Armando el equipo
Resulta poco entendible que la noticia que dan los clubes en torno a sus valores jóvenes, en general, es cuántos de ellos abandonan la institución ya sea a préstamo o definitivamente con entrega de pase incluida.
Más allá del concentrado de humo que se vive, la época de mercado de fichajes es siempre una oportunidad periodística para mantener en alto el flujo informativo cuando la competencia está en pausa.
Es un juego entretenido (aunque la exageración y el poco sustento de fuentes es algo que no debería permitirse).
El problema es que en este ejercicio, que también encanta a los hinchas porque los mantiene ilusionados por la posible llegada de figuras a sus equipos y, por ende, con la construcción de una escuadra potente, hay un tema poco analizado: ¿Cuál es el objetivo de los clubes y cuerpos técnicos cuando buscan refuerzos?
La pregunta, que pareciera absurda y de fácil resolución, en verdad encierra complejidades. Porque no hay una sola respuesta.
Los más líricos piensan que lo que mueve a la contratación de jugadores es alcanzar el máximo rendimiento colectivo. Eso parece lógico, pero hay una duda en eso: ¿Se puede alcanzar el éxito sumando sólo “buenos” jugadores?
Por cierto que no. Junto a la acumulación de figuras para la estructuración del plantel, debe existir correspondencia en torno a la forma que el entrenador quiere que juegue su equipo y las variantes que, dentro de ella, desea establecer.
El fondo futbolístico que se quiere alcanzar debe estar en línea con el tipo o el perfil del futbolista que se ficha.
No se saca nada con llevar al mejor enganche si luego el DT termina haciéndolo jugar de extremo porque su esquema lo impone. O llevar un lateral-volante si opta por la línea de cuatro en el fondo.
Lo otro que es necesario considerar a la hora de conformar el grupo que prestará servicios en un club es cuál es la política institucional, la idea general que mueve a sus propietarios.
En Chile, donde básicamente los clubes apuestan a sobrevivir más que a competir y donde la estructura societaria prevalece, es obvio que los refuerzos deben ser prioritariamente apuestas para que ellas se conviertan en el más corto plazo en posibles ventas.
Lo curioso del caso es que esto que parece tan obvio se contrapone a lo que se ha visto en el mercado veraniego chileno, en que todos los equipos —incluidos los “grandes” y el campeón— han puesto sus ojos en futbolistas mayores, algunos incluso viviendo la etapa final de sus carreras.
Claro, varios de ellos seguramente responderán a las básicas metas competitivas locales, pero quizás no más de uno o dos terminarán siendo un atractivo negocio futuro. Con suerte y buena voluntad…
Por último, y conectado a lo anterior, resulta poco entendible que la noticia que dan los clubes en torno a sus valores jóvenes, en general, es cuántos de ellos abandonan la institución ya sea a préstamo o definitivamente con entrega de pase incluida.
Es verdad que la permanencia en los primeros equipos impone drásticas evaluaciones técnicas y que por mucho que haya conexiones emocionales no existe obligatoriedad de dar ancha pasada a los juveniles formados en el club, pero sí se esperaría al menos que hubiese una mayor cabida como señal de renovación. O para vender, si lo vemos desde el punto de vista mercantil.
La poca claridad de objetivos que hoy se nota en el accionar de los clubes chilenos anticipa lo que viene.
Penumbras. Y humo, como siempre…
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







