Desde Uruguay 1930 a Messi 2022, los diez hitos en la casi centenaria historia de los mundiales
En 96 años de historia y 22 torneos celebrados, la bitácora de la Copa del Mundo ofrece un relato enjundioso donde aparecen momentos épicos, triunfos gigantes y derrotas lacerantes. Desde el primer campeón en 1930 hasta la consagración de Lionel Messi en Qatar 2022. El “Maracanazo”, la irrupción de Pelé, el “Fútbol Total” de la Naranja Mecánica, la epopeya de Maradona y el pentacampeonato de Brasil, entre otros, dan calibre a un campeonato único.
Primer campeón: Uruguay 1930
La idea de la Copa del Mundo fue concebida por Jules Rimet y Henri Delauny, dos dirigentes franceses. Uruguay se quedó con la primera sede anticipándose a otros cuatro aspirantes a albergar el naciente torneo: Italia, Holanda, España y Suecia, que no viajaron a Montevideo. Compitieron 13 países y el anfitrión superó 4-2 a Argentina en la final.
“El título fue tomado como la continuación del gran ciclo París 1924 y Ámsterdam 1928 –coronas olímpicas-, incluso se habló del tercer título mundial y por eso hasta hoy está vinculado al tema de las cuatro estrellas de Uruguay. Así lo indicaba la FIFA y la prensa, la revista France Football en 1950 habla del cuarto título mundial de los celestes. Ese equipo del 30 descansaba en una gran generación de futbolistas surgidos en un momento especial de un país muy próspero donde los inmigrantes se habían integrado muy bien, varios de los campeones de esos años eran hijo de españoles e italianos que permitían un Uruguay optimista y audaz en todos los campos; esa selección tenia una escuela propia a partir del fútbol escocés del pase corto, enriquecido con la gambeta criolla, porque en los campitos del país se jugaba al fútbol todo el día, allí surgió esa habilidad estontánea que asombró a los europeos. Desde 1900 la gran rivalidad era con Argentina, pugna que potenció a ambos, eran los países donde mejor se jugaba a fútbol en esos años. Nombres relevantes de la campaña: el capitán José Nasazzi, verdadero conductor del equipo, el hombre que mandaba en el campo y hasta tenía voz para armar el equipo; Héctor Scarone, el talento del equipo, además de certero goleador; Lorenzo Fernández, centro-half, patrón de la mediacancha”, detalla Luis Prats, historiador y autor del libro La Crónica Celeste.
Maracanazo 1950
La Copa del Mundo posterior a la guerra significó que el cetro volvió a poder de los uruguayos después de dos décadas. La última jornada de la liguilla por el título –no hubo final como tal- entronizó a Uruguay venciendo 2-1 a Brasil ante un Maracaná colmado por 200 mil espectadores. “Fue un triunfo basado en un gran nivel futbolístico y apoyado en la fuerte personalidad del equipo, que hizo que los jugadores uruguayos no se intimidaran ante un escenario como el Maracaná, como le pasó antes a Suecia y España (aplastadas por el Scratch). El equipo tenía en un momento de excepción a Alcídes Ghiggia, puntero derecho, muy veloz y goleador; y un líder espiritual como Obdulio Varela, el caudillo. Sume a Juan Alberto Schiaffino, cerebral, estratega, autor de pases geniales”, sintetiza el historiador oriental Luis Prats.
Hungría 1954, el juego mágico
No ganó el título, pero cambió el juego para siempre. El seleccionado húngaro, pasó a la eternidad como los “Magiares Mágicos”, trastocó la concepción de este deporte a mediados del siglo pasado, llegando a la final del Mundial 1955, perdiendo 3-2 ante Alemania en Berna. “(Ferenc) Puskas, (Sandor) Kocsis, (Nandor) Hidegkuti, Bozsik; éstos eran los nombres, los hombres, en torno a los cuales estaba construido el extraordinario equipo húngaro (…) Hidegkuti había perfeccionado un concepto completamente nuevo de la posición de delantero centro. Su secreto era que no sólo jugaba retrasado gran parte del tiempo, permitiendo a Kocsis y Puskas trabajar como una doble punta de lanza y sirviéndoles inteligentes pases; también era letal cuando irrumpía desde atrás, para sacar partido de su tremendo disparo con la pierna izquierda (…) Parecía como si Hungría hubiese producido un nuevo tipo de superfutbolista”, reseña el británico Brian Glanville en la “Historia de los Mundiales”, de los mejores recuentos en la materia.
En el libro La Pirámide Invertida (Jonathan Wilson) establece que el “Aranycsapat” (equipo de oro, como también se le conocía al conjunto que lideraban desde la estrategia Gustav Sebes y Gyula Mandi) “fue una gran promesa no concretada” en Suiza 1954, luego de permanecer 36 partidos invictos, racha donde incluso apabulló a Inglaterra en Wembley (6-3) y que en la final perdida la “cancha barrosa” dificultó su “juego de toque”, sumado a cierta “fragilidad defensiva”.
Asoma Pelé, ‘O Rey’
En Suecia 1958 Brasil logra su primera corona del mundo, un equipo entonado con la frescura de un muchacho de 17 años: Pelé, que deslumbró con tres goles en la semifinal ante Francia (5-2) y dos en la final ante el local (5-2).
“La victoria de 1958 tiene un valor incalculable para el fútbol, no solo en Brasil sino a nivel mundial. Marca la primera y única vez que un equipo no europeo ha ganado una Copa del Mundo celebrada en Europa. Además, este logro se consiguió con un fútbol extraordinario, basado en la inteligencia de Didí, el estilo dionisíaco de Garrincha y el surgimiento del fenómeno Pelé. Más allá del terreno de juego, vale la pena recordar el impacto del equipo multirracial del 58 en el movimiento antirracista en el deporte. Si 1958 inauguró la época dorada del fútbol brasileño, 2002 puso fin al período de hegemonía del llamado ‘País del Fútbol’. La historia posterior al pentacampeonato ha puesto en tela de juicio esta representación, en parte construida por el discurso del estereotipo, en parte reafirmada como identidad propia. En cualquier caso, cada cuatro años, los brasileños esperan el regreso del ‘fútbol-arte’”, expone José Paulo Florenzano, profesor de antropología en la Universidad Católica de Sao Paulo e integrante del consejo consultivo del Museo del Fútbol paulista.
Brasil 1970, eclosión del ‘jogo bonito’
En muchas publicaciones se reconoce al Scratch de 1970 como la mejor selección en el historial de la Copa del Mundo, que sintetizó la fantasía de juntar en una oncena a varios ‘10’, todos jugadores finos y diferenciales: Pelé (Santos), Tostao (Cruzeiro), Gerson (Sao Paulo), Rivelino (Corinthians) y Jairzinho (Botafogo). “Sacarle la pelota a ese equipo era imposible”, admite el uruguayo Víctor Espárrago, que enfrentó al monarca de hace 56 años en la semifinal.
Laureano Ruiz, emblemático entrenador español, aseguró en estas páginas que el Brasil 70 apenas es superado por Hungría 54, “porque el sistema defensivo de Brasil, incluyendo el meta (Gilmar), no estaban a la altura de su ataque. Dicho eso, Gerson fue centrocampista glorioso, y unos atacantes como Tostao, Rivelinho, Jairzinho y, por encima de todos, Pelé; existía una gran creatividad, una constante belleza en el juego”, detalló.
Simplemente, el “Fútbol Total”
Álex Couto Lago, entrenador y escritor aborda los alcances la selección neerlandesa en 1974, liderada por las ideas de Marinus Michels y el liderazgo de Johan Cruyff. “Fue un cambio de paradigma, a partir de ahí dejó de jugarse y entrenarse como se hacía, fue un impacto brutal. Holanda se testeó en el Mundial 1974 con los tres referentes sudamericanos y los desmembró a todos, jugando un fútbol nunca visto antes, salvo los que habían visto al Ajax, aunque en otra dimensión. El equipo se diferenciaba en la velocidad de la circulación de la pelota, en la alternancia del juego individual y colectivo, intercambio de posiciones (Suubier con Rep, Krol con Rensenbrick, Haan y Van Hanegeen en el medio, y Cruyff n un rol dinámico como un falso nueve), control absoluto del juego, reducción de espacios hacia delante, la presión defensiva, con superioridad posicional en la zona de balón, que fue lo más innovador. Los sudamericanos caminaban y los holandeses volaban. Holanda no culminó en el partido determinante (perdió la final 2-1 ante Alemania Federal) como le pasó a Hungría 54, pero ese fútbol total vino determinado porque rompieron los patrones de comportamiento, no jugaban en la posición, jugaban desde la posición, proyectarse rompiendo líneas, llegando con mucha gente a zona de finalización, jugando con mucho ritmo y oleadas de ataque. Ahí se muere la vieja concepción del futbolista sudamericano para entrar en una coyuntura nueva: Preparación física adaptada a fútbol, la especificidad de las funciones adaptadas a los puestos”, observa el DT.
La gesta de Maradona
La segunda corona planetaria de Argentina tuvo la épica del ‘10’. “Por como venía ese equipo y por la previa que había tenido no se esperaba que la selección llegara alto y la actuación de Diego Maradona superó cualquier expectativa y se transformó en el nuevo rey del fútbol mundial con 26 años, sin ningún discusión se elevó como el mejor jugador del mundo; toda la gesta se fue dimensionando más con los años porque después ninguna de las selecciones que tenían buen juego –como la de Basile en 1994 y Pekerman en 2006, incluso el 2014 ya con Messi mereció ganar la final, no así el trayecto en el torneo- pudo coronarse, todo eso agiganta más lo de Diego. La cuestión con los ingleses, la guerra de Malvinas, un plantel peleado, viajes que parecían sin sentido, cada vez es más increíble que se hubiese logrado el título en tanta adversidad. Maradona decía que su combustible era la adversidad, él contaba que el 78 cuando Menotti lo dejó fuera de la lista del Mundial no quiso permanecer con el plantel y fue a jugar con Argentinos Juniors el fin de semana, ganaron 5-0 a Chacharita y Diego hace tres goles, él dice que se di cuenta que la adversidad era mi combustible. Después la final del 2022 tiene un montón de épica, pero en el tiempo ninguna como la de Maradona el 86”, detalla Oscar Barnade, periodista de Clarín, vicepresidente del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF) y coautor de libro “1986 La verdadera historia”.
El “Pentacampeonato” en Asia
Brasil llegó a la cúspide en Japón y Corea del Sur 2002 bajo la estrategia de Luiz Felipe Scolari, disruptiva para la tradición del Scratch. “La apuesta por los tres zagueros fue una novedad importante para Brasil y terminó siendo una de las claves del éxito. Ronaldo es la imagen que todos recuerdan. Después de todo lo que había vivido antes del Mundial, verlo marcar ocho goles y decidir la final contra Alemania fue algo muy especial. Pero aquel equipo tenía mucho más. Rivaldo jugó un Mundial extraordinario, Ronaldinho apareció en momentos decisivos, y jugadores como Cafu, Roberto Carlos, Gilberto Silva y Lúcio sostuvieron una estructura muy fuerte. Lo mejor de esa selección es que encontró un equilibrio muy difícil. Tenía talento de sobra, como tantas selecciones brasileñas, pero también tenía orden, compromiso y una idea de juego muy clara”, sintetiza Leonardo Miranda, analista táctico formado en Academy CBF.
El triunfo del“tiki-taka” español
“El Mundial de 2010 sirvió para darle la legitimidad definitiva al estilo de juego que la selección ya venía integrando desde la EURO 2008 con Luis Aragonés, apoyándose como base en el estilo del Barcelona de Pep Guardiola. Esta legitimidad se dio sobre todo de cara al exterior, ya que le dio cierta 'inmortalidad' a aquella idea de juego, aunque curiosamente desde el punto de vista futbolístico, el juego que desplegó España en 2012 fue incluso superior al de aquella fecha. Más allá de situar a jugadores como Xavi o Iniesta en la lucha por conquistar un Balón de Oro que no se terminó dando por haber sido coetáneos de Messi y Ronaldo, el gran sello de aquella España lo ha representado el gran número de jugadores y entrenadores españoles que salieron al extranjero a partir de aquel momento. Antes de 2010 eran muy pocos los jugadores españoles que se lanzaban a jugar al extranjero y triunfaban. Con el título de campeones del mundo, no sólo vimos un desembarco sin precedentes en la Premier League inglesa, sino que en cualquier país del mundo el simple hecho de ser español ya suponía un plus, independientemente del nivel. Desde entonces, en muchas ligas europeas, asiáticas y africanas, se han buscado contrataciones de españoles confiando en que, sólo por haber nacido allí, ya tuvieran la receta para triunfar como aquella selección de 2010. A pesar de los malos resultados en los siguientes mundiales (desde el de Brasil hasta el más reciente de Catar), esa imagen se ha mantenido vigente, y los jugadores y entrenadores españoles siguen siendo perfiles muy demandados en todo el mundo. Esa es quizá la mejor muestra de hasta qué punto ha sido relevante aquel 1-0 ante Países Bajos en Sudáfrica”, apunta el periodista hispan Agustín Galán.
Messi se hizo eterno en Qatar
“Era el quinto mundial de Messi y todos pensábamos que podía ser su último, y estaba la sensación que cada partido que jugaba sería el úlitmo partido de Leo en la selección. Lionel Scaloni le dijo ‘vos disfrutá y después vemos’, Messi no había metido ningún gol en un mata-mata durante los mundiales anteriores y en Qatar metió en los cuatro partidos (Australia, Países Bajos, Croacia y en la final con Franicia), es un guión increíble. La comparación con Maradona era insoportable, yo era de los que pensaba que nunca iba a aparecer un jugador mejor que Diego, y Messi es mejor, a lo sumo está a la par. Tuvo una influencia tremenda, contra Croacia estaba con molestias en el isquiotibial, se masajeaba él, y sobre el final hace la jugada que saca a pasear a Gvardiol, increíble. A veces dependes de los demás, Messi tuvo a Higuaín en el 2014 y no la metió, Maradona tuvo a Burruchaga que sí acertó en 1986, pero a Messi se le pedía que siempre nos salvara. Mucha gente quería el título por él”, aborda Diego Borinsky, periodista trasandino.
El Informe Técnicoa de la FIFA suma: “A los 35 años y después de cinco intentos (2006, 2010, 2014, 2018 y 2022), Lionel Messi logra el título más importante de su carrera, la Copa del Mundo. Además, lo gana siendo el mejor del torneo, jugando todos los minutos, de todos los partidos, incluidos los alargues; en forma extraordinaria”.
Claudio Herrera De La Fuente
es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.







