El omnipresente Infantino, el dueño del circo bajo la lupa
El presidente de la FIFA pasó de ser reelecto por aclamación en 2023 a generar fuerte resistencia en la UEFA y el ambiente del fútbol en general. Pero mientras el negocio florezca (se estiman en US$ 13 mil millones las ganancias del Mundial 2026) y los cupos en el certamen mundial aumenten, tiene la llave del poder en el bolsillo.
Gianni Vincenzo Infantino, 56 años, nacido en Suiza, de padres italianos, ciudadano de El Líbano. De profesión abogado, políglota y carismático. En Europa era conocido como el hombre de los sorteos de la Champions hasta que el FIFAGate apareció como un huracán y descabezó el alto mando del fútbol mundial, partiendo por el entonces presidente del organismo, Joseph Blatter.
Llegó en febrero de 2016 a la cabeza del ente rector del fútbol mundial con una promesa de transparencia, ofreciéndose a desterrar las malas prácticas, y mostrando sus buenos números como secretario general de la UEFA, donde expandió el negoció aumentando de 16 a 24 equipos los participantes en la Eurocopa, por ejemplo. Le ganó en segunda vuelta al jeque bareiní Salman bin Ebrahim al-Khalifa.
“Estamos cambiando la FIFA y necesitamos a gente independiente como usted”, recuerda el profesor Joseph Wieler, un destacado jurista estadounidense, que fueron las palabras de Infantino cuando lo invitó, junto a otros cinco destacados hombres de leyes, a formar parte del Comité de Gobernanza. “Un año después, cuatro de los seis miembros del Comité dimitimos, primero porque no respetó nuestra independencia, y segundo, porque no respetó el imperio de la ley”, denunció el académico en el diario El País.
Reelecto por aclamación en 2019 y 2023, Infantino se apresta hoy a enfrentar su tercera campaña con el apoyo manifiesto de la Conmebol y África, pero con muchos resquemores entre las potencias del Viejo Continente, sobre todo después de un Mundial en que el “incidente Balogun” dejó expuesto los hilos de su trato con el gobierno estadounidense encabezado por Donald Trump.

Trump e Infantino, una dupla que ha dado que hablar durante la Copa del Mundo. La actitud muy complaciente del presidente de la FIFA le ha granjeado críticas. Foto: France Presse
“Cruzó una línea roja”, se leyó en un comunicado emitido por la UEFA, un texto inusualmente duro en que se criticó abiertamente que el comité disciplinario de la FIFA decidiera suspender el castigo de Folarin Balogun, jugador estadounidense que fue expulsado y debía quedar automáticamente impedido de jugar los octavos de final ante Bélgica. La decisión del organismo, muy poco común para sus propios estándares, fue celebrada abiertamente por Trump en sus redes sociales, e Infantino se vio obligado a reconocer que el Presidente de ese país lo había llamado directamente para interceder en la materia.
Finalmente Bélgica se impuso por 4-1 y el asunto se enfrió. “Habría supuesto una oportunidad mayor si Estados Unidos no hubiera sido aplastado en ese partido y Balogun hubiera marcado un gol. Pero se abre una posibilidad para pedir responsabilidades”, agrega Wieler.
Infantino dijo que las decisiones del comité disciplinario eran independientes y que él las conocía solo cuando eran oficiales, insinuando que era posible que no estuviera de acuerdo con eximir a Balogun, pero su respuesta cayó en oídos sordos. Desde que decidió crear un “Premio de la Paz de la FIFA” para apaciguar a Trump, y luego permitió que vetaran hinchas por nacionalidad e incluso le impidieran el ingreso a un árbitro —el somalí Omar Artan— que iba a pitar el Mundial, la imagen del suizo-italiano empezó a tambalear.
“Lo más sospechoso es su cercanía a poderosos como Trump. Uno tiene la sospecha de que sacan provecho personal de sus cargos. El Mundial se ha vendido. Eso le resta credibilidad al fútbol”, escribió el excampeón del mundo alemán Philip Lahm.
Para Wieler, cuando Infantino habla del respeto a los fallos del comité de penalidades, “es como si el coronel Sanders, el fundador de Kentucky Fried Chicken, hablara de su fe en el vegetarianismo”.
El profesor universitario reveló que hubo muchos problemas dentro del año en que estuvo en el Comité de Gobernanza, pero el mayor estuvo relacionado con Rusia, organizador del Mundial de 2018. “En 2017 Rusia propuso a Vitaly Mutko, que era el viceprimer ministro de Vladimir Putin y el ministro de Deportes de Rusia, para que formara parte del Consejo Ejecutivo de la FIFA. Hay una regla clara de la FIFA que señala que para estar en el Consejo no puedes ser político en activo. Habíamos suspendido a Malasia por algo parecido. En este caso no nos tomó ni diez minutos decidir que no aprobábamos a Mutko. La presión a la que fue sometido el Comité por carta, por teléfono, en encuentros personales… ‘¡Arruinarán el Mundial de Rusia si no aceptan a Mutko!’, nos dijeron. Fue exactamente lo opuesto a respetar la independencia del comité. Como resultado, en la siguiente asamblea de la FIFA en Baréin no renovaron al presidente del Comité de Gobernanza, alegando que querían ‘diversidad’. Así fue como Miguel Maduro, portugués, hombre blanco de 45 años, fue reemplazado por un hombre finlandés de 65 años. ¡Vaya diversidad!”, describe Wieler.

El ingreso del ministro del Deporte de Rusia, Vitaly Mutko (a la izquierda en la imagen, a la estructura de la FIFA causó un queibre interno antes del Mundial de 2018). Foto: France Presse
En el Mundial que está por terminar Infantino coqueteó con la omnipresencia. La BBC sacó la cuenta de sus viajes durante la primera fase del certamen, en que incluso se trasladó en un mismo día desde Miami a Seattle para ver un partido temprano, y luego se fue a Los Angeles para seguir un cotejo vespertino. Casi 51 mil millas había volado al término de los dieciseisaivos de final (1,2 vueltas al mundo por el Ecuador, como referencia), y con su presencia en el duelo por el tercer puesto y la final habrá presenciado 40 de los 104 duelos de la Copa. Todo en un jet de lujo Gulfstream G650ER, proporcionado por Qatar Airways como parte de su acuerdo de patrocinio.
Las polémicas decisiones no han salido gratis. FairSquare, una organización británica de protección a los Derechos Humanos interpuso una denuncia ante el Comité Olímpico Internacional para que juzgue lo que acusan como “reiterada vulneración de las normas de neutralidad política” que rigen a los miembros del COI.
¿Hay reales opciones de que nazca una candidatura en Europa que desafíe al actual jerarca en este contexto? La prensa europea especula con posibles postulaciones del qatarí Nasser Al-Khelaïfi, dueño del PSG, o Dariusz Mioduski, timonel polaco del Legia Varsovia, pero para quien decida enfrentar a Infantino la carrera está cuesta arriba.
Infantino tiene altísimas posibilidades de mantenerse en la testera de Zúrich hasta 2031. Y no solo por su intención de que las futuras Copas del Mundo tengan 64 equipos, lo que le asegura muchos sufragios en las confederaciones más grandes que proporcionalmente tienen menos cupos, como la de Asia, sino también por el innegable éxito económico de la FIFA bajo su gestión, y el aumento en la repartición de recursos a todas las federaciones.
El dinero ya no desaparece, va al fútbolGianni InfantinoPresidente de la FIFA
La FIFA pasó de recolectar cerca de US$ 4 mil millones en el cuatrienio del Mundial de Brasil 2014 a US$ 6,4 mil millones en Rusia 2018. La cifra se elevó a US$ 7,5 mil millones en Qatar 2022 y para la actual Copa se estima que los ingresos saltarán a US$ 13 mil millones, impulsados por el crecimiento del certamen, el poder económico de los organizadores y la política de precios flexibles aplicadas en los boletos, que obligó el pago de pequeñas fortunas para presenciar los juegos de mayor demanda. Claro, estrujando también el modelo hasta el punto de cobrar 60 dólares para los hinchas que asistieron el viernes a una conferencia de prensa previa a la final.
Las cifras hablan de un crecimiento del negocio del 325% en la era Infantino, cuya administración tiene el programa FIFA Forward para repartir las ganancias en todo el mundo, aumentando los premios a las selecciones mundialistas y financiando la construcción de infraestructura deportiva por todo el planeta. Esto en consonancia con su promesa de campaña de engrosar los bolsillos de todas las federaciones nacionales.
“El dinero ya no desaparece, va al fútbol”, dice Infantino.
Las Copas del Mundo que vienen también prometen ingresos sustanciosos: el imbunche España-Portugal-Marruecos-Argentina-Uruguay-Paraguay de 2030 y, por supuesto, Arabia Saudita 2034.
El suizo-italiano-libanés no trabaja solo por la “gloria”, lógicamente: el dirigente recibirá US$ 4,8 millones por su trabajo este año.
“Mientras la plata siga fluyendo y aumentando, nadie se pondrá enfrente”, dice un conocedor de las altas esferas del balompié.
Por ahora, la oposición a su presidencia se manifiesta en jocosos memes y videos generados con Inteligencia Artificial (la mayoría sobre sus buenas migas con Trump y Lionel Messi), más que en proyectos reales para destronarlo.
“El fútbol nunca debe convertirse en un terreno de juego para el poder político”, se atrevió a criticar Joseph Blatter. El predecesor de Infantino cumple su período de suspensión por faltas al Código de Ética justamente en 2027, el año de las elecciones.
Andrés Solervicens
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, trabaja desde 2000 en "El Mercurio". Fue enviado especial del diario a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Río de Janeiro 2016, así como a Juegos Panamericanos, Grand Slams de tenis y fechas del Mundial de Rally, entre otros.







