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La historia de “Mondo” Duplantis, el niño que nació para volar

A los 20 años, el garrochista sueco de origen estadounidense acaba de superar la marca mundial del ucraniano Sergei Bubka de 1994, y empieza a eclipsar la figura de otro grande de esta prueba, el francés Renaud Lavillenie. La vida de un atleta prodigioso destinado a brillar.
Foto: France Presse
Diego Aguirre Diez18 de septiembre, 2020
Apenas llegaba del colegio, lo primero que hacía Armand Duplantis era agarrar la garrocha y practicar. Empezó con esa rutina cuando tenía apenas tres años, y saltaba al sofá de su living usando un palo de escoba como pértiga.

Todo impulsado por Greg, su padre, un exatleta estadounidense que también se especializó en esa prueba. Como todo papá orgulloso, grababa cada salto de su hijo con una cámara, aunque también intuía que podía llegar lejos: a corta edad ya batía récords mundiales en su categoría.

Duplantis nació en Luisiana, la tierra de su progenitor, y allí ha pasado toda su vida. Pero cuando tuvo que decidir si representar a Estados Unidos o Suecia, el país de origen de su madre (ex heptatleta), no lo dudó y se puso el buzo del seleccionado europeo.

El jardín de la casa de los Duplantis nunca contó con los típicos juguetes de infancia. Todo el espacio fue aprovechado para instalar una colchoneta, dos barras paralelas, y un listón.


Junto a sus tres hermanos, Armand creció saltando en su patio, y a medida que pasaban los años, los vecinos veían por sus ventanas como el niño prodigio aparecía cada vez más por arriba de sus muros.

“Para mí nunca fue una obligación o algo impuesto por mi padre. Me divertía mucho haciéndolo. Si pudiera dormir con la garrocha en mi cama, lo haría. Me enamoré de esto desde muy niño”, confesó el joven deportista, quien de pequeño tuvo breves coqueteos con el béisbol y el fútbol antes de decidirse por el atletismo.

Los títulos no tardaron en llegar: fue campeón del mundo Sub 18 y Sub 20, y el año pasado en la cita planetaria adulta, en Doha, terminó segundo por detrás del estadounidense Sam Kendricks.

“Siempre se le dio como algo natural. Tiene una gran actitud para el deporte, y es muy atlético. Estoy muy orgulloso de él”, contó su padre y entrenador en un documental.

En febrero de este año ya había avisado que tendría una gran temporada: en Escocia, el deportista se adueñó del récord mundial en pista cubierta, al pasar el listón a 6,18 metros de altura y dejando en el olvido el registro del francés Renaud Lavillenie (6,15).


La última obra sobresaliente ocurrió el jueves, en la Diamond League de Roma: el escandinavo sobrepasó la varilla a 6,15 metros, aunque ahora en un torneo al aire libre, y superaba por un centímetro la marca mundial del mítico saltador ucraniano Sergei Bubka, quien gozaba con ese honor desde 1994.

“Mondo”, como lo apodan, terminó por convencer a los más dubitativos, y de a poco va dejando atrás la figura de Lavillenie, dominador absoluto de la prueba en la década pasada, pero que a los 34 años ya está en retirada de la escena internacional.

El campeón olímpico se transformó en el guía natural de Duplantis, y en los últimos años pasan los veranos entrenando juntos en Francia. Con solo 20 años, el alumno concretó rápidamente el cliché de superar al maestro.

“Siempre ha sido mi ídolo. Lo conocí cuando tenía 13 años en un torneo, y le pedí una foto. A los 17 pude competir contra él. Es mi mentor”, apuntó Duplantis.

“Yo también aprendo de él”, complementa Lavillenie.


Los expertos coinciden que su contextura física no lo acompaña demasiado, y que su técnica es poco ortodoxa y elegante, pero que ahí está la clave de su éxito: a su manera, ha conseguido romper marcas que parecían imposibles.

“Lo que distingue a un buen garrochista de uno extraordinario es la mentalidad, y yo siento que puedo lograr cualquier cosa”, señaló el sueco.

Duplantis, evidentemente, ya tomó la posta y es el nuevo rey de la prueba. Ahora, la duda es hasta qué punto desafiará la gravedad, y si se transformará en leyenda de un deporte que busca desesperadamente un nuevo astro mundial, luego de la vacante que ha dejado el jamaiquino Usain Bolt.

De todas formas, el especialista ya lo ha dicho: “¿Hasta dónde puedo saltar? No lo sé. No me quiero poner límites. Para mí, el cielo es el límite. Tengo recién 20 años. Nací para esto y creo que mi destino es batir récords”.

El atleta sueco celebra con todo: acaba de romper el récord de salto de la garrocha que poseía el ucraniano Sergei Bubka desde 1994. Foto: France Presse

Diego Aguirre Diez

es periodista de Deportes El Mercurio desde 2016, especialista en el área polideportiva, cubriendo tenis, golf, rugby, atletismo, básquetbol, entre otras disciplinas.

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