Palabritas
Hace medio siglo nació la Polla Gol y fue en un mundo pasado, pero en absoluto mejor que el actual. No hay que engañarse con lo antiguo. Era el Chile de 1976.
Hace medio siglo, en abril de 1976, se realizó el primer sorteo de la Polla Gol. Eran 13 los partidos, debían perforarse las apuestas en una cartilla dura y tiesa, existía la posibilidad de un par de dobles o una triple, pagando más, por supuesto.
Era un juego de la Polla Chilena de Beneficiencia y por tanto hay dinero para premios, pero gran parte de la recaudación, según lo manda la ley, es para apoyar a diversas instituciones, y así hasta ahora: Cruz Roja, Bomberos, Teletón, Fonasa o el Bote Salvavidas, entre otras.
Una plataforma histórica de propósito encomiable y muy distinto a las casas de apuestas on line que ingresaron al fútbol mundial y que ahora lo auspician y patrocinan, con un billete largo que da para todos y más bien los inunda. A los medios y los programas deportivos, participan las leyendas del fútbol sin excepción, son sponsors de clubes y nadie queda afuera de las tandas de avisos y carteles publicitarios. Es un orden nuevo y los deportes, no digamos el fútbol, son excelentes mecanismos universales para alimentar la riqueza y el poder de las casas de apuesta.
La sobreabundancia de torneos y ampliación de cupos, desde el Mundial para abajo, permiten que la televisión transmita un eterno partido de fútbol, y de esa forma se puede apostar de manera infinita a un partido y a varios o a una mezcla, y por los marcadores y en el tiempo que se decida.
Hace medio siglo, entonces, nació la Polla Gol y fue en un mundo pasado, pero en absoluto mejor que el actual. No hay que engañarse con lo antiguo. Era el Chile de 1976.
Se jugaba la cartilla con partidos del fútbol nacional, los de Primera y algunos del Ascenso, pero cuando había receso se recurría a la Liga de España, y por esto del idioma y sus vueltas y riqueza, ocurrió algo impensado y hasta increíble, pero cierto.
Digamos que uno de los significados de “pico” en España, aparte de aves, salientes o montañas, era una cierta cantidad aproximada, y por eso lo de “veinte y pico”, por ejemplo, para 22 o 23, pero también para 27 o 28, y por eso cuando se requería precisión cabía la pregunta: “¿pico corto o largo?”.
En ese país el término carecía del significado popular y vulgar que se le otorga en Chile, es decir, el chilenismo. Mientras en Chile la respuesta de un chileno era la mentira. En España, en cambio, era cosa de cantidad.
La equivalencia en España para ese chilenismo, por tanto el españolismo, era “polla”, que acá solo sería la hembra del pollo y una gallina nueva, o bien un juego de azar estatal.
La lectura española para Polla Gol, y no digamos para Polla Chilena de Beneficencia, eran para la incredulidad y la risa. Además debía ser gigantesco.
Antonio Martínez
es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).







