El centroatacante, una estrechez que acorrala a la Roja
Siguen sin aparecer nuevos especialistas de cara al gol en la selección chilena y para la fecha FIFA venidera Nicolás Córdova ratifica a Ben Brereton y Gonzalo Tapia en la función. Alguno se atreve a postular a “Popín” Castro y Arnaldo Castillo, mientras la médula del problema, dicen, está en la formación. “La metodología actual, donde todo es asegurar la posesión, atenta contra el puesto”, fustigan. “La moda hoy es jugar con un punta que choque y corra al espacio, pero en Chile históricamente tuvo ‘9’ asociativos”, grafican. Al staff de Juan Pinto Durán se sumó César Cortés para el trabajo personalizado en algunas posiciones.
La sistemática descomposición ofensiva de la selección chilena, desnudada en una famélica contundencia, quedó expuesta en la última clasificatoria mundialista, donde la Roja solo apuntó nueve goles en 18 jornadas, apenas superando en pegada al eliminado Perú. La Copa América 2024, sin aciertos en tres partidos, fue otra alarma.
Escarbar es busca de especialistas es tarea permanente. En el proceso anterior se recurrió como centroatacantes a Ben Brereton, Alexis Sánchez, Eduardo Vargas, y con menos minutos a Damián Pizarro, Fernando Zampedri y Felipe Mora. Nicolás Córdova, en un interinato que ya se estira a nueve partidos, ha confiado la tarea de piloto de ataque preferentemente a Brereton y Gonzalo Tapia, los máximos anotadores del ciclo con tres goles cada uno. También hubo espacio para Alexander Aravena e Iván Morales.
“En nuestro gran problema y hace rato”, concluye Jorge Contreras, ex seleccionado. “A nivel local el que más atributos muestra es “Popín” Castro (32 años), pese a que no tiene el biotipo, pero define bien y es desequilibrante. Es un puesto con el que hay poca tolerancia, con Pizarro se apresuraron y no lo terminaron de trabajar, y Ben no es centrodelantero. Creo que dentro de la liga local Arnaldo Castillo (29) merece una opción, lo conocí en Iberia, era tosco, pero progresó mucho, tiene un cabezazo tremendo, se nacionalizó, es valiente y está siendo muy efectivo. Es una posición que merece trabajo personalizado, los chicos tienden a hacer los desmarques hacia el sector de donde viene la pelota, pero muchas veces hay que hacerlo en sentido contrario, alejándose del balón. En otro época, yo con 1,73 metro jugué de ‘9’ tres temporadas en España, porque Gustavo Cortés me trabajó en Palestino la potencia”, añade el “Koke”.
En las oficinas de la selección es seguido Castillo, pero por ahora se prefiere dar preferencia a jugadores más jóvenes.
“Son varios factores que conspiran para la formación de ese especialista. Por un lado, las metodologías empleadas en la formación van en contra de la naturaleza de muchas acciones de juego que uno traía de niño, del barrio, como el exagerado foco en tener la posesión de la pelota; el centrodelantero es un jugador que se forma naturalmente, vive en la cornisa, frente a situaciones que te llevan al cielo o al infierno –en un mano a mano con arquero-, necesita un temperamento y carácter distinto, le debe gustar la luz, vive del sueño, del éxito, tiene que ver con la personalidad, es más egoísta, el que es goleador de niño puede haber ganado pero si no hace un gol no está contento, y desde ahí se pule. Pero la metodología está enfocada en no perder la pelota, el futbolista chileno hoy no arriesga, al “Pato” Yáñez en este contexto le habrían frenado todo ese ímpetu y rebeldía, el desparpajo hace que un jugador defina un partido, por eso antes salían más especialistas”, razona Fernando Vergara, entrenador con pasado de artillero.
Un reputado jefe de cantera, que prefiere reserva, aborda la carencia: “Tiene que ver con las urgencias de los clubes, es una posición que se llena con extranjeros o se opta por un avezado, por eso para un juvenil consolidarse de ‘9’ es muy difícil. La política a desarrollar es lo que hizo Gustavo Quinteros con Damián Pizarro, lo respaldó siempre, aunque fallara, le pasaba hasta los penales, y eso terminó en una buena venta, pero al mismo tiempo atentó contra el último proceso de formación de Damián, que en la edad cuando más debía de jugar dejó de competir”, enseña.
Al staff de selecciones se sumó de manera permanente César Cortés, para atacar falencias puntuales. “Llegó el Chester y es una especie de entrenador individual que está viendo temas específicos de cada jugador y los entrena más allá del colectivo”, dice un testigo. La falta de pegada es reconocida en el búnker de Juan Pinto Durán y se atribuye al poco volumen de trabajo específico e incluso estiman que el generalizado uso del 4-3-3 como sistema táctico -en primeros equipos y fútbol joven- limita minutos para los especialistas. "Siempre juega un solo 9", dicen.
En las distintas categorías de selecciones se insiste con perfiles definidos. En la línea de sucesión trazada figuran Francisco Rossel, Zidane Yáñez (que va como invitado a la gira por Norteamérica), Yastin Cuevas, Amaro Pérez, Amaro Riveros y Felipe Raipán. Cristian Rocha, ariete de envergadura de Temuco, está en la nómina de los Juegos Odesur.
La hegemonía de Zampedri en las últimas siete temporadas, incluida la actual, aplaca cualquier destape. Castro, después del “Toro”, es el atacante nacional que más convierte en 2025 y 2026. ¿Ascenso? Diego Arias, ariete clase 1999, lidera la tabla de goleadores defendiendo al penúltimo Santa Cruz.
“Cada cierto tiempo se pone de moda una forma de jugar, hoy la tendencia es un ‘9’ chocador, que corra al espacio, por eso creo que se insiste en Brereton y Tapia. Pero históricamente siempre hemos tenido ese centrodelantero asociativo que da resultado, ni grande ni alto. Falta esa preparación específica, se les debe enseñar a resolver en situaciones rápidas, cómo y cuándo correr al primer palo o al segundo, el primer control, pero hoy por ese afán de ganar en las categorías de menos edad al más grande lo ponen de ‘9’. Y en Primera lo más fácil es traer un goleador del ascenso argentino”, fustiga Osvaldo Hurtado, goleador implacable en 1987.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







