Clemente Seguel, la historia detrás de un inédito diploma olímpico para la vela
Fue octavo en la Medal Race en sus segundos Juegos Olímpicos. Comenzó a navegar a los 7 años en un taller escolar gratuito en Algarrobo, el lugar que la familia eligió para vivir y apoyar a su hermano Asperger. “Estoy más feliz que la cresta. Pero esto no termina acá”, dice el velerista cuyo ídolo es Diego, otro de sus cinco hermanos que se hizo esquiador paralímpico tras una fractura de columna.
Nació lejos del mar. De las velas. De los barcos. Fue en Temuco, hace 24 años. Vivían en Villarrica, y previo a un breve paso por Santiago, ya a los seis años de edad estaba instalado en Algarrobo, región de Valparaíso, junto a su familia.
Los barcos llegaron temprano a la vida de Clemente Seguel. Estaba en Segundo Básico. Tenía 7 años. Estudiaba en Casablanca y apareció un taller de velas. Era gratuito, todos los miércoles. Lo ofrecía la Federación Chilena de Velas, Fedevela, no solo en el colegio municipal subvencionado en que estudiaba Seguel, sino de Arica a Puerto Williams, en alianza con los clubes de yates.

También superó la mejor actuación chilena contemporánea en la categoría, esto es, el 19° puesto obtenido por Luis Felipe Echeñique en Atlanta 1996. Lejos está, eso sí, el cuarto lugar en Berlín 1936 del alemán nacionalizado chileno Erich Wichmann-Harbeck,
“Estoy más feliz que la cresta, satisfecho con el trabajo realizado”, declaró Clemente Seguel, que en Marsella estuvo acompañado por su familia.
Tiene cinco hermanos, uno de ellos, Diego, como esquiador alpino, fue abanderado en los Paralímpicos de Invierno en Corea del Sur 2018. Se quebró la columna vertebral practicando snowboard cuando tenía 16 años.
La ruta de Seguel no siempre fue de triunfos, como cuando en un sudamericano, a bordo del barco “Chita”, descubrió que navegar era lo suyo. O a los 15 años, cuando en Perú fue subcampeón Mundial Juvenil de Sunfish. Pero antes, en su debut en una regata a los 9 años, le fue pésimo y se desmotivó. Madre y padre le dijeron que no se rindiera. El valor de su hermano Diego completó el panorama. Es su ejemplo. Su ídolo.
Con el tiempo supo que sus padres eligieron un lugar frente al océano para apoyar a su hermano Arturo, quien tiene Síndrome de Asperger, dejando la toxicidad de la capital y buscando el mejor lugar para su adaptación.
“Cierto, y le hizo súper bien la playa a mi hermano pues hoy, si bien es TEA, se desenvuelve bien y casi no se le nota. Lo otro es que mi papá siempre veraneó en Algarrobo, en la casa de mi abuela, y le gustaban las velas. Hasta ganó un off de Valparaíso y practica windsurf ”, cuenta Diego Seguel, hermano de Clemente.
Instalados en el balneario, la casa quedaba muy cerca de la Cofradía Náutica del Pacífico.
Los barcos llegaron temprano a la vida de Clemente Seguel. Estaba en Segundo Básico. Tenía 7 años. Estudiaba en Casablanca y apareció un taller de velas. Era gratuito, todos los miércoles. Lo ofrecía la Federación Chilena de Velas, Fedevela, no solo en el colegio municipal subvencionado en que estudiaba Seguel, sino de Arica a Puerto Williams, en alianza con los clubes de yates.
El talento precoz lo llevó a ganar rápidamente. A los 18 años ya era bicampeón nacional y monarca Sudamericano. Bronce en el Mundial juvenil de EE.UU. en 2017, subcampeón en el Mundial Sub 21 de Láser, en Croacia 2019, la previa de sus primeros Juegos Olímpicos. En Tokio 2020 terminó en el 22° lugar.

El pequeño Clemente Seguel, segundo de izquierda a derecha, con sus amigos de la Cofradía Náutica del Pacífico. Foto: Archivo personal
Fue plata en los Panamericanos Santiago 2023, sacando pasajes para París 2024. Este miércoles hizo historia: logró un diploma olímpico al rematar octavo en la Medal Race en el mar de Marsella, categoría ILCA 7 (ex Láser).
También superó la mejor actuación chilena contemporánea en la categoría, esto es, el 19° puesto obtenido por Luis Felipe Echeñique en Atlanta 1996. Lejos está, eso sí, el cuarto lugar en Berlín 1936 del alemán nacionalizado chileno Erich Wichmann-Harbeck,
“Estoy más feliz que la cresta, satisfecho con el trabajo realizado”, declaró Clemente Seguel, que en Marsella estuvo acompañado por su familia.
Tiene cinco hermanos, uno de ellos, Diego, como esquiador alpino, fue abanderado en los Paralímpicos de Invierno en Corea del Sur 2018. Se quebró la columna vertebral practicando snowboard cuando tenía 16 años.
La ruta de Seguel no siempre fue de triunfos, como cuando en un sudamericano, a bordo del barco “Chita”, descubrió que navegar era lo suyo. O a los 15 años, cuando en Perú fue subcampeón Mundial Juvenil de Sunfish. Pero antes, en su debut en una regata a los 9 años, le fue pésimo y se desmotivó. Madre y padre le dijeron que no se rindiera. El valor de su hermano Diego completó el panorama. Es su ejemplo. Su ídolo.
“Bueno, he sido parte de su inspiración... pero él ha sido resiliente, y le da y le da, porque antes de Santiago 2023, pese a los sacrificios, los resultados no se le estaban dando”, dice Diego.
En 2018, el Comité Olímpico Internacional lo seleccionó con la Beca Tokio 2020. Fue el inicio de una ruta en que ya suma dos Juegos Olímpicos en su cuerpo de metro noventa de estatura, en una vida que no solo incluye deporte: estudia ingeniería comercial en la UC.
Su hermano Diego apuntan que hay dinastía para rato. “Mi hermano Ricardito
es igual de bueno. Tiene 21 años, entrenan juntos, es como su sparring y
ya fue campeón mundial juvenil en Sunfish”, enseña.
Con el diploma olímpico en la mano, Clemente Seguel anticipa: “Esto nos motiva. Esto no termina acá. No nos podemos conformar”.
Antonio Valencia
es redactor de Deportes El Mercurio.







