Juvenal Olmos: “Muchas de las cosas que marcaron mi carrera fueron por rasgos soberbios de mi personalidad”
Honesto, franco y autocrítico, el hoy gerente deportivo de Lautaro de Buin recuerda los pasajes más rudos de su vida, cuando hubo insultos, depresión y crisis de pánico. Cuenta cómo salió adelante. Qué hizo. Y cómo se reinventó en su nuevo cargo, aunque el deseo por entrenar volvió con furia: “Me siento capacitado”.
Juvenal Olmos llega a la cancha de Lautaro de Buin. La observa. Y reflexiona: “Está muy buena… Tiene corcho, no caucho”, dice orgulloso.
—Volver al fútbol es como una nueva vida.
Piensa unos segundos antes de responder. “Nunca me he ido… Ocurre que hay distintas funciones. Y el acercamiento con Lautaro de Buin me devuelve a un lugar más cercano del que tenía en las comunicaciones: camarín, problemas típicos que hay que resolver. Pasaron varias cosas en mi vida. Dejé la pega en la Corporación de La Reina y hace dos años también dejé las transmisiones de TNT Sports; quería darme la posibilidad de vivir de manera distinta, diferente. Los hijos no están, los papás y los suegros fallecieron. Me quedé con mi señora, la ‘Vero’, con quien voy a cumplir 40 años de matrimonio, y en un momento dije ‘qué hago transmitiendo todos los fines de semana’. Viene el acercamiento con Lautaro de Buin, un proyecto nuevo, joven, que necesita crecimiento. Entramos en acción con Carlos Encinas, con quien fui compañero de Educación Física en la U, nos reunimos y me contó del proyecto. Las series inferiores tienen más de 200 niños, hay equipo femenino, inclusivo. Me cautivó, porque tengo libertad”.
Especifica: “Esta cancha necesitaba corcho y cerré con una empresa en buenos términos. Me propuse iluminarla y estamos en conversaciones con dos empresas importantes para la construcción de las torres, el recambio de luminarias, y así tener una más al servicio del fútbol profesional. Está todo construido para que las cámaras transmitan los partidos. Y entré en contacto con Macron, con quien cerré un convenio por tres años para vestir al todo el plantel; esperamos hacer un lanzamiento antes de que termine el campeonato con la ropa nueva que utilizaremos. Vendimos el nombre del estadio, se llamará Macron Arena”.
—Habló de problemas, también.
“Lo más complejo ha sido encontrarme con problemas de premios, de ropa, de partidos amistosos, funciones que antes solicitaba y ahora las tengo que hacer. No sé si es más fácil o no, pero es distinto. Es diferente. Los técnicos tienen otra pega más complicada; la mía tiene tiempo de buscar soluciones. Por ejemplo, hay espacio para dos gigantografías, estoy buscando cerrar algo. Aparte estamos en conversaciones con Mauricio Isla, pues el club le quiere hacer un homenaje. Hay puntos de encuentro y de desencuentro, pero estamos avanzando”.
—¿Cómo sería eso?
“Un partido en el estadio, con su gente, sus amigos, su familia. Avanzamos hasta donde el futbolista lo necesite: los jugadores, sobre todo los que alcanzaron cosas importantes, son bien restrictivos en sus formas. Y nos estamos adaptando hasta donde podamos; el estadio está a su disposición y le presentaremos un proyecto para su despedida”.
Olmos, como en su época de jugador, de puntero atrevido con buen regate, entra al área. “El técnico Encinas me ha preguntado varias veces si quiero dirigir. El acercamiento hacia la cancha está; de hecho, solicité las tareas para renovar el permiso de entrenador. Hasta hace un tiempo por dirigir la selección no lo necesitabas, no sé si seguirá igual, pero solicité todo”.
—¿Dirigir en Lautaro?
“No sé, no es algo que tenga definido. Me gusta. Pero lo que no haría sería mezclar ambas cosas: le hace mal al club, a mí, al proyecto. Soy un amante de los espacios, de los roles, de los límites y los roles del director son uno y los del entrenador, otros. Por este año seguirá tal cual”.
—Usted empezó su carrera de DT en equipos importantes. Volvería en uno de Tercera…
“Hice el duelo del técnico que fui. Ese técnico está descansando, terminó su carrera y este nuevo Juvenal está buscando con más humildad, buscando… ¿sabes qué? Tratar de contactarme con una parte mía que me sigue pidiendo algo. Lautaro es una parte de mí que no está jubilada, que quiere algo más, que se siente con deseos de algo. Estoy tratando de interpretar qué es: si necesito estar afuera, perfecto; si necesito pasto, camarín, cancha, dirigir, lo voy a aceptar. Estoy abierto. No tengo un peso por lo que fui. No es decir ‘dirigí la selección, cómo voy a dirigir Lautaro’. No. Me deshice de esa mochila, ya está, fue. Con éxitos, derrotas, fracasos, con sus cosas buenas, sus cosas malas, saqué, archivé. Y este Juvenal tiene la experiencia de una carrera relámpago”.
—Corta, pero potente.
“Sí. Y Siento que hoy, de nuevo, hay algo dentro de mí que se quiere expresar: estoy tratando de saber si es de afuera de la cancha o dentro”.
—Mencionó la palabra humildad.
“Muchas de las cosas que marcaron mi carrera fueron por rasgos soberbios de mi personalidad que dejé escapar, que no manejé. Me creí el cuento, sentí que había logrado cosas y eso nubla al técnico. Un técnico deja de crecer cuando piensa que lo que logró es muy importante y que no se puede lograr otra cosa. Hay muchas cosas que no funcionaron, no por el conflicto de táctica. El conflicto de táctica no fue mi problema; no fue que dirigiendo a la selección Marcelo Bielsa fue mejor o que Brasil fue mejor. No. Mi conflicto estuvo fuera de la cancha; fue no entender por qué si Chile era mejor que algunas selecciones se formó un encono en contra del técnico. Y eso tiene una responsabilidad mía. Todo eso lo depuré, lo incluí dentro de las cosas que había que mejorar y que no debiera hacer”.
—Quizás su carrera daba para pensar que era muy bueno: en su primer año sube con la Unión, al otro clasifica a la Libertadores con la UC, después es campeón, al siguiente la selección…
“Sí, sí. Pero después me enfrasqué en discusiones. Mi capacidad táctica estaba creciendo, pero una parte de mi personalidad fue en contra mía. En una conferencia de prensa no puedo estar pensando que cualquier conflicto que pase delante mío lo tengo que abordar. Fui demasiado confrontacional y un técnico no tiene que ser así. Un técnico tiene que saber llevar el éxito, el fracaso; y en muchas ocasiones el éxito me llevó a ser más soberbio, más prepotente en mis respuestas. Siempre recuerdo el partido que jugamos con Argentina de local, por las eliminatorias. Lo he visto varias veces: fue 0-0, pero Argentina terminó sin delanteros, metiéndose atrás, y nosotros teniendo seis ocasiones de gol. Uno de mis cambios fue sacar a un volante defensivo, Rodrigo Meléndez, y meter a Milovan Mirosevic”.
—Cambio ofensivo.
“Y el estadio me puteó... Con el tiempo decía ‘por qué este encono con este personaje’, porque el ‘perro verde’ era un personaje: un tipo confrontacional, un tipo que contestaba y al que no solamente le bastaba con contestar, sino que en muchos casos a algunos colegas tuyos me los quería pasear… Me di cuenta de que parte del no logro de algunos objetivos importantes fue por esa parte oscura de mi personalidad que no supe manejar y por lo que haya sido: porque era muy joven, porque no tenía experiencia… Me conformaba con decir ‘no, si adentro de la cancha nos superan’. Y vino la avalancha de la gente. Después de eso, no he visto ningún técnico más maltratado que Juvenal Olmos; vi técnicos a los que no le fue bien y que salieron caminando sin ningún inconveniente. Que gritara un estadio completo fue un exceso, como mucho. Y de eso tengo parte, me hago cargo”.
—Pasó el tiempo, pero las imágenes se pueden ver… Las ha visto, ¿y?
“Me da pena. Siento desprotección, ningún ser humano se merece eso. Pero entiendo que hubo gente interesada en que se generara, porque la avalancha de multitudes muchas veces es generada por opiniones… Pero mira, entendí todo. Esa película la vi mil veces y de pronto algo cuajó, algo acepté y hoy me siento en medio de las hinchadas y no tengo el temor de lo que ocurrió”.
—¿Cuánto tiempo pasó entre pensar que tenía la razón a darse cuenta de que en algo había fallado?
“Hasta que me enfermé. Estuve dos años con un terapeuta, iba dos veces por semana. Me diagnosticaron crisis de pánico: veía dos personas y pensaba que me iban a atacar. Estuve un año sin trabajar, no quería salir de la casa. Me enfermé, tuve depresión. No podía salir, porque no quería soltar que también era responsable. ‘El baile de TVN’ me ayudó muchísimo, de hecho, lo hice por eso. Necesitaba salir de la estructura en la que estaba metido; la maratón de Nueva York, corriendo con zapatos, 42 kilómetros, obedeció a hacer cosas nuevas y salir de ese look enfermizo. Un día desperté y dije ‘Juvenal, no más’. Llevaba ocho meses sin hacer nada. No salía de mi casa, porque salía y me puteaban, andaba en auto y me escupían el parabrisa. Y dije ‘no puedes salir así’, ‘no es tu actitud’, ‘no eres un tipo depresivo…’. Llamé a un amigo taxista y le dije ‘déjame en Alameda con Ahumada y después me recoges’. Y pensé: ‘Voy a caminar cinco cuadras, lo necesito’. Iba transpirando. La primera cuadra me fui por los costados, pero sin mirar a nadie. Dije ‘hueón, esto no sirve para nada, tienes que mirar a la gente’. Y lo hice, y encontré puras cosas positivas, sobre todo de las mujeres, que me decían ‘voté por usted en el baile…’. Otros me decían ‘perro verde, nos dejaste fuera del Mundial’ y yo ‘sí, compadre, cómo le va’. Fue el primer paso, una gran experiencia y logré sacarle provecho. Logré internalizar los errores y los aciertos”.
—¿Qué le gustaría lograr en Lautaro?
“Desde afuera ya empezamos: la cancha, las luminarias y estamos en la recepción final del estadio, en el DOM de Buin. Nos han hecho todas las sugerencias. Y queremos seguir con un mejoramiento de los ingresos, ver todo lo que hay de tierra y transformarla en asfalto. Queremos que esta cancha reciba futbol profesional en 2027. Llueve y no le pasa nada. Tiene camarines grandes, amplios, pero hay que terminarlos. ¿Deportivamente? Es otra cosa. Llevar a Lautaro a Primera son grandes batallas; primero hay que subir de categoría, estamos en la pelea. Después viene la más difícil, que es Segunda División, porque te debes comprometer a muchos gastos y no tienes ingresos, entonces no puedes permanecer mucho tiempo en esa serie. La Primera B es complicadísima y ni hablar de Primera… Es el sueño, lo concreto es paso a paso”.
—El Juvenal de antes habría dicho “queremos ser campeones de Primera”.
“El Juvenal de antes ya habría estado metido en la cancha, pero hubiera sido un error. No conozco la categoría. Muchas veces uno comete el error de decir ‘el central tiene que hacer esta cobertura’ o ‘el lateral tiene que cerrar’ y nos olvidamos que en Tercera el jugador llega sin cadetes, sin preparación y sin conceptos. Y uno dice ‘pero cómo, lo debe tener claro’, pero nadie se lo enseñó. Si hubiese ingresado este año de técnico generaba conflictos internos en el futbolista, porque hay un técnico. Imagina le digo ‘tienes que hacer esto’ y el jugador dice ‘me están diciendo dos cosas’. Al final los camarines se terminan quebrando… Me he tomado con mucha calma este ingreso. No siempre los cambios inmediatos son los que permiten crecer”.
Olmos da un paso atrás. “Después del evento del Paseo Ahumada logré una cosa, pero no todo estaba resuelto; hubo muchas empresas, bah, algunas, que me ofrecían ir a con gente a los partidos. Acepté ir a ver a la selección, pero lo pasé pésimo. Estaba camuflado, me tapé la cara, lo pasé mal, mal, muy mal… En ese proceso mi señora fue mi principal soporte; Patricio Mardones, Carlos Soto y Óscar Meneses conocen la historia. Me costó muchísimo. Había navidades en que veía multitudes, 20 personas, y volvía el tema. Era un agujero que no sané rápido; cuando estuve en Everton o en Newell’s dirigía, pero tenía un hoyo en el estómago. Ya no está y entendí por qué”.
—¿Por qué?
“Porque cuando uno no suelta el pasado, las cosas malas que sucedieron, o las experiencias fuertes, sigues ahí, aunque pasen cinco años. Y se repiten, por los recuerdos, porque el recuerdo lo vives en presente. Entonces fue una tecla técnica dentro de la cabeza donde dices ‘ya, listo, basta, fui responsable, pero hasta este punto, no de todo’. En mi carrera tuve deficiencias y las acepté. La imagen narcisista, como la tenía yo, quería cambiar los partidos, manejar el resultado, creer que de mí dependía casi todo. Pero cuando aceptas que eres una parte y que el resultado lo definen los jugadores, aprendes”.
—¿En qué etapa de su vida aparece Lautaro de Buin?
“Me siento con ganas, con energías. Dejé las transmisiones y el municipio por creer que aun puedo hacer algo que necesito. Esto es libertad; nadie está detrás de mío diciéndome ‘ya pues, cierra con Macron’ o ‘cierra con Construmart para terminar el estadio’. Estaba feliz en las otras pegas, pero son trabajos de oficina, establecidos, formateados, puedes estar así 20 años. Acá no, vuelve a ser un desafío. Siento que me lo merecía, que me lo merezco, cualquiera de las dos opciones: afuera o dirigiendo. Siento que tengo algo que hacer. Cuando uno es joven tienes muchas ideas, desde ser astronauta, esquiador a ser entrenador, pero con los años vas perdiendo ese deseo y terminas más tranquilo, sin ganas de transgredir. Ahora tengo esa fuerza de transgredir en lo deportivo. Tengo ese impulso y lo acepté, que es lo más importante, porque se presentó muchas veces y yo mismo lo castré, dije ‘ya no’”.
—Es verdad, dijo que no dirigía más.
“Pero mi ser interno me pidió cosas y estoy dispuesto a hacerlo. El volver al fútbol siempre fue un ‘no’ de mi familia: ‘Te enfermaste’, ‘no estás en esta faceta’ y hoy lo aceptan. Mi hija está feliz: ‘Seguro que Juvencio’, porque así me dice, ‘estará un año de gerente y volverá a dirigir’”.
—Debe ser porque lo ven bien.
“Sí, me ven de otra forma. Lo más importante es que me escuché, estuve mucho tiempo sin escucharme”.
—¿Era lo que le faltaba para volver a ser feliz?
“Sí. Era un punto importante. Uno de los puntos importantes era no recriminarme, no castigarme, no bloquearme. Durante muchos años bloqueé mis emociones, lo que sentía: ‘No sirvo’, ‘estoy viejo’, ‘estoy fuera’. Y de repente me he sanado más allá de lo que pensaba y me siento capacitado para ser consecuente con mi voz interna que me dice ‘todavía estás para esto’”.
“LA UC TIENE UN PRESIDENTE QUE NO ES CERCANO”
“A la UC le sigue faltando la cercanía con su gente, un espacio de acompañamiento hacia un centenar de futbolistas que fueron importantes y que hoy se sienten fuera del proyecto deportivo. Le sigue faltando un vocero cercano. En Colo Colo el vocero es Aníbal Mosa. Puedes decir ‘la cagó’, ‘mira lo que dijo’, ‘cómo dice eso’, pero el tipo está ahí, es cercano. Es lo que no tiene la U, la U no tiene un vocero. Gana o pierde, el hincha mira hacia arriba y pregunta quién está… En su momento, en O’Higgins era Ricardo Abumohor. Eso le falta a la UC para explicar cosas que son difíciles de explicar cuando uno quiere maquillar el tema. Me encanta el estadio, es una maravilla, pero va por otra línea, una comercial, tipos que fueron tan ingeniosos de vender el nombre, como lo hizo Lautaro. Lo encontré genial. Total acierto”.
—¿Y en el punto futbolístico?
“Ha sido un equipo competitivo, pero que no da el salto grande que debiera tener, el importante”.
—El que se le pidió antes de los octavos de final de la Copa Libertadores.
“No te fuiste de la Copa Libertadores en tu mejor momento, porque la mejor versión fue cuando le ganó a Boca. ¿Qué ocurrió después, por qué no llegó nadie? No llegó nadie y estabas a nada de competir, quizás perdías igual, pero competías. O’Higgins compitió. Me dio esa sensación, que el hincha de la UC se quedó con la bala pasada de que no tenían todo lo que tenían que meter. Faltó arrojo, coraje, riesgo, porque el riesgo de traer un jugador es un riesgo. ¿Pero y si servía y pasabas de fase? El ‘Tati’ fue un gran profesional, tuvo grandes logros, pero no tenía una vocería cercana. La UC tiene un presidente que no es cercano: Matías Claro no tiene esas características. Puede ser seco en finanzas, bueno en otras cosas, pero las habilidades blandas no se las he visto. Y no hay nada peor para un presidente que viene entrando que todo el estadio lo putee”.
—Está en la búsqueda de un gerente.
“Y debe ser complementaria, no antagónica. Si el presidente es callado no puedes traer un gerente deportivo callado; tiene que ser cercano, capaz de convivir con la gente, con las puteadas. No puede tener un gerente deportivo de oficina, por eso descarto un gerente que no haya estado ligado a la cancha. La UC tiene secretarías técnicas, mucho profesional, seguramente muy capacitado, pero la cabeza debe ser de cancha. Ya tiene un presidente de oficina. En Colo Colo las dos personas que están al lado de Mosa son Daniel Morón y Jaime Pizarro, los dos introvertidos. Entonces dejan al presidente que se libere. ¿Cómo era el doctor René Orozco? Expresivo, no necesitaba un gerente expresivo, porque iban a chocar. Por eso deben ser complementarios. No es el tema de un profesional que estudió; va a tener un equipo que trabaja para él que seguramente mapea Argentina, Colombia, las inferiores, pero el que haga de cabeza tiene que ser una persona con habilidades blandas, capaz de gestionar los conflictos y comunicarlos”.
Raúl Neira
es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.







