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La pizarra sí jugó en el Superclásico

¿A qué apostó el DT de Colo Colo? A que la U no jugaría con tres atacantes (Arce no se acomodaría en la izquierda). De esta forma, modificó el dibujo táctico de manera brutal: pasó del 3-1-4-1-1 que venía actuando en los anteriores encuentros, a jugar 4-1-4-1.
Foto: Photosport
Sergio Gilbert24 de agosto, 2026
Aunque Fernando Ortiz quiso bajar los decibeles al tema por eso de los códigos entre colegas, es un hecho que el triunfo de Colo Colo en el Superclásico tuvo mucho que ver con las diferencias en las puestas de escena táctico-estratégicas de las bancas.

Hay que comenzar con un punto importante: tras haber conseguido cierta estabilidad en los últimos partidos, el DT de la U, Fernando Gago, tenía que resolver cómo estructuraría su oncena ante la ausencia de Lucas Assadi, titular y buena figura esos encuentros.

Ante ello, Gago tenía dos opciones: mantener el sistema táctico (4-2-1-3) que se había asentado, o reestructurarlo de acuerdo a los jugadores con los cuales contaba a un 3-4-1-2, sistema que parecía ser una opción en virtud de la llegada de Igor Lichnovsky al plantel.

El entrenador de los azules optó por la primera alternativa haciendo un cambio de nombre (Tobías Reinhart por el ausente Assadi) y un movimiento táctico de un jugador (Agustín Arce movido hacia la izquierda, donde jugaba Assadi).

Se podría pensar que esa decisión de DT azul fue suficiente para perder. Pero no. Fue un factor importante, pero no decisivo. Lo que lo complementó fue la respuesta de la banca de Colo Colo.

Fernando Ortiz hizo dos movimientos en su equipo: confirmó a Javier Correa como titular en lugar de Maximiliano Romero y sacó a Tomás Alarcón para poner como sustituto a Lautaro Pastrán.

¿A qué apostó el DT de Colo Colo? A que la U no jugaría con tres atacantes (Arce no se acomodaría en la izquierda). De esta forma, modificó el dibujo táctico de manera brutal: pasó del 3-1-4-1-1 que venía actuando en los anteriores encuentros, a jugar 4-1-4-1.

Esta modificación tuvo mucho sentido porque con ello los albos, incluso teniendo menos posesión que la U, controlaron el partido.

La explicación parece lógica. Arturo Vidal salió de la posición de líbero y se sumó a la primera línea de contención de volantes (conformada también por Jeyson Rojas y Diego Ulloa) para igualar la estructura de la U en el sector donde tenía más gente (Charles Aránguiz, Lucas Barrera, Reinhart y el propio Arce, quien tendía a volver a esa zona que, para él, es de confort).

A ello, Ortiz sumó otra propuesta más que interesante: que Lautaro Pastrán y Leandro Hernández, jugando a las espaldas de los volantes azules, se abrieran cada uno a sus puntas para jugar mano a mano con los laterales de la U (Fabián Hormazábal y Marcelo Morales) e impedir que estos fueran factores ofensivos y, a la vez, para que Correa tuviese siempre la opción de buscar espacios entre los centrales azules (Matías Zaldivia y Nicolás Ramírez).

Todo esto sorprendió a la U en el primer tiempo. Y si bien Gago intentó dar vuelta la realidad con la entrada primero de Lichnovsky por Maximiliano Guerrero (para intentar soltar a los laterales) y luego de Ignacio Vásquez por Arce (para volver a tener un puntero), no le alcanzó para impedir la victoria de Colo Colo que, en el segundo tiempo solo hizo dos cosas: tratar de llegar con jugadas más construidas (como en el gol de Correa) e intentar no ser sorprendido en los centros altos, que es una debilidad alba.

Todo eso estuvo en la libreta de Ortiz.

Y aunque él lo descarte por eso de las buenas prácticas “de camarín”, es lo que quedará del Superclásico 200.
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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