Las tensiones de la transición
Las transiciones son, por definición, tensas. El paso de Chile por Nueva Zelanda así lo señala, porque a pesar de que estadísticamente se puede establecer que el saldo no es tan malo (una victoria y una derrota), es indudable que los desaciertos, las equivocaciones y las fallas tanto de planteamiento técnico como individuales en la cancha pesan más, importan más.
Qué duda cabe que el momento que vive la selección chilena es delicado. Es, en verdad, un período rocoso. Ver jugar a la Roja puede ser increíblemente enervante.
Pero no es extraño que así sea. Tras varios años en que no hubo la más mínima pretensión de trabajar en el inevitable proceso de regeneración (más fácil era exprimir hasta la última gota a la “generación dorada”), hoy, cuando no hay más alternativa que vivir el recambio, hay que asumir los costos que él impone.
El principal es que tanto el entrenador Nicolás Córdova —a quien hay que darle la potestad mientras no haya otro DT— como los futbolistas deben enfrentar una realidad: están en un período de ajuste y, por ende, pueden hacer experimentos y cometer errores. Sin embargo, ni uno ni los otros están exentos de la crítica que será siempre más claramente expuesta que los pocos o eventuales aciertos.
Las transiciones son, por definición, tensas. El paso de Chile por Nueva Zelanda así lo señala, porque a pesar de que estadísticamente se puede establecer que el saldo no es tan malo (una victoria y una derrota), es indudable que los desaciertos, las equivocaciones y las fallas tanto de planteamiento técnico como individuales en la cancha pesan más, importan más.
Bajo ese prisma es necesario hacer el balance de las presentaciones ante Cabo Verde (4-2) y Nueva Zelanda (1-4).
Resulta relevante señalar que el sistema de juego, la propuesta táctica, no puede imponerse por sobre la oferta de exponentes.
Córdova ha dejado claro que él prefiere la línea de 3/5 en el fondo, pero su establecimiento choca con que Chile no tiene tres zagueros centrales de nivel top, lo que sumado a la falta de tiempo de trabajo redundó en que cinco de los seis goles en contra tuvieran como ayuda la poca sincronización de los defensores.
Y eso no es raro. De los cinco zagueros centrales que utilizó Chile en estos amistosos (Iván Román, Ian Garguez, Igor Lichnovsky, Guillermo Maripán y Benjamín Kuscevic), ninguno es titular hoy en sus equipos. Claro, la excepción es Garguez, pero como lateral.
Tampoco fue una buena decisión insistir mañosamente con Gabriel Suazo como lateral-volante por la izquierda. El ex jugador de Colo Colo está hoy fuertemente cuestionado en Sevilla. Y en estos partidos quedaron claras las razones.
Lo otro que llamó la atención en la propuesta es la composición del ataque teniendo en cuenta que Chile carece de un “9” referencial.
Porque no, no lo tiene. Ben Brereton es un jugador monocorde que solo destaca con espacios largos. Si va a estar él, el equipo debe ser directo, de pelotazo largo. ¿Qué sentido tiene rodear a Brereton con Javier Altamirano, Darío Osorio y Lautaro Millán si se anticipa que él no da el tono en el toque corto, en la construcción de paredes?
Por último, un error que ya se está repitiendo mucho es la carencia franciscana de trabajo de táctica fija tanto defensiva como ofensiva.
Un equipo que no tiene posibilidades de juntarse mucho puede ver videos, pero ello nunca reemplazará la labor en la cancha. Y eso se nota hoy en Chile: carencia de trabajo específico.
¿Hay cosas positivas? Claro. Pero desgraciadamente Córdova y los suyos están bajo la implacable lupa crítica porque es tiempo de examinar, de evaluar y de rectificar. Así son las transiciones.
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







