La gracia del Mundial
La gracia del Mundial es que es para todos, no solo para aficionados, simpatizantes y conocedores. No solo para devotos diarios y feligreses ocasionales. Es también para los que no tienen ni idea, no lo conocen ni en pintura e incluso para que no les gusta. Es para el turismo, para el viajero, para el televidente, para el que pasa por ahí.
La gracia del Mundial que termina este domingo es que se convirtió en un espectáculo cuatrienal, global y definitivo.
No hay nada equivalente y la razón más importante es el fútbol, pero en ningún caso es lo único.
Es el transportador y el catalizador de un show que cabalga sobre el fútbol y que le ha instalado montura, bridas, riendas y desde luego herraduras.
La gracia del Mundial es que la FIFA, los dueños, domaron al fútbol y lo ajustaron al modelo estadounidense, en otras palabras, un circo, pero no romano, sino uno de tres pistas, para más público y más artistas en la escena.
El fútbol se hizo plástico en cuanto a su duración y reglamentos, porque el show necesita dar abasto, cabida y una puesta al día que responda a la frase luminosa y millonaria del fútbol como el rey sol de un universo mayor.
La gracia del Mundial es que es para todos, no solo para aficionados, simpatizantes y conocedores. No solo para devotos diarios y feligreses ocasionales. Es también para los que no tienen ni idea, no lo conocen ni en pintura e incluso para que no les gusta. Es para el turismo, para el viajero, para el televidente, para el que pasa por ahí.
Eso explica el desfile de famosos y los encuadres de la televisión, que le dan un poco al pueblo llano y los otros planos son para la belleza y la fama, porque todo es parte del show. La cancha, los momentos de hidratación, las tribunas, el entretiempo, las cámaras y lo que sea necesario para que el show siga.
Que cada cual ocupe esos tres minutos como desee, en hidratarse o en comerciales dentro del estadio o en la televisión, pero hay que dar oportunidades para el acomodo, los ajustes y la costumbre, porque para un show los cuatro tiempos siempre serán mejor que dos.
Los actores y actrices no son de ver partidos de fútbol una vez a la semana o una vez al mes, quizás una vez al año. ¿La final de la Champions, por ejemplo? Puede ser, partidos estelares con clase y un juego de millonarios, donde las marcas de autos, las bencineras o las tarjetas bancarias necesitan estar en los estadios, en las camisetas y en los avisos publicitarios para probar que son lo que son: mundiales.
Otro ejemplo estelar fue la final de la Copa Mundial de Clubes 2025. Estados Unidos fue el país sede y el entretiempo de la final se extendió por 24 minutos, no por los jugadores del PSG o el Chelsea, sino porque los artistas que se presentaron se tomaron su tiempo. Un cuarto de hora es muy escaso para el baile, la música y el canto.
Este Mundial consolidó la máxima de que no solo es fútbol.
Es un show que le lleva artistas, marketing, publicidad, gobernantes, televisión, estrellas, marcas, turismo, realeza, público y lo que haga falta.
Es un pretexto para lo que sea y para lo que viene el 2030, ni te digo el 2034 y los mundiales que siguen.
Es la nueva era y es la gracia de este Mundial.
Maldita sea la gracia.
Antonio Martínez
es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).







