Santiago de Chile.   Sáb 04-04-2026
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Entrevista a Edmundo Warnke, ícono del atletismo chileno: “Esto se trata de entrenamiento y matemática”

Fue el último chileno en ganar la tradicional corrida de San Silvestre (1976), compitió cara a cara con Steve Prefontaine y conserva hasta hoy algunos récords nacionales en distancias de largo aliento. “Yo no tenía sprint, debía asegurar las carreras antes”, confiesa. Un mural en Casablanca, en donde vivió durante más de una década, le rinde tributo a sus proezas. “El ritmo está en la cabeza”, revela. Una conversación imperdible con otra gloria viviente del deporte chileno, radicado en Nüremberg (Alemania)
Foto: El Mercurio de Valparaíso.
Claudio Herrera de la Fuente31 de diciembre, 2020
Hace 44 años, Pedro Edmundo Warnke se pagó un pasaje desde Alemania hasta Sao Paulo, Brasil, para participar por cuarta vez en la corrida San Silvestre, famosa prueba que cierra el año en las calles paulistas. Estaba convencido que ganaría.

“Llegué el día antes y me fui en taxi al hotel donde estaban los atletas. No me pude quedar ahí, me dijeron ‘acá solo los europeos’. No entendía nada y me fui donde estaban los sudamericanos, que era un hotel tres estrellas. Me entrevistaron y me dicen que el favorito es Carlos Lopes, el portugués que era medallista olímpico (plata en los 10 mil de Montreal 1976), yo le dije ‘los conozco a todos, no me interesa y vengo a ganar la carrera’, me miraban raro (…)”, rememora Warnke.

—Lopes se reventó al final.

“Íbamos como 20 en un grupo de punta, con los europeos y los colombianos. Lopes empezó a tirar del inicio y sacó ventaja. Eran 8,9 kilómetros y mi táctica era atacar en la subida, eso hice y me puse a rueda de él, como se dice en ciclismo, pero le dio una puntada en el estómago y terminó sentado en la orilla. Quedé solo al frente y miré solo una vez atrás, venía el italiano (Franco) Fava muy cerca, yo con señas trataba que la policía motorizada me dijera a cuánto venía el que me seguía, pero no me entendían. La meta fue impresionante, había muchos chilenos, fue unos de los grandes éxitos de mi carrera. Apunté 23:50.08. Esa vez Adidas me hizo un par de zapatillas especiales, unas amarillas, pesaban apenas 200 gramos, las utilicé solo en esa carrera y aún las tengo en una vitrina de mi casa”.

La estampa de Warnke, con barba y cabeza levantada. "Era muy potente, con mucha seguridad y clase", lo describe el técnico Jorge Grosser. Foto: Revista Estadio.

Warnke disfruta su familia y su jubilación en Nüremberg, Alemania. “Ahora está bien difícil la cosa de la pandemia, pese que acá la gente es disciplinada con las medidas; otra vez comenzaron las cuarentenas y después de las 21 horas no se puede salir, piden salvoconducto. La estadística da cuenta de casi 30 mil fallecidos, cualquier pérdida ya es mucho”, acota el viñamarino, quien compitió en los Juegos Olímpicos de Munich 1972 (5 mil metros) y Montreal 1976 (5 mil y 10 mil metros).

A LOS PALOS CON PREFONTAINE


Jorge Grosser, técnico emblemático de Warnke, entrega su radiografía de un atleta que según los registros de la Fedachi aún conserva los records nacionales Sub 23 en 5 mil (13:43.2 en 1972) y 10 mil metros (28:36.2 en 1973). “Él tenía buen desplazamiento, muy potente y sobre todo mucha seguridad en sus medios, nunca se ponía nervioso. Muy ‘peleón’, agresivo, en cualquier carrera se ponía a ‘dar palos’ con cualquiera, incluso con los favoritos.

En los Panamericanos de Cali (1971), Edmundo tenía 20 años y le advertí ‘no salgas a correr de igual a igual con (Steve) Prefontaine ni con el mexicano Juan Martínez’, que era olímpico. A los 3 mil metros Warnke ya iba de punta, con todo, llegó cuarto; creo que si me hacía caso sacaba medalla. Aeróbicamente era muy bueno, fuerte, longilíneo, logró el récord mundial en 25 kilómetros (1h 14.20 en 1977), fuerte en la pista, también en cross-country. Su peso ideal eran 52 kilos, él decía que medía 1,64 metro, pero yo le decía ‘con zapatos’, creo que era más chico”, retrata.

—Prefontaine fue un atleta de culto, ¿cómo fue competir con él, don Edmundo?

“Sí, entrenábamos juntos en algunas ocasiones, murió joven en un accidente. Coincidimos en Munich 1972 en los 5 mil, pero en diferentes series. En Cali ganó él y segundo salió otro americano (Steve Stageburg), un mexicano tercero (Mario Pérez) y yo cuarto. Yo no era un sprinter, no tenía final y aquello me obligaba a atacar antes, era de más largo aliento, me perdí por poco la medalla esa vez. A Prefontaine lo chamullaba en inglés, pero en atletismo es fácil, las distancias son un idioma que todos entienden, era un tipo muy sencillo. Con Frank Shorter también entrené”.

A Prefontaine lo chamullaba en inglés, pero en atletismo es fácil, las distancias son un idioma que todos entienden, era un tipo muy sencillo. Con Frank Shorter también entrené

—En 5 mil usted logró 13:36 y en los 10 mil alcanzó 28:18. ¿Con la tecnología y metodología actual, en cuánto podría haber corrido?

“Habría bajado los 28 minutos seguro y bajo 13:30 los 5 mil. Eso era lo que planificábamos en ese tiempo. El maratón también corrí al final de mi carrera, poco tiempo, hice 2h 14:57, que fue mejor marca chilena, pero apuntaba a bajar el registro alemán, que por entonces era 2h 12:30, lo cual me habría permitido estar entre los diez primeros en el maratón de Moscú en 1980, pero eso es teoría, esto se mide por marcas y la mala suerte no existe en el atletismo. Cuando parte la carrera está la verdad, el 50% es cabeza y el 50% restante son las piernas”.

Esto se mide por marcas y la mala suerte no existe en el atletismo. Cuando parte la carrera está la verdad, el 50% es cabeza y el 50% restante son las piernas

—Pero en lo mental no daba ventaja…

“Competir para mí era como entrenar. Pasa que el chileno en general, no todos, se opaca cuando viene un competidor extranjero. Esa mentalidad ya cambió en los futbolistas y por eso ganaron dos Copa América. Yo no me asustaba nunca, tenía buena mentalidad y eso lo reforcé en Alemania, ir siempre adelante era mi marca registrada. Una prueba dura fue en los Panamericanos 1979 en Puerto Rico: corrí el maratón con 42° de temperatura, seis tipos se retiraron por el clima, fue brutal, pero igual llegué 5° (2h 26:14)”.

En 2017 se pintó un mural en su honor en Casablanca, donde vivió 12 años durante su niñez. “Debo ser el único atleta que tiene un reconocimiento de ese tipo, quedó lindo, aunque hace poco supe que el ‘viejo’ (José) Ramírez, que era ídolo, tenía una calle con su nombre”, cuenta.

El exatleta y parte del mural que se pintó en Casablanca en honor a su triunfo en la San Silvestre de 1976. Foto: El Mercurio.

“¿Sabe? No me gustaba llegar en el grupo al tramo final de la carrera, porque era lento, en los 5 mil empezaba a acelerar dos vueltas antes, 800 metros y empezaba a tirar para sacarme de encima a los rivales”, revela.

—¿Cómo se hace ese cambio de ritmo con fatiga acumulada?

“Cuando estás bien entrenado, llevas el ritmo en la cabeza, porque el kilometraje ya está en el cuerpo. Hoy todos corren un maratón, salen los primeros 3 kilómetros disparados y a los 10k están agotados. Mi zancada era de un metro y medio aproximado, eso era como un computador en mi cabeza y sabía de memoria en cuánto tiempo debía pasar cada distancia. Hay gente que dice ‘voy a correr en 2 horas 16’, pero hace los 10 mil en 35 minutos, no se puede, no te da. Esto es matemática y entrenamiento”.

FARKAS Y KIPCHOGE


—¿Por qué en Chile no hay maratonistas ni corredores de 10 mil?

“Mientras no tengan posibilidades económicas, ya sea el apoyo de universidades o becas, es muy difícil. Talento hay, pero para rendir necesitas una vida tranquila económicamente. Me da lástima a veces cuando hay chilenos con capacidad y deben pedir limosna para pagarse un pasaje para competir en Europa, leía en su momento que (Leonardo) Farkas ayudaba a deportistas, eso da vergüenza ajena. El deporte debe ser algo primordial en la política, puede ser una herramienta potente en poblaciones marginales, porque el atletismo es un deporte individual que con disciplina y perseverancia se puede llegar alto. Pero lo que me cuentan mis amigos, el atletismo está muerto, no hay dirigentes, clubes casi ya no quedan, poco torneo de colegio. Antes corríamos en pista de ceniza, ahora hay rekortán en varios lados, pero no se estimula”.

El deporte debe ser algo primordial en la política, puede ser una herramienta potente en poblaciones marginales, porque el atletismo es un deporte individual que con disciplina y perseverancia se puede llegar alto

—¿Qué atleta actual le llama la atención?

“(Eliud) Kipchoge es consistente. No sé si solo es la altura o cómo entrenan, porque no creo que tengan mejor alimentación que lo europeos, pero hoy a los africanos no hay como ganarles, de 1.500 para arriba ganan todo. Corren a un ritmo impresionante. Yo llegué a correr 25k a un promedio el kilómetro bajo los tres minutos y es durísimo, ellos lo hacen en un maratón, es impresionante”.

—Le baja la nostalgia por la velocidad, esa sensación de correr ahogado…

“Sí, a veces. Por las rodillas prefiero la bicicleta. El domingo salí a trotar, hice 9 kilómetros, me pasó gente y traté de llevarles el ritmo y apuré; yo le temo a los meniscos. Siempre quiero ir más rápido, uno lleva en la sangre eso. Voy a cumplir 70 años, me siento bien, pero ya no son 55 kilos, debo mover 70 kilos y un poco más. Pero las ganas de correr rápido siempre vuelven”.





Claudio Herrera De La Fuente

es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.

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