. “La carrera del técnico es complicada: si no ganas en un tiempo determinado, desapareces”, reflexiona.
Foto: Photosport
Raúl Neira29 de agosto, 2026
Cuando Fernando Díaz asumió la dirección técnica de Concepción, a fines de mayo, los lilas eran colistas del torneo con apenas 11 puntos en 13 partidos.

Un kamikaze.

“¿Por qué lo hice? Porque me gusta entrenar, es mi pasión. He dirigido equipos que han peleado arriba, otros que se arman desde el inicio para meterse en una copa, algunos que necesitan salir del fondo… Son situaciones que ya he vivido. Y en general me gusta estar en la competencia, probarme, sentir la adrenalina. Había visto a Concepción, a sus jugadores, entonces había un tiempo prudente como para dar vuelta a la situación”, detalla el entrenador de 64 años.

“Nano” suma más argumentos: “Asumí, porque es un equipo grande, con mucha trascendencia en el sur de Chile y en todo Chile en realidad, porque tiene mucha gente. Tanto así que en estos momentos, después de los grandes, viene Concepción en cuanto a asistencia… Pero creo que la pasión por dirigir fue clave”.

—Igual era jodido, peleaba abajo.

“Es cierto que los jugadores lo estaban pasando mal, no tenían un buen pasar, pero había visto a esos mismos jugadores haciendo muy buenos campeonatos. Tuve a Misael Dávila en Unión Española, a Diego Carrasco en Coquimbo Unido y a Mario Sandoval lo llevé a Unión. Había otros que siempre consideré interesantes como Ethan Espinoza, Matías Cavalleri, Joaquín Larrivey, Ariel Cáceres, el lateral derecho… Uno que me sorprendió fue Espinoza, importantísimo, que con 23 años puede llegar a alturas insospechadas por su capacidad de driblear y pasar rivales. Entonces uno dice, ‘mira, podemos girar si logramos convencer al plantel’. Son desafíos, sí, pero en algún momento di vuelta situaciones peores. Es un desafío importante cuando todos te dan por descendido o no te dan chance para pelear un campeonato. Y de repente te metiste arriba, o lograste pelear el campeonato o ir a copas, como pasó con Universidad de Concepción, con Ñublense. Son retos que los técnicos deben tener para ir probando su capacidad”.


—Usted se jugaba harto. Se juega harto.

“Por supuesto. Y hemos subido mucho, pero todavía no estamos fuera de todo riesgo. Sin embargo, la primera misión era y es darle una esperanza a la gente de Deportes Concepción y a la gente de Concepción. Primero salir del fondo, luego salir de zona de descenso, luego alejarse de la zona de descenso. Y al final, bueno, estamos en una situación un poco más holgada, pero con mucha humildad para seguir creciendo. Hubo un cambio drástico y muy rápido, sí, porque los jugadores están con una disposición absoluta a recuperar su nivel y a pasarla bien”.

—¿Se puede pasar bien luchando por salir del descenso?

“El jugador lo pasa mal cuando está peleando el descenso, lo pasa mal cuando pierde. Llega a la casa, está con la familia, pero por dentro tiene una espinita clavada por el orgullo del futbolista de estar en una mejor posición. Ahora estamos en otra parada, pero sabemos que el fútbol es veleidoso, que cambia de la noche a la mañana, y que hay que mantener mucho de lo que estamos haciendo, en cuanto a la parte táctica, y al espíritu y la convicción”.

—El inicio no fue fácil, le tocó ser insultado por su expupilo Nelson Sepúlveda.

“Uno siempre espera que las cosas funcionen como todos creen. Pero en la vida hay problemas a cada instante y el fútbol es como la vida. Ser entrenador implica tomar decisiones a cada instante, tener un liderazgo claro más allá de los problemas; que se noten los límites. Cuando se pasan los límites uno tiene que tomar decisiones, le guste a alguien o no”.

—Al final, con la salida de Sepúlveda quedó claro que mandaba usted.

“Llevo tanto tiempo dirigiendo que todos saben cómo actúo”.

—¿No pudo dar una segunda oportunidad?

“No, no. Hay situaciones y situaciones. Todo se pone en la balanza. Las situaciones que van pasando muchas veces se conocen, otras no. Me parece que en toda actividad debe haber disciplina y una cadena jerárquica que se debe respetar, siempre”.


—¿A Sepúlveda lo condenaron las cámaras, porque lo vio todo Chile, o si pasaba en un entrenamiento reaccionaba igual?

“Exactamente igual. Hay límites para todo. Los planteles, los jugadores de fútbol, conocen a los técnicos. Siempre debe existir una buena convivencia profesional, por supuesto, y ojalá un poco más, pero lo primero es ser profesional. Y para ser profesional se exige respeto. Esa es la base de poder llegar al éxito deportivo”.

—Punto alto en la campaña fue el 3-0 sobre la UC. Pero antes le habían ganado a O'Higgins, después a la U. de Concepción y Cobresal, de visita.

“Y antes habíamos ganado un partido fundamental a Limache, del local, porque era el momento de no quedar atrás. Luego vino la Copa Chile, que la tomamos con el afán de encontrar el equipo y darle un sello táctico, y para encontrar un once inicial que se ha venido repitiendo. Todos esos resultados hicieron cambiar de la noche a la mañana el ánimo de un plantel, la esperanza de un plantel y de una ciudad completa. No es lo mismo estar seis meses sin ganar que ganar partidos seguidos”.

—Y partidos pesados.

“Así es. Uno no se da cuenta cuando está adentro, tan imbuido en el rendimiento, en entrenar, jugar, en buscar una muy buena relación con el plantel, con la gente… Es el lado agradable y bonito, que no siempre es así. No sabemos qué va a pasar mañana, pero nos transformamos en un equipo competitivo”.


—Solo por diferencia de goles con Limache están fuera de zona de copas.

“Queda mucho. Uno mira para abajo y nos estamos despegando, pero no estamos zafados. Y de reojo miramos para arriba. Así es el fútbol. Si ganamos se abren muchas aristas, pero, insisto, lo más importante es que hay comunión en el plantel, estamos súper convencidos y hay muy buena disposición. Uno se ilusiona, uno sueña”.

Díaz va a completar 26 años con el buzo de DT. “He tenido una continuidad laboral importante en Primera División, con varias buenas y algunas malas, pero más de las buenas. La carrera del técnico es complicada: si no ganas en un tiempo determinado, desapareces, hay muchos técnicos que desaparecen. En este trayecto han ido variando los sistemas de entrenamiento, el lenguaje de la cancha, la alimentación… Lo importante es que el técnico, más que actualizarse, vaya mejorando”.

Y detalla: “Cambiaron los entrenamientos, por ejemplo; hay microciclos estructurados, pero también momentos de prácticas variadas. La relación con los jugadores también cambia, porque tú vas cambiando. Soy más grande, no tengo 38 años como cuando empecé: en ese momento era más cercano el jugador, ahora tengo que hablar más como papá o tío, para no echarme tantos años… Tienes que adaptarte, te tiene que gustar la música actual, porque la escuchas todo el día y tienes que hablar de eso. Hay cambios, algunos para bien, otros para mal. Nuestro fútbol está alicaído con respecto a años anteriores, es cosa de ver los planteles, los rendimientos en las copas internacionales y de la selección. Tenemos que recuperar el sitial que en algún momento tuvo el fútbol chileno”.

—Habló del tiempo que lleva dirigiendo. ¿Qué le falta a su carrera?

“Estoy súper contento con mi carrera, tengo campeonatos, finales, muchos equipos clasificando a copas, me han elegido varias veces el mejor… Estando en la cancha soy feliz. Ha sido una buena carrera, pero no me gusta hablar mucho de mí; los chilenos lo encontramos altanero, es mejor que te mande un currículo y lo publicas”.


—Pero no está mal reconocer lo conseguido.

“Sí, por eso digo que estoy contento. Tantos años dirigiendo significa que uno lo ha hecho bien. ¿Por qué no llegué a un equipo grande? No soy quien tiene que responder. Yo me preocupo de rendir, de sacar rendimiento; he tenido equipos con la mejor delantera, equipos con la mejor defensa, a veces más ofensivos, a veces menos y a veces más pragmáticos, porque también hay que sacar resultados en momentos difíciles. Ahora, en los últimos años, he ido evolucionando, con mucha dinámica en las transiciones. Hay variantes que sí son importantes en la carrera. Y estoy bastante conforme. Está todo en las estadísticas, no las quiero ni mostrar. Y son estadísticas buenas”.

—¿Siente que se encasilla mucho a un entrenador? Una campaña más bien pragmática y ya quedó como defensivo, aunque después muestre otra cosa.

“Claro. Recuerdo la U. de Concepción en 2003, con Jorge Valdivia, Jean Beausejour, equipo absolutamente ofensivo. Cobreloa finalista de 2004 fue un equipo sólido. Unión Española campeón en 2005 fue un equipo con mucho gol, Ñublense barría con todos… Estamos hablando de equipos que lograron cosas, que todos clasificaron a copas o pelearon un campeonato. Con Coquimbo clasificamos a torneos internacionales, alguna vez salvamos al ‘Chaguito’ Morning, a Coquimbo hace poco… Son varias”.

—Hoy está a un pasito de la Copa Sudamericana. ¿Esa es la ambición o hay más?

“Todo va fluyendo. Cuando el equipo está bien, empieza a jugar, está convencido y juega bien, gana. Y gana y gana. Es como cuando entras a un resort, ves palmeras, más palmeras y dices ‘mira, qué bonito’. Ganas y sales del descenso; ganas y ganas y ya se abre el apetito. Pero como somos grandes, también sabemos que algún día vamos a perder”.
Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

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