Guillermo Farré: “Me gusta el estilo de Bielsa, pero la realidad es que yo debo sacar resultados el fin de semana”
El técnico de Palestino escarba la capacidad de adaptarse a los contextos: “No me puedo encaprichar con jugar 4-3-3 y juego posicional”, advierte y reconoce influencias de ideas extremas: el ataque total y un mentor de equipos muy defensivos. Anotó el gol que mandó a River al descenso, y que le significó un telefonazo de Maradona y la idolatría eterna de la mitad de Córdoba. “Sé lo que siente el futbolista y sé cómo puedo ayudarlo, no lo trato como robot”, apunta.
En Córdoba, al menos en la mitad de la ciudad, a Guillermo Farré (45 años) lo adoran. El actual técnico de Palestino está en la historia más feliz de Belgrano, camiseta que defendió por una década (es el tercer jugador con más presencias en el historial) y con la cual anotó el gol que envió a River Plate al descenso en 2011, y de paso ascendió al “Pirata”. Existen hinchas que se literalmente se tatuaron al exvolante y hasta un libro (‘Mi propio camino’) publicó con su historia.
Ni Diego Maradona se resistió de llamarlo después del acierto en Núñez. “Es verdad, el Diego llamó al técnico y después habla con un jugador, íbamos en el colectivo (bus), y pide hablar con el que hizo el gol. me dice ‘fue el gol que más grité en mi vida hijo de puta’, yo como que no creía que era él. Después me dice ‘te lo juro por mis hijas y mis nietas’, él siempre decía eso, ahí me convencí. Después por intermedio de un amigo le envié un saludo y de vuelta me mandó un video, ‘Guille Farré te llevo en el corazón’ me decía. Nunca me animé a conocerlo, me quedé para siempre con esa angustia”, detalla Farré, que por esas cosas de vida creció como hincha de River, idolatrando a Enzo Francescoli.
“El chileno Salas era buenísimo en el equipo de Ramón Díaz que ganaba todo, pero después consumí mucho del Boca de Bianchi, incluso tuve pruebas en el club. ¿Un jugador chileno? Siento que (Jorge) Valdivia fue un futbolista fabuloso”, añade.
Farré habla del mercado chileno: “Muchos técnicos argentinos que vienen les va bien, allá es un caos, muy pasional, como que todo es vida o muerte, el segundo es fracaso, uno se acostumbra a la necesidad inmediata de resultados porque con tres partidos malos te echan; el fútbol chileno es más estructurado, son empresas de cierta forma, hay clubes con objetivos claros y muchos DT que pasan por aquí tienen una apertura al mercado latinoamericano”, justifica.
—¿Cómo se juega en Chile?
“Es fundamental entender eso rápido, yo sabía un poco por gente que conozco, jugué con el “Pepe” Rojas y dirigí a Matías Marín, Lautaro Pastrán, (Álex) Ibacache. Uno se tiene de adaptar a cómo se ve el fútbol aquí, allá es muy pasional y cuando quieres traer eso es como que te ponen un freno, acá se juega un poco más suelto, más abierto, un fútbol más vistoso, no tan friccionado. Hay que entenderlo porque uno quiere instalar ciertas cosas pero si el jugador no lo siente de manera natural termina siendo un peso. Ahí uno trata de sumar cosas entendiendo el proceso y los tiempos”.
—¿Prevalecen las transiciones u otra cosa?
“El juego de transiciones ha empezado a ser predominante porque equipos de menor jerarquía han empezado a tener resultados, a tal punto que el mayor ejemplo fue Coquimbo el año pasado, que estaba estructurado desde la parte defensiva, que recibió apenas 17 goles y en lo ofensivo siempre tenía chance de ganar con alguna pelota parada, con eso se dieron cuenta que cuando se trabaja desde el aspecto defensivo puedes ser más competitivo. Para el juego creativo necesitas otra característica de jugadores, variables infinitas de movimientos en ataque, resoluciones individuales de mitad hacia arriba, defensores que sepan jugar con 40 metros hacia atrás, es toda una construcción más compleja. Lo otro, por ahí con menos jerarquía obtienes más beneficio. Siento que el fútbol chileno, por más que se intenta jugar siempre, los partidos terminan en transiciones y muchas veces saca diferencia el que defiende mejor”.
—Desde que vino Bielsa aquí casi se acepta únicamente al que juega 4-3-3 y va al ataque. Da la impresión que otro tipo de DT, como sería Zielinski, campeón actual con Belgrano y que usted trabajó con él, acá le costaría entrar.
“Tengo mucha familiaridad con Marcelo, mi cuñado (Pablo Quiroga) trabaja hace 20 años con él, incluso estuve un mes en Leeds, sendo yo siendo jugador en Argentina fui en vacaciones, para ver toda esa cocina. El trabajo de él es netamente ofensivo, da millones de herramientas, Chile viene de una década donde los mejores equipos que han conseguido cosas fue con esa propuesta: la U de Sampaoli, después la selección, la U. Católica con Holan (…) Esa modalidad se lleva a cabo con un entrenamiento que es muy invasivo, que se trabaja mucho desde aspectos analíticos, que el jugador y la cultura chilena con el tiempo ha empezado a rechazar. Aquellos que podemos proponer ese estilo no somos Bielsa, él es único y por presencia impone respeto. Su metodología es fabulosa porque hace crecer al jugador desde lo individual, todos aquellos que somos discípulos terminamos copiando un estilo y mucho no llegan a implantarlo. Yo tengo esa mirada, pero también tengo la mirada del ‘Ruso’ Zielinski, que es la antítesis, con la estructura defensiva primero, y desde ahí uno forma su propio estilo. No quiero ser tanto como Zielinski, pero tampoco puedo ser como Bielsa porque es único. ¿El tiempo que tengo en Palestino me permite cambiar el chip a los jugadores para jugar como Bielsa o me debo adaptar la situación del club? Ahí es donde construyes el ideal, ¿qué jugadores tengo? ¿en qué partido puedo propone? ¿en cuáles me debo resguardar para no quedar expuesto?. Los que estamos en el medio construimos en base a los recursos que tenemos y ahí es donde la cabeza nuestra explota, ahí debemos tener versatilidad para llevar a cabo un proyecto".
"Me gusta el estilo de Bielsa, vértigo constante, presión mano a mano en toda la cancha, pero la realidad es que yo debo sacar resultados el fin de semana, y si yo le meto presión al jugador y lo inhibo con tanta información en vez de potenciarlo y en vez de beneficio genero rechazo”, añade.
—Adaptarse.
“Aquellos que todavía estamos en el proceso de instalarnos, sí. Cuando estemos instalados vamos a tener la posibilidad de traer los jugadores que siento deben estar, pero para eso debes tener certeza que los resultados te avalan (...) Soy muy respetuoso de los que te dan trabajo, y te diría que los objetivos casi siempre son dos: ganar y proyectar juveniles, todos quieren eso. Pero si vengo con una ideología y no tengo los jugadores para eso, y la quiero llevar a cabo igual porque me quiero mostrar, termino faltando el respeto a la institución que me contrata, hay que ser versátil. No puedo ser egoísta en pensar que solo quiero jugar un 4-3-3 y juego posicional, y no tengo los jugadores y aun así me encapricho de jugar así, me estoy vendiendo yo, pero no le doy beneficio a la institución, ahí yo siento que hay que adaptarse a los jugadores y tener la capacidad de hacerlos jugar de la mejor manera”.
“El ganar unifica estados de ánimo”, destaca Farré, “cuando se gana está contento el jugador, el técnico, los dirigentes, el futbolista está más abierto a una indicación o una mejora, todo fluye. En mi caso desde los 23 años hasta que me retiré fui capitán en los equipos que jugué, siempre he tenido la obligación de conducir grupos, ser ejemplo, intercambiar ideas con entrenadores, hablar con dirigents, pelear un premio, hablar delante del grupo. La pasión por el fútbol me moviliza, siento que le puedo llegar al jugador, sé lo que siente, le puedo hablar de igual a igual, le digo ‘estás sintiendo esto y te está complicando esto otro’, y le puedo proponer soluciones, no le hablo como si fueran robots, prefiero concientizar en vez imponer cosas”.
“En Palestino me encontré con un plantel de mucha experiencia. Hoy siento que el equipo está equilibrado, se puso sobre la mesa Ian Alegría, volvió Joe Ábrigo, llegó (Dylan) Glaby, Ronnie Fernández venía siendo suplentes y ahora tiene la posibilidad, la defensa está más estable, los titulares dan respuestas los suplentes resuelven los partidos, caso Gonzalo Tapia, que tiene 9 goles en mi proceso y antes había hecho uno en un año. Sabemos que para cumplir los objetivos debemos estar por sobre el 50% del rendimiento”, observa.
Farré se pronuncia sobre el Mundial. “Hicimos un prode y le aposté a Japón, es increíble su progreso, también me gustó Estados Unidos de Pochettino. Ganó España y ahora el juego posicional se vende en todos los lugares del mundo”, expone.
—¿Ese juego es cognitivamente más demandante?
“No es demandante, es más cómodo, pero tienes que tener jugadores muy inteligentes, es saber dónde está tu compañero sin tener que pensar, en el juego posicional a lo ancho y en profundidad siempre habrá un jugador, siempre habrá pases de apoyo para darle continuidad al juego, pero no solo es pase y recepción, también hay que ser resolutivo en tu posición, resolver a uno o dos toques, hacia dónde oriento mi perfil, por eso mientras más jerarquía mejor sale el juego posicional, en caso contrario quedas muy expuesto porque es un juego donde las líneas siempre están abiertas”.
“Son etapas”, profundiza Farré, “cuando el Barcelona de Guardiola ganaba todo apareció el Real Madrid de Mourinho, que creó un modelo para destruir ese juego; hoy muchos quieren ser posicionales, pero ninguno llega a plasmar aquello de Guardiola o Cruyff; percibo que una forma de neutralizar ese estilo es el duelo, jugar mano a mano, que puede ser hasta desordenado. Fabregas, del Como, dijo que siente que empieza a decaer un poco el juego posicional porque todos juegan mano a mano, por eso hay que buscar alternativas. Luis Enrique lo hizo cuando agarró Barcelona, empezó a jugar en la tenencia corta más atrás y rompió esquemas porque sentía que si dominaba muy arriba se le reducían los espacios, y Messi, Suárez y Neymar necesitaban metros para correr, entonces atraía y después jugaba en transiciones hacia delante. Hoy el fútbol está muy estudiado, tu puedes hacer cosas dos partidos, pero ya al tercero hay que variar detalles, movimientos, para intentar sorprender siempre, de lo contrario te vuelves predecible”.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







