Santiago de Chile.   Dom 25-01-2026
23:59

José Rojas: “Sampaoli fue el mejor, él marcó mi carrera”

Este jueves, en el Nacional, el capitán de la U que ganó la Sudamericana y también el único tricampeonato de su palmarés, se despide oficialmente del fútbol. “Pepe” repasa su carrera desde a los 12 años, de la mano de su padre que ya no está, llegó a Ñuñoa para ver un partido del equipo de sus amores: éxitos, anécdotas, dramas, el técnico casildense y el presente de los azules. “Para mí, el fútbol es todo”, confiesa.
Felipe Báez
Raúl Neira25 de enero, 2026
José Rojas camina por la pista de rekortán de un Nacional vacío. No hay gente, sí mucho silencio. “Pepe” acusa nostalgia. “Son muchas sensaciones. Quedan los recuerdos de las cosas lindas que uno pudo vivir, los títulos, la Copa América. Mi carrera tuvo mucho que ver este estadio Nacional. De hecho, la primera vez que pisé un estadio fue el Nacional, me llevó mi padre Ernesto”, cuenta.

Y vuelve a emocionarse: “Veníamos en un taxi. Jugaba la U con Palestino y nos sentamos en el codo sur. Recuerdo porque el ‘Bombero’ Ibáñez hizo un gol y dio la voltereta… Ahí nace este romanticismo con la U. Mi padre partió cuando tenía 12 años, pero me quedaron las ganas de ser futbolista. Antes de cada partido miraba al cielo y le daba las gracias a mi viejo, porque estaba cumpliendo un sueño. Era agradecerle por haberme llevado a ver a la U”.

—Con la despedida pone fin a su carrera. ¿Satisfecho?

“Sí, absolutamente. Viví de todo, incluso una quiebra. Como joven el orgullo máximo era estar el domingo en la cancha poniéndose la camiseta de la U, salir por el túnel del lado sur, algo inexplicable. Cada vez que me dicen ‘qué sensación tienes cuando sales por el túnel’ o ‘qué se siente lograr algo’ son cosas muy difíciles de explicar. Hay que vivirlo. Desde el camarín a la última escalera hay por lo menos un minuto donde se te pasan mil cosas por la cabeza. Y antes de subir el último peldaño nos juntábamos, había una arenga. Salías y estallaba todo”.


—Dijo que vivió de todo.

“Me quedo con la Copa Sudamericana, porque marcó un antes y un después a modo personal, pero también institucionalmente: era el primer logro internacional del club. Como jugábamos seguido no había tanto espacio para darse cuenta de lo que uno estaba consiguiendo. Hoy le tomo el peso a lo que logramos con este grupo. Quedamos en la historia”.

—Un equipo conducido por Jorge Sampaoli.
“Todos los técnicos dejan algo, independiente del resultado, pero Jorge marcó mi carrera futbolística. Para mí es el mejor. Me cambió de posición, de lateral a central o stopper por la izquierda, logró un rendimiento personal y grupal importante. Se consiguieron cosas. Cambió la metodología del trabajo, los entrenamientos pasaron a ser más cortos, más intensos. Había que resolver dentro del ejercicio, porque si tomabas mal una decisión o hacías mal un movimiento jodía todo el entrenamiento. Por eso se trabajaba mucho con los sparring. Igual, las primeras cuatro o cinco fechas de 2011 todos pedían la cabeza de Jorge, porque había dudas. La pregunta era ‘¿en algún momento van a jugar a lo que realmente quiere el técnico?’ Como equipo no dudábamos. De hecho, Sampaoli siempre repetía ‘confíen, confíen, sigan confiando, porque de esta forma vamos a salir adelante, vamos a lograr los objetivos’. Si no hubiésemos creído, tampoco se hubiese logrado nada”.


—No sé si coincide, pero el punto de quiebre de ese equipo fue el 2-1 a Colo Colo, en el Nacional, después de comenzar en desventaja.

“Sí. Sí. Y el resto es historia… El haber obtenido el Apertura del 2011, dándole vuelta el clásico a Católica, la final, también marca un click. Después de la primera final las sensaciones fueron de mucha tristeza y pena, porque teníamos que dar vuelta un marcador, en un clásico, y no era fácil. Pero ahí ocurre algo que, de alguna u otra forma, contribuye a lo que vino después: al otro día de ese partido salen las entradas a la venta y había filas para obtener un ticket. La gente realmente creía en este grupo y no había que fallar”.

—¿La quiebra fue lo peor?

“Para mí fue como más institucional. Como me agarró en una etapa muy joven, lo único que quería era jugar. Recuerdo cuando me corté el ligamento cruzado o el fallido traspaso a Botafogo, porque siempre quedaron dudas, porque supuestamente me habían encontrado una arritmia. Me hice 20 mil exámenes y nada… Volví de Brasil, me interné. El doctor Yáñez, el cardiólogo de la Católica, Fernando, me hizo los exámenes y dijo ‘oye, tenís corazón para rato’. En Brasil pedí los exámenes y donde habían encontrado la arritmia era un papel que no venía firmado por nadie, no venía timbrado, no tenía los sellos… Era una hoja en blanco. Yo creo que se arrepintieron”.

—¿Cómo fue la lesión?

“Fue en un clásico, también en el Nacional. Saca el ‘Tati’ Buljubasich, Luis Núñez me hace un banquillo, paso por arriba, vengo medio desestabilizado, apoyo el pie izquierdo, luego el derecho, giro la rodilla y el pie queda fijo. Fueron ocho meses sin jugar. Ahora que recuerdo, hubo otro episodio: en la final de 2009 contra Unión Española, en Santa Laura, tuve que salir, porque sentí algo raro en la rodilla. Me hago el examen y tenía roto el cartílago. Era una operación tal vez más sencilla que la del ligamento cruzado, pero el diagnóstico fue muy duro: el doctor Orizola me dice ‘Pepe, hay que prepararse, porque esa rodilla va a aguantar a todo reventar dos años más y no vas a poder jugar miércoles, domingo, miércoles’. Que un doctor con la trayectoria de Alejandro te dijera eso, uf, terrible. Pero empezó un trabajo silencioso, donde pensé ‘bueno, esto hay que darlo vuelta, hay que revertirlo’. Me acordé de una frase de Eduardo ‘Hualo’ Míguez cuando estábamos en las inferiores y nos hacía correr: ‘Ustedes son hijos del rigor’. Y cuando no daba más, aparecía el hijo del rigor”.


—¿Cómo se recuperó con semejante pronóstico?

“Trabajé mucho la musculatura, el cuádriceps, porque es lo que sostiene la rodilla. Entrenaba tres veces al día. No podía rendirme, para mí el fútbol es un estilo de vida. El fútbol tiene cosas sociales, de emociones. Está el vínculo con la gente. Tuve el privilegio de criarme en el club donde siempre quise estar. Logré una identidad con esta institución formé una familia. Para mí el fútbol es todo”.

Títulos, éxitos y lesiones. Pero también una anécdota imperdible recuerda la trayectoria de Rojas. “La mejor es la del ‘Tino’ Asprilla en el Caracol Azul, cuando sacó una pistola y nos cagamos todos. Estábamos haciendo el trote previo y aparece con una pistola, atrás de un árbol, y dice ‘corran cacorros…’. Y salimos corriendo, porque no sabíamos si la pistola era de verdad o no”.

—¿Qué es la U para usted?

“Me formó, me entregó valores, me inculcó la pasión, el sentimiento. Encontré el romanticismo con la gente… Uno veía el sacrificio que hacían los hinchas cuando nos tocaba jugar afuera, llegaban de cualquier forma. En el camarín yo decía ‘tenemos que dar el máximo, entregarnos por completo…’. Porque muchas familias van al estadio y es la alegría que tienen en la semana o el mes, o necesitan una alegría porque le pasó algo extremo a la familia o perdieron a un ser querido”.

“¿Cómo era yo de jugador? Un tipo que no daba ninguna pelota por perdida, que siempre jugaba con mucha pasión, con mucha pachorra, mucha garra y que era feliz dentro de la cancha. Sampaoli, que me quiso llevar a Emelec, me decía que en el mano a mano era bueno, que tenía buen pase filtrado, buena salida. Tal vez no era alto, pero tenía buen brinco”, dice al autoanálisis.

—¿Qué viene ahora en la vida?

“Hay varios desafíos. Armamos una productora de eventos totalmente diferente al fútbol. Fue una vía de escape para despejarme, quería alejarme un poquito del fútbol. Se llama Nostop. Me fui metiendo de a poquito y aprendiendo. Aparte, terminé un curso de Director Deportivo de la Conmebol, en diciembre, y tengo ganas de insertarme en el fútbol. Tal vez en asesoría y representación de jugadores”.

—No se fue por el lado técnico.

“Por ahora no. Uno nunca tiene que decir que no o escupir al cielo, pero por ahora no está en los planes”.


—¿Qué dice de la U actual?

“Quedamos con una sensación amarga en 2025, pese a que se hizo un buen campeonato internacional y se volvió a posicionar a la U donde siempre tiene que estar. Pero la última etapa fue media enredada con todo lo que pasó con el ‘profe’ Álvarez, para mí un tipo al que respeto mucho. El campeonato se dejó de pelear, no sé, en las últimas seis o siete fechas, y hubo un bajón entre normal porque ya se sabía que a Coquimbo no había cómo pararlo. Ahora estoy ilusionado, porque vuelve un amigo, Eduardo Vargas. Está en su mejor forma física. La U se reforzó en la parte delantera con jugadores de experiencia, con jugadores que tienen un recorrido, y es de esperar que puedan entender lo más rápido el concepto de este nuevo cuerpo técnico”.

—La U contrató a dos ex Colo Colo como Rivero y Lucero…

“Son jugadores que no se formaron en Colo Colo. Es como lo que pasó con Matías Zaldivia; cuando llega, yo tenía dudas de si iba a rendir y hoy es un pilar fundamental en la defensa. Con Rivero y Lucero puede pasar lo mismo. Son jugadores que tienen trayectoria y entienden un poco lo que es estar en un equipo importante. Cuando tú eres formado en un equipo podría ser tema, tiene más relevancia, pero no es así. Hoy pueden vivir cosas lindas en la U”.

—¿Qué opinión tiene respecto a que Michael Clark sea el único controlador de Azul Azul?

“Son cosas que no le hacen bien al club. Siento que siempre se debiese hablar de fútbol. Lo más importante es la U y este tipo de cosas no son gratas. Estos temas, para quienes estamos afuera, no nos gustan. Uno quisiera hablar solo de fútbol. Ojalá se resuelva”, responde y vuelve a recordar. “Me tocó jugar contra Neymar, Lucas Moura. En Chile los clásicos siempre tenían algo especial. Cuando uno iba a echar bencina y el bombero era de la U te decía ‘hay que ganar el domingo’ y si era de Colo Colo o la UC decía ‘van a perder el domingo’. ‘Polo’ Quinteros, de la UC, era un jugador difícil de marcar. Si a Esteban Paredes le dabas un centímetro marcaba la diferencia. Milovan Mirosevic tenía una característica: siempre aparecía entre los dos centrales, por sorpresa…”.

Raúl Neira

es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.

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