Marín
¿Leíste la columna de Edgardo Marín?
La pregunta era recurrente en las salas de redacción cuando estas existían. Sus textos no pasaban inadvertidos.
Por cuatro décadas o quizás algo más, Edgardo Marín reflexionó, se preguntó, explicó, pero sobre todo argumentó sobre el deporte nacional e internacional, con énfasis en nuestro fútbol. Su visión se transformó en una referencia fundamental. Marcó pautas y líneas editoriales. El archivo lo acompaña día a día, porque como decía el periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas, de la revista argentina “El Gráfico”, “el archivo no muerde y la memoria no existe”.
El miércoles se despidió en estas páginas de sus lectores en un ejercicio simple y profundo, sin olvidar a Antonino Vera, figura clave en la historia del periodismo de deportes nacional. Enrique Ramírez Capello, fallecido prematuramente, formador de innumerables generaciones de reporteros y redactores, compañero de Marín en la Universidad Católica, recordaba una sentencia habitual de su amigo Antonino: “El fútbol chileno se divide en antes y después de Jorge Robledo”.
En el caso de Edgardo Marín, habrá que decir que el periodismo de deportes en Chile se divide en antes y después de Marín. Junto a Julio Salviat, su compañero de ruta, transformaron un oficio en profesión. Ambos impulsaron los cambios que el tiempo demandaba en la revista “Estadio” y tuvieron la visión de editar “De David a Chamaco” en 1975, cuando Colo Colo celebró sus bodas de oro.
Ese libro fue el principio.
La historia del fútbol chileno estaba dispersa. Abundaban los
mitos. Carecíamos de números, de estadísticas, de análisis, de una mirada
crítica. De la selección chilena se sabía poco y nada. Del campeonato nacional,
lo que ofrecía la contingencia. Marín acometió una tarea titánica. Reconstruir
el camino de nuestro fútbol a través de “La Roja de Todos” y “La Historia de
los Campeones”, dos obras esenciales que sintetizaron la vida de la selección
nacional desde 1910 hasta 1985 y el campeonato de Primera División de
No existe dimensión a la hora de calibrar esos volúmenes.
Investigaciones documentadas, con pluma fresca, que al revisarlas nos recuerdan que al fútbol chileno siempre le costó, que las chambonadas nunca escasearon, aunque jamás se acercaron al calamitoso nivel de las que conocemos bajo esta administración.
Entre los distintos géneros periodísticos, el de opinión fue el que Marín desarrolló con mayor profundidad. No le importó ir contra la corriente ni plantear juicios impopulares. En los años oscuros de la dictadura, cuando Luis Santibáñez invitaba a subirse al “carro de la victoria” del Mundial de España 82, Edgardo fue de los pocos que vislumbró y advirtió la debacle.
El 3 de septiembre de 1989, el chauvinismo obnubiló a la mayoría en la opereta de Roberto Rojas en el estadio Maracaná. Lo fácil era sumarse al coro patriotero de un episodio vergonzoso. Marín dudó y cuestionó. Hizo lo que correspondía. No fue el único.
Su rectitud es el mayor legado que deja en un momento donde el periodismo de deportes busca acomodarse a las nuevas tendencias, en una precariedad jamás conocida. Los miércoles extrañaremos la columna de Marín, un periodista que dignificó la actividad.
No es poco.
es un comentarista, periodista deportivo y escritor chileno. En 2009 obtuvo el premio de Premio Nacional de Periodismo Deportivo de Chile.







