Los inventores
Siempre se puede invocar la ley y el orden para pedir que el árbitro sancione lo que ocurre bajo un córner, que es algo que nunca se hace o rara vez, porque esas imágenes muestran que así es el fútbol y eso no se puede detener ni cobrar.
En el empate a un tanto entre Brentford y Arsenal, por el torneo inglés, hubo un par de cámaras protagonistas que no son las habituales, porque están a ras de piso en la parte posterior del arco y casi besando la red, como diría un relator deportivo.
Esas cámaras registraron la batahola y el llamado a combate en el área chica para una lucha cuerpo a cuerpo cuando cae un córner, carreras y empujones, roces y desorden, agarrones y fricciones que van y vienen.
Ahí no hay rombo ni estrategia ni táctica ni ese cuanto hay. En esos momentos, y no digamos si el marcador es estrecho y tenso, lo que hay es angustia por defender el arco a todo trance o marcar a como dé lugar.
Es el juego con sus rasgos primitivos y atávicos, porque prima la fuerza y la violencia. El arquero es casi una víctima y son jugadores esperando una pelota que llega por el aire, apelotonados en un corral estrecho con los nervios de punta y todo apretado.
¿Qué hacen esas cámaras? Filman la batalla por dentro como nunca se ha visto. Esas cámaras no están para disuadir ni impedir los hechos y tampoco para denunciarlos y para que venga el VAR con sus líneas brujas. Están para capturar con detalle y precisión las briznas de sudor, la tensión de los músculos y la energía depositada en el área chica, cuando un puñado de hombres son más gladiadores que nunca y luchan como espartanos contra persas.
Ni miramientos ni miedos, al límite y más allá, mordiendo la camiseta rival, respirando los cuellos y tirando el aliento. Jugadores dentro de una jaula invisible que es el área chica y un pantano pequeño donde unos atacan y otros defienden.
Siempre se puede invocar la ley y el orden para pedir que el árbitro sancione lo que ocurre bajo un córner, que es algo que nunca se hace o rara vez, porque esas imágenes muestran que así es el fútbol y eso no se puede detener ni cobrar. Es la emoción y el espectáculo del juego. Es la energía caótica que mezcla afán y espanto, empujones y tirones, parejas que se persiguen, roces y fricciones. Esa es la materia prima del fútbol cuando cae el córner, no es el arte de lo impensado y la palabrería amable y bien pensante, es lo que es: jugarse el pellejo como distinguidos miembros de la naturaleza animal.
Es por un rato, tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo y alarmarse. Es la función de un partido que dura lo que dura.
Y es el córner, pero es también lo otro: el saque de mano y las toallas, que en el fútbol inglés están normadas. Una toalla al costado para frotar el balón, secarlo y lanzar el centro del área chica, en realidad un córner 2.0 que apunta al centro de la batalla.
Estas imágenes, en el Mundial que viene, quizás exploten y sean la novedad.
Los ingleses inventaron el fútbol y lo siguen inventando.
Antonio Martínez
es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).







