La familia en el Mundial: ¿dónde están los límites?
La selección de Curazao decidió permitir incluso que los futbolistas duerman con sus parejas y sus hijos en la concentración en Miami; mientras la mayoría de las mujeres de los jugadores comparten instantes con sus familias en medio de la concentración. Otros, como el belga Jeremy Doku, decidió abandonar el régimen para acompañar el parto de su esposa.
Durante años, las concentraciones durante un Mundial fueron prácticamente un régimen de aislamiento total. Sin visitas, sin ratos libres. Un puñado de selecciones sí permitían la presencia de familiares e, incluso, ratos de intimidad, pero la norma era la reclusión.
De a poco, las medidas se fueron liberalizando. Alguna vez, un entrenador permitió que solo los jugadores casados tuvieran acceso a noches con su familia (“no necesitan conquistar ni impresionar”, justificó), aunque la rebelión que se produjo en el camarín malogró la medida.
En el Mundial 2026, la presencia de las familias de los jugadores es bastante notoria. Varias de las WAGS (acrónimo inglés para esposas y mujeres de los futbolistas) son famosas por derecho propio y asoman con credenciales en las tribunas para acompañar a sus parejas y compartir breves momentos después de los partidos.
Seleccionados de Noruega, Inglaterra, Brasil, entre otros, suben a las tribunas de los estadios para besar a sus esposas o novias, disfrutar un rato con sus hijos antes de volver al régimen de concentración. Otros, como Colombia, permitieron una visita en medio de una práctica de todas las familias para celebrar el Día del Padre, el domingo pasado, mientras preparaban el duelo contra Congo.
“La familia es el lugar en el que los jugadores recargan energías. Antes se pensaba que era una distracción, pero hoy se considera que es un factor de recuperación mental, sobre todo en un torneo que puede durar hasta 39 días”, expone el psicólogo deportivo Alexi Ponce.

El escocés Anthony Ralston, ausente del duelo ante Brasil, vio el partido con su famlia en la tribuna. Foto: EFE.
“Se necesita, eso sí, apoyo de los profesionales de la selección, para que la familia no aumente la presión, pero sí, me parece que sí o sí ayuda, son muchos más beneficios que problemas los que trae la presencia de la familia en las concentraciones”, añade el profesional.
Pero el caso más extremo lo ofrece Curazao, que permitió incluso alojamiento compartido. Los jugadores duermen con sus esposas y, quienes tienen hijos, disponen de una habitación extra, todo financiado por la federación insular.
“La intimidad puede ser útil, pero quizás más a nivel emocional. Durante un torneo largo, tener a la familia cerca puede ayudar a reducir la nostalgia y brindar paz y relajación a los jugadores”, explicó la doctora del equipo, Suzanne Huurmann.
“Para muchas familias, el costo de viajar y permanecer en Estados Unidos durante semanas por su cuenta es demasiado elevado. Por eso, la federación decidió subvencionar este gasto para que los jugadores puedan estar acompañados por sus parejas e hijos. De lo contrario, algunos jugadores podrían sentirse ansiosos y estresados”, añadió la profesional.
LIBERTADES Y PERMISOS
Pero no es el único roce entre familia y Mundial. Bien lo sabe el belga Jérémy Doku, que abandonó la concentración de su selección en Estados Unidos para volar a Inglaterra para acompañar a su esposa Shireen en el nacimiento de su primogénito, desatando críticas en medios por dejar el Mundial de lado, pero con el respaldo público de la federación y de sus compañeros.

Jérémy Doku recibió el respaldo de compañeros, cuerpo técnico y federación para viajar a Londres al nacimiento de su hijo. Ya volvió al campamento belga. Foto: France Presse.
El miércoles nació Praise y Doku volvió de inmediato a Estados Unidos para reincorporarse a su selección, que el viernes se mide con Nueva Zelandia en un duelo clave por la clasificación. “Darle la bienvenida al mundo a mi hijo es una de las mayores bendiciones que Dios me ha dado”, escribió el futbolista en sus redes sociales.
“Por cierto, ¡el mejor compañero de parto que se pueda imaginar! No habríamos podido hacerlo sin ti, papá”, completó su esposa, Shireen.
Una decisión que el psicólogo Alexi Ponce valora positivamente, más allá del desgaste de un viaje intercontinental para estar menos de 48 horas con su familia.
“La recuperación física por el largo viaje y el jet lag le durará unos dos días, pero en lo emocional llegará en perfectas condiciones, con un impulso gigante por el momento que vivió con su familia. Fue una buena decisión, porque si se hubiera quedado, habría estado con la cabeza en otra parte”, cree.
Está también el caso del estadounidense Brenden Aaronson, que había programado su boda para el 30 de mayo, un par de días antes del inicio de la concentración de las “Águilas” previo al Mundial.
Sin embargo, Mauricio Pochettino, el entrenador de Estados Unidos, adelantó al 26 de mayo la citación, pero finalmente autorizó la salida de Aaronson a su matrimonio, aunque con la obligación de reincorporarse esa misma noche a la concentración. Lo hizo a las 3:30 horas.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







