Santiago de Chile.   Dom 19-07-2026
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La gracia del Mundial

La gracia del Mundial es que es para todos, no solo para aficionados, simpatizantes y conocedores. No solo para devotos diarios y feligreses ocasionales. Es también para los que no tienen ni idea, no lo conocen ni en pintura e incluso para que no les gusta. Es para el turismo, para el viajero, para el televidente, para el que pasa por ahí.
Foto: AP
Antonio Martínez18 de julio, 2026
La gracia del Mundial que termina este domingo es que se convirtió en un espectáculo cuatrienal, global y definitivo.

No hay nada equivalente y la razón más importante es el fútbol, pero en ningún caso es lo único.

Es el transportador y el catalizador de un show que cabalga sobre el fútbol y que le ha instalado montura, bridas, riendas y desde luego herraduras.

La gracia del Mundial es que la FIFA, los dueños, domaron al fútbol y lo ajustaron al modelo estadounidense, en otras palabras, un circo, pero no romano, sino uno de tres pistas, para más público y más artistas en la escena.

El fútbol se hizo plástico en cuanto a su duración y reglamentos, porque el show necesita dar abasto, cabida y una puesta al día que responda a la frase luminosa y millonaria del fútbol como el rey sol de un universo mayor.

La gracia del Mundial es que es para todos, no solo para aficionados, simpatizantes y conocedores. No solo para devotos diarios y feligreses ocasionales. Es también para los que no tienen ni idea, no lo conocen ni en pintura e incluso para que no les gusta. Es para el turismo, para el viajero, para el televidente, para el que pasa por ahí.

Eso explica el desfile de famosos y los encuadres de la televisión, que le dan un poco al pueblo llano y los otros planos son para la belleza y la fama, porque todo es parte del show. La cancha, los momentos de hidratación, las tribunas, el entretiempo, las cámaras y lo que sea necesario para que el show siga.

Que cada cual ocupe esos tres minutos como desee, en hidratarse o en comerciales dentro del estadio o en la televisión, pero hay que dar oportunidades para el acomodo, los ajustes y la costumbre, porque para un show los cuatro tiempos siempre serán mejor que dos.

Los actores y actrices no son de ver partidos de fútbol una vez a la semana o una vez al mes, quizás una vez al año. ¿La final de la Champions, por ejemplo? Puede ser, partidos estelares con clase y un juego de millonarios, donde las marcas de autos, las bencineras o las tarjetas bancarias necesitan estar en los estadios, en las camisetas y en los avisos publicitarios para probar que son lo que son: mundiales.

Otro ejemplo estelar fue la final de la Copa Mundial de Clubes 2025. Estados Unidos fue el país sede y el entretiempo de la final se extendió por 24 minutos, no por los jugadores del PSG o el Chelsea, sino porque los artistas que se presentaron se tomaron su tiempo. Un cuarto de hora es muy escaso para el baile, la música y el canto.

Este Mundial consolidó la máxima de que no solo es fútbol.

Es un show que le lleva artistas, marketing, publicidad, gobernantes, televisión, estrellas, marcas, turismo, realeza, público y lo que haga falta.

Es un pretexto para lo que sea y para lo que viene el 2030, ni te digo el 2034 y los mundiales que siguen.

Es la nueva era y es la gracia de este Mundial.

Maldita sea la gracia.
Antonio Martínez

es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).

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