El tenis llora a Luis Ayala, la primera gran estrella del cielo nacional
Oficialmente fue quinto del mundo, pero llegó a ser considerado el mejor tenista sobre arcilla del mundo. Dos veces finalista de Roland Garros, ganó 68 títulos como tenista y, como capitán de Copa Davis, llevó a Chile a la final en 1976. “Era un genio”, describe Leyla Musalem, pupila suya a comienzos de los 80.
“Es una noticia muy triste”, dice al teléfono Hans Gildemeister, exnúmero uno de Chile. Se refiere a la muerte de Luis Ayala, la primera gran estrella del tenis chileno, con un currículo imposible de reseñar, y que falleció este miércoles, a los 91 años, en Houston, la ciudad que eligió para vivir el último período de su vida.
El “Biónico” debutó en el equipo de Copa Davis bajo la batuta de Ayala, que llevó al equipo a la final de 1976, contra Italia, el hito más grande en la competencia por equipos. “Tengo muy buenos recuerdos de ‘Lucho’, me invitó al equipo en la serie contra Suecia en 1975 y me fui incorporando hasta debutar en 1977. Me ayudó muchísimo, le gustaba entrenar mucho, tenía la escuela australiana y fue clave en mi crecimiento”, admite Gildemeister.
“Tenía una personalidad fuerte como capitán, imponía su autoridad y nosotros se la reconocíamos, porque había sido un excelente jugador y llevaba muchos años enseñando tenis. Siempre contribuyó de buena manera al equipo”, rememora Jaime Fillol, número uno de Chile en la serie ante los peninsulares.
Pero su hito en la Copa Davis es apenas uno de los tantos que logró en su vida. Su propio recuento reconoce 68 títulos (46 en el circuito principal de singles), incluyendo el Abierto de Roma, dos finales de Roland Garros, un título en dobles mixtos en París y el quinto lugar del ranking mundial en 1959, en una época en que el escalafón lo definían los expertos. Pero también fue considerado el mejor tenista del planeta sobre arcilla y el reflejo fue que haya sido considerado primer cabeza de serie en el Abierto Francés de 1959.
“Siempre destacan lo que hizo el 'Chino' Ríos y no a mí, que alcancé a ser dos semanas el número uno, hasta que perdí en Roland Garros y me bajaron”, contó en una entrevista con “El Mercurio” en 2017.

Ayala lideró al mejor equipo de Copa Davis de Chile, que llegó a la final en 1976, ante Italia.
“Chile no lo vio jugar mucho, porque en su tiempo no se hacían grandes torneos en Chile y la Copa Davis se jugaba casi siempre en Europa, pero sus resultados hablan por sí solos: para mí, es quien tiene el mejor palmarés en el tenis chileno masculino, solo superado por Anita Lizana, que ganó un Grand Slam. ‘Lucho’ estuvo muy cerca”, cuenta Fillol.
“Cuando era juvenil, me tocó muchas veces jugar con él. Era un gran orgullo para mí y para toda la generación poder enfrentarlo. Una motivación muy grande”, añade el extenista, quien reconoce que su último encuentro con él fue cuando lideraba el ATP de Viña del Mar, hace más de una década.
De hecho, fue él quien logró convertir al tenis en un deporte popular en Chile, en una época en la que el fútbol, el básquetbol y el boxeo se llevaban buena parte de las coberturas. En 1961, se volvió profesional y abandonó el circuito principal (“quizás habría ganado Roland Garros si no lo hacía”, confesó alguna vez), pero alcanzó a regresar en 1968, cuando se creó la Era Open que volvió a admitir a los tenistas profesionales.
“Era muy talentoso, por lo que lo pude ver, tenía una gran derecha y un revés con slice muy rápido, que hacía que jugara muy bien en todas las canchas”, relata a su vez Gildemeister.
Su huella se extendió aún más allá. Se radicó un tiempo en Florida (EE.UU.), también estuvo en Puerto Rico, hasta que encontró su lugar en el mundo en Houston, donde lideró una academia hasta el final de sus días. “Hasta le hizo clases en su casa a George Bush padre en Texas”, enseña Sergio Elías, presidente de la Federación de Tenis de Chile, amigo de Ayala desde la época que dirigía a su esposa, Leyla Musalem, a comienzos de los 80.
“Era lo mejor de lo mejor”, cuenta ella. “Como persona, como profesor, como ser humano. Lamento mucho que no terminara sus días en el país, quizás es el pago de Chile, pero merecía todo”, añade.

Ayala llegó a dos finales de Roland Garros, pero justo después de la segunda saltó al profesionalismo y perdió sus chances de ganar un Grand Slam hasta 1968.
“Ya estaba retirada, tenía 34 años, y viajaba con tenistas más jóvenes a los torneos y me di cuenta de que todavía podía jugar y le pregunté a ‘Lucho’ si creía que podía volver y confió en mí: para empezar, me cambió mi raqueta de madera a grafito, mejoró mucho mi juego, todavía recuerdo muchos tips que me dio, pero sobre todo me daba tranquilidad. Y volví a ser la número uno de Chile y jugué hasta los 37...”, rememora Musalem.
Además, todos destacan sus valores humanos, que trascendieron el rectángulo de juego.
“Era un genio en el tenis, pero fuera de la cancha era muy cariñoso, muy humano. Pese a que había sido tremendo jugador, me tenía mucho respeto y cultivamos una gran amistad con él y su señora, María (Tort), que también fue una gran tenista”, dice Musalem.
Jaime Fillol se suma a los elogios y a los recuerdos con quien marcó una época en el deporte chileno.
“Lo echaremos mucho de menos, lo conocí a él, a Martita, siempre tuvo muy buena voluntad, era agradable conversar con él. Me acuerdo que, cuando vivió en Florida, compartí mucho con él cuando estudiaba y trabajaba en Miami, también cuando iba a jugar torneos a Puerto Rico mientras vivió allí. Tengo muy buenos recuerdos suyos”, admite.
“Este año fui a Roma y pude ver la foto de Marcelo Ríos y de Luis en el pasillo de la cancha central, en un homenaje a los campeones. Fue un grande del tenis...”, cierra.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







