Cárcel, covid-19 y alcohol: los meses que apagaron la eterna sonrisa de Ronaldinho
Desde marzo de 2020 el excrack ha sufrido más golpes que alegrías. Pasó 171 días preso en Paraguay por falsificación de pasaportes. Entre barrotes, asados y pichangas con los reclusos celebró su cumpleaños número 40. Zafó de las rejas en agosto previo pago de una fianza de US$200 mil, pero en el semestre siguiente ganó cinco veces más dinero. Desde entonces el camino del brasileño mezcló la alegría de la libertad con nuevos contratos publicitarios, negocios con ginebra y vinos, una banda de música trap — la “Tropa del Brujo” se llama— y un anuncio de una película con la carrera del “hombre más feliz del mundo”, según se lee en el tráiler del film. Pero de nuevo aparecieron días negros: su madre murió por el covid-19 a fines de febrero y los rumores hablan de excesos de alcohol, fiestas y malas juntas. “Noticia falsa. Noticia inventada”, dice a “El Mercurio” Sergio Queiroz, su abogado. En Brasil miran de reojo a su hermano por mala influencia. Y a “Dinho”, claro, que le hace caso en todo.
Antonio Valencia19 de marzo, 2021
El origen de buena parte de los líos de Ronaldinho, comentan en Brasil, está en su sangre. Roberto Assis Moreira es su hermano diez años mayor. Conocido como Assis, jugó en clubes de Brasil, Suiza, Portugal, Japón, México y Francia. Por supuesto, no tenía la magia de “Dinho”, el inconmensurable artista de la pelota que brilló a niveles planetarios con Barcelona y la selección canarinha campeona del mundo en 2002: se convirtió en su representante.
“Es como su padre, quien murió trágicamente (ahogado en una piscina) cuando Ronaldinho era niño (8 años). Ronaldinho hace todo lo que le dice su hermano. Su hermano Assis es como la figura del mal en esta historia”, comenta un reportero gaúcho.
Junto a su hermano comenzaron la pesadilla hace doce meses en Paraguay. Allá fueron arrestados por portar pasaportes falsificados. Ronaldinho aparecía como naturalizado paraguayo. “Era para iniciar una empresa en ese país y pagar menos impuestos”, comenta otro periodista que viajó a Asunción para seguir los días de cárcel del crack de la eterna sonrisa. El exfutbolista fue vinculado a una empresaria paraguaya investigada por evasión fiscal y lavado de dinero.

Ronaldinho junto a su hermano Roberto presos en Paraguay por portar pasaportes falsos. Ambos estuvieron encerrados entre marzo y agosto de 2020. Foto: AP
Primero estuvo junto a su hermano en una cárcel donde tenía ciertos privilegios: TV, refrigerador y celular. Jugaba pichangas con los demás reclusos VIP y hasta armaron un minicampeonato del que resultó campeón y máximo goleador. El trofeo fue un chancho de 15 kilos que terminó sus días en a la parrilla. Tras las rejas, “Dinho” festejó su cumpleaños número 40. En esa prisión estuvo poco más de un mes, pues luego siguió su arresto en un hotel de la capital paraguaya.
En agosto obtuvo la libertad. El tribunal aceptó la suspensión del proceso judicial previo pago de una fianza de unos 200 mil dólares. Si bien se especuló que el gobierno de Jair Bolsonaro colaboró con su liberación y retorno a Brasil —que en 2019 nombró a Ronaldinho embajador de turismo como presunto agradecimiento a su respaldo en la campaña presidencial—, el dato nunca fue confirmado.
El exfutbolista estuvo 171 días preso. Entonces se temía por las consecuencias económicas en sus negocios como figura publicitaria y otros asuntos. De hecho, su imagen fue retirada de los juegos de FIFA y Pro Evolution Soccer (PES). Pero una vez libre, todo cambió. La prensa brasileña estima que en los últimos meses ganó cerca de un millón de dólares en diversas actividades.
Su rostro y amplia sonrisa volvió a los anuncios: una compañía de seguros, una aplicación de viajes, una empresa de apuestas deportivas. Su figura volvió a aparecer en los juegos FIFA y PES, también creó su propio equipo de E-Sports y se vinculó como embajador de FMS, “la mayor red de fútbol para jóvenes talentos”.
También incursionó en la música como la “Tropa do Bruxo”, un proyecto de trap cuyo primer video lanzado en diciembre —en que revolotean bikinis y licores— en poco tiempo alcanzó el millón de visitas y hoy ya suma casi cinco millones de reproducciones en YouTube. Hace cuatro semanas, poco antes de la muerte de su madre, apareció otro video, “Magia negra”, y ya tiene un millón y medio de visitas en Instagram.
“Dinho” también retomó sus negocios con ginebra con la marca R-ONE y retomó la promoción del “Vino de los Campeones” de la bodega italiana del exfutbolista y director deportivo Fabio Cordella, la misma que comercializa la marca “Gran Capitán” de Iván Zamorano.
Así hasta que el coronavirus golpeó su puerta. Primero se contagió él en octubre del año pasado. Asintomático y sin complicaciones. Pero dos meses después la plaga infectó a su madre Miguelina. Fue antes de la Navidad y ella, con 71 años, estuvo dos meses hospitalizada luchando. No lo logró, y a fines de febrero murió víctima del covid-19.

Ronaldinho y doña Miguelina. La muerte de su madre fue un golpe muy duro para el exfutbolista brasileño.
La tristeza inundó su cara y se llevó su sonrisa. Y si desde siempre le gustó la fiesta, la noche y la bebida, el adiós de Miguelina incrementó su afición por la juerga y el alcohol, siempre de la mano de malas juntas. “Comienza a beber en la mañana. Vodka, whisky, ginebra. Y solo deja de beber a la mañana siguiente. No es algo de ahora, pero se hizo más intenso después de la muerte de su madre. Vive en una fortaleza con todo lo que necesita. Pero se siente solo. Es generoso con sus amigos, pero no todos son amigos de verdad”, reveló un cercano a Ronaldinho en el diario deportivo Lance.
“Todo eso es falso. Noticia falsa. Noticia inventada”, dice escuetamente a “El Mercurio” su abogado Sergio Queiroz, el mismo que declaró que la detención de Ronaldinho en Paraguay era injusta y arbitraria.







