Experiencia religiosa en París
A diferencia de lo que vivimos en Chile, el partido entre PSG-Liverpool no fue un castigo para el barrio vecino al estadio; fue una fiesta: todos los locales repletos, antes y después del cotejo. Clave el operativo de seguridad. Cientos de policías y fuerzas especiales francesas, con sus fusiles cruzados en la periferia del coliseo, infunden respeto. Lo hemos visto en otras canchas de Europa. Nadie reclama. No tienen nuestros traumas y complejos.
Concurrir a un partido de los cuartos de final de la Champions League es un privilegio. Y si es París, más aún. El miércoles vivimos el rito de observar en el Parque de los Príncipes la abrumadora victoria de Paris Saint Germain sobre Liverpool.
Un 2-0 mezquino para la superioridad del cuadro que adiestra Luis Enrique, acaso refrendada por el comentario de Diego Torres, en el diario “El País” de Madrid, quien sostiene que más allá del final que decante “La Orejona”, el PSG es el equipo que mejor juega en Europa. Coronarlo con la vuelta olímpica el 30 de mayo en Budapest dependerá de otras circunstancias, como sostener la revancha en Anfield, pero desde la propuesta, el equilibrio y la belleza del juego, el elenco del asturiano encanta.
Al llegar en metro al viejo coloso parisino es imposible no volver al Mundial de Francia 98. Estuvimos para el 4-1 de Brasil sobre Chile, en una noche de sábado donde Iván Zamorano dejó la piel y Marcelo Salas anotó su cuarto gol en un Mundial.
La zona es hermosa. Abundan los bares, restaurantes, puestos de comida.
La zona es hermosa. Abundan los bares, restaurantes, puestos de comida.
A diferencia de lo que vivimos en Chile, el partido no es un castigo para el barrio; es una fiesta. Todos repletos, antes y después del cotejo. Clave el operativo de seguridad. Cientos de policías y fuerzas especiales, con sus fusiles cruzados en la periferia del estadio, infunden respeto. Lo hemos visto en otras canchas de Europa. Nadie reclama. No tienen nuestros complejos y traumas.
La sentencia es clara: queremos disfrutar de un espectáculo de alta gama y es imperativo garantizar resguardo. Los asistentes saben las reglas. Se instalan de manera ordenada en sus respectivas puertas. Dos horas antes se autoriza el ingreso. La revisión es exhaustiva y amable. Un hincha con la camiseta de Boca Juniors y otro con la de Camerún son obligados a sacársela y dejarla en custodia (para imitar).
En el campo, el PSG exhibió un ritmo demoledor incluso para una escuadra de la Premier League, que hoy marcha quinta y lucha por retener su espacio en la próxima Champions. Algo pasa en Anfield, porque Arne Slot sienta los 90 minutos a Mohamed Salah. Incomprensible, sobre todo si Liverpool casi no patea al arco y no genera situaciones de riesgo al ruso Matvei Safonov.
El juego del conjunto de Luis Enrique dispone de un eje brillante. Vitinha maneja la mitad de la cancha con precisión, siempre está bien perfilado, sale por la izquierda o la derecha con un control. Los rivales no lo encuentran. Alexis MacAllister le dio la batalla, pero no le alcanza solo. El portugués profundiza o conduce, de acuerdo con lo que demande la situación. En la izquierda Khvicha Kvaratskhelia es un acertijo para una defensa de tres zagueros, en especial para Joe Gomez, quien marca a la izquierda, pero también para el neerlandés Jeremie Frimpong, carrilero derecho, quien sufrió el pleito.
El gol de Kvaratskhelia, en una maniobra de crack, luego de un pase fino de Joao Neves, corona la jornada. Al menos ese miércoles, fue demasiado PSG para el Liverpool. El ecuatoriano Willian Pacho manda en el fondo, mientras los lusitanos Nuno Mendes Vitinha y Neves nos dicen que Portugal es candidato para levantar la Copa del Mundo. ¿Qué hacer con Cristiano Ronaldo? Problema de Roberto Martínez.
Danilo Díaz
es un comentarista, periodista deportivo y escritor chileno. En 2009 obtuvo el premio de Premio Nacional de Periodismo Deportivo de Chile.







