Santiago de Chile.   Sáb 20-06-2026
21:07

Tiempos deshidratados

La FIFA modificó los factores, el producto y la operación entera. Intervino la nomenclatura y alteró la estructura de un partido. La diosa blanca de la FIFA deconstruyó la herejía gracias a la pausa de hidratación y la feligresía sigue fiel y no cuestiona su fe.
Foto: FRANCE PRESSE
Antonio Martínez20 de junio, 2026
La FIFA está utilizando el Mundial 2026 para enriquecer la pausa de hidratación y amplificar sus posibilidades.

Es un ejercicio de pedagogía comercial para cada uno de sus 211 países asociados.

El relato comunicacional partió años antes, lo primero fue dorar la píldora y crear la costumbre. Era por la salud de un ser humano con el fin de prevenir fatigas y reducir riesgos de lesiones, y por eso líquidos, toallas húmedas y fruta, si es necesario.

Un oasis para la persona y un par de palmeras al agotado jugador, es el descanso y la pausa que refresca. Dátiles, vertiente de manantial, hielo para los labios, paños fríos en la sien o en las pantorrillas.

Así se hace el hydration break, para que el mundo lo vea y sepa, Chile incluido, y se avive TNT Sports, por ejemplo. Es la FIFA que, como gallina vieja, les enseña a los polluelos como picar más y donde moler mejor.

Hay otros temas, pero son del tipo señuelos. Lo de los laterales rápidos y no más de cinco segundos de espera. No taparse la boca y decir lo que se le antoje. Lo de las segundas tarjetas amarillas y el VAR, que además revisa ciertos tiros de esquina. Esos ajustes reglamentarios y arbitrales son lo que son: sondas de entretención para los especialistas y que discutan los que saben y se den vuelta en redondo los analistas. Son distracciones como los juguetes que se entregan a un niño pequeño, para que se divierta en la pieza del lado, no moleste a los mayores y se despreocupe de lo que importa. Mejor que ni lo mire y se lo saque de la cabeza. O que mire para el lado, que tampoco es tan dramático.

Lo que importa y la gran noticia es que los partidos de fútbol se trozarán sin timidez ni temor por la historia o los orígenes. El molde a seguir y el guión de la TV son el básquetbol y el fútbol americano.

Así será.

Primer tiempo: 23 minutos, más o menos. Commercial break: Tres minutos y fracción, caben siete avisos cómodamente.

Segundo tiempo: 22 minutos aproximados más los descuentos.

Intermedio: 15 minutos.

Tercer tiempo: 23 minutos, más o menos. Commercial break: Tres minutos y algo más, caben otros siete.

Cuarto tiempo: 22 minutos, más los descuentos.

La FIFA modificó los factores, el producto y la operación entera. Intervino la nomenclatura y alteró la estructura de un partido. La diosa blanca de la FIFA deconstruyó la herejía gracias a la pausa de hidratación y la feligresía sigue fiel y no cuestiona su fe.

No lo hizo con vudú ni magia negra ni hechicería.

Lo hizo con inteligencia, paciencia y aprovechó el encantamiento universal que otorga un Mundial, donde los botones de muestra son las butacas para gobernantes, millonarios y estrellas de cine. Ante tanto dinero, influencias y poder, cualquier ser humano asume cierta condición de zombie, digamos, donde se reduce el discermiento y el juicio, pero no la pasión y el apetito. No hay para qué pensar, hay que mirar el espectáculo nomás.

En eso estamos.

En unos tiempos deshidratados.
Antonio Martínez

es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).

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