Santiago de Chile.   Vie 25-09-2020
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La loca historia del descenso de San Luis que tuvo en ascuas al fútbol chileno

Dos fallos del Tribunal de Disciplina borrados de un plumazo; cinco mil quillotanos atiborrando trenes, buses y automóviles para viajar a Santiago a protestar frente a La Moneda y a la Asociación Central del Fútbol; un alcalde, un gobernador, un cardenal y varios diputados pidiendo la intervención del Gobierno, y Carabineros impidiendo que empezara el campeonato: esta es la insólita trama detrás de la sanción que salvó a Universidad Católica de caer a Segunda y hundió al mejor San Luis de la historia.
Foto. Revista Estadio
Andrés Solervicens13 de septiembre, 2020
Décadas antes de que “Pato” Yáñez, “Pititore” Cabrera y “Pindinga” Muñoz se ganaran un espacio en la memoria futbolera con sus grandes actuaciones en el San Luis de 1980, hubo un plantel “canario” que llegó mucho más lejos: en 1957, con René Quitral al arco y los argentinos Héctor López, Roberto Rodríguez y Juan José Negri, el conjunto quillotano peleó el título de Primera hasta el final con Audax Italiano.

Ese equipo fue tercero en el torneo y tenía altas aspiraciones para el campeonato de 1958, pero ni siquiera pudo disputar ese certamen: en una polémica decisión, la Asociación Central de Fútbol borró con el codo dos fallos sucesivos del Tribunal de Disciplina y determinó, en mayo, el descenso del club a Segunda por una infracción administrativa. Celebró Universidad Católica: los cruzados habían perdido una liguilla de promoción y se aprestaban a jugar en el Ascenso hasta que la insólita sentencia los reinstaló en la División de Honor.

La determinación causó una revuelta en la ciudad de las paltas y chirimoyas, a tal punto que cinco mil personas se trasladaron en trenes, buses y automóviles para protestar frente a La Moneda y a la Asociación Central de Fútbol (ACF), lo que generó que el cardenal José María Caro llamara al ministro del Interior de la época y que incluso en la Cámara de Diputados se pidiera la intervención gubernamental en el fútbol local.


El alboroto, que copó las portadas de los medios nacionales durante varios días, está recogido con lujo de detalles en el libro “La gloriosa historia de San Luis de Quillota”, recientemente editado por Francisco Manzo y Roberto Silva.

En el centro del entuerto estuvieron tres jugadores argentinos que llegaron a la urbe aconcagüina bajo recomendación del técnico trasandino Carlos Orlandelli: los ya citados Rodríguez, López y Negri.

Sin embargo, los pálidos resultados de Orlandelli en 1956 motivaron su salida al inicio del año siguiente, dando paso al ciclo del exfutbolista Ulises Ramos. Con él, el equipo cosechó triunfos en todo el país, que lo llevaron a la parte alta del certamen.

Pero el embrujo se rompió el 14 de diciembre de 1957, cuando San Luis visitó a Audax Italiano en el Estadio Nacional. Los itálicos aventajaban al cuadro amarillo por dos puntos a tres fechas del final. Un triunfo dejaba a los provincianos empatados con los audinos en la cima del certamen., pues entonces el triunfo otorgaba dos puntos. Pero esa tarde y en tan importantes circunstancias, Rodríguez inexplicablemente dejó la cancha. Fue en el segundo tiempo y sin previo aviso, cuando el partido iba 0-0. No solo eso: López también dejó de luchar y terminó caminando el resto del encuentro.

No había cambios en esa época y Audax aprovechó las licencias para ganar 2-0 y alejarse definitivamente rumbo a su cuarta y última estrella. Terminado el partido, el portero Quitral, que había sido seleccionado nacional y tenía ascendiente sobre sus compañeros, tuvo que ser contenido por futbolistas y dirigentes: quería golpear a Rodríguez, a quien acusó directamente de traición, entre otras cosas.

De vuelta en Quillota, la directiva canaria determinó expulsar a Rodríguez y López por su conducta antideportiva. A guisa de defensa, ambos alegaron que sus sueldos estaban impagos, pero en sendas entrevistas con El Mercurio de Valparaíso y con el desaparecido diario La Unión, el gerente técnico Leopoldo Silva exhibió los comprobantes de pago y expuso su visión: “Rodríguez abandonó la cancha sin razón en el partido ante Audax y toda la prensa censuró su actitud, ya que no mostró lesión visible. En los camarines expresó que sufría un desgarro. Al día siguiente fui a verlo a su domicilio y me encontré con la sorpresa que había partido a Viña a las carreras (de caballos)”.


Luego del despido, un piquete de furibundos hinchas fueron a buscar a los argentinos a la residencial en la que se hospedaban. No los encontraron, Pocos días después, Rodríguez, López y Negri abandonaban la ciudad sin decir ni pío. El DT Orlandelli, que había encontrado trabajo como adiestrador de Ferrobádminton, los acogió en su casa en Santiago.

Luego de perder ante Everton y vencer a Unión Española, San Luis cerró el año tercero y empezó a planificar la temporada 1958, sin saber lo que se venía.

LA ACUSACIÓN


El 6 de enero de 1958, el diario La Unión publicó un artículo titulado “Preparan golpe contra S. Luis en la A. Central”. La crónica informaba que los tres clubes que terminaron en las últimas posiciones del torneo, O'Higgins, Ferro y la Universidad Católica, buscarían impugnar la inscripción de Juan José Negri ante la ACF.

¿Qué pasó con Negri? En 1957, el jugador tenía 37 años y recordados pasos por Boca Juniors y River Plate, pero no estaba cómodo en el Portuguesa Santista, donde militaba. Recomendado por sus compatriotas Orlandelli y Rodríguez, el delantero llegó a un acuerdo económico con San Luis, pero pidió que aceleraran la petición de su carta internacional al club brasileño. El apuro se debía a que quería contar con la ayuda del DT Alejandro Galán (quien después sería seleccionador argentino) para que visara su salida, pero el coach también estaba a punto de irse y Negri temía que los dirigentes locales trataran de retenerlo.

Y ese fue el fatal error del gerente Silva, quien explicó su proceder de esta particular forma en Radio Minería. “San Luis es un club muy nuevo en estos ajetreos. Nosotros los quillotanos somos 'huasitos' y creemos que todo el mundo procede de buena fe. No pensamos que había traidores como Negri, el único culpable de este enojoso asunto. Nos hizo creer que tenía el pase en blanco y nos autorizó telefónicamente a poner sus iniciales en el contrato. Más tarde nos calumnió diciendo que no le pagábamos y le contó a Orlandelli que habíamos falsificado su firma”.

Negri jugó todo el año por San Luis sin denunciar que no era su firma la que estaba en el libro de la ACF... hasta que terminó en la casa del entrenador de Ferro, el equipo que debía luchar por no bajar.

La denuncia de este último club se presentó el 10 de enero, ocho días antes que Ferro se salvara en la liguilla y se decretara el descenso de la UC. Julio Martínez, en su columna en Las Últimas Noticias, abordó el tema. “Se ha hecho una tempestad en un vaso de agua... El propio timonel de la UC ha dicho que la Católica acatará el infortunio con la misma entereza que lo hizo hace dos años. Una actitud dignísima”, alabó el recordado periodista.

El Tribunal de Penalidades falló el 24 de marzo sobre la materia: como ya había transcurrido el plazo de 60 días que establecía el reglamento para presentar la acusación, esta fue desestimaba.

Pero la UC —cuyo equipo incluso estaba disputando amistosos con futuros rivales del ascenso— decidió apelar al reglamento de la Federación de Fútbol, que difería respecto al de la ACF en cuanto al tiempo para interponer la denuncia. En la revisión, el Tribunal de Penalidades certificó la infracción y decidió anular los resultados obtenidos por San Luis en los 60 días previos al reclamo de Ferro, declarando ganadores a sus rivales en esos cotejos. El problema es que uno de esos equipos beneficiados era la Católica, que sumaba así suficientes unidades para escaparse de Ferro y O'Higgins, obligando, en teoría, a que esos equipos a jugar una nueva liguilla... tres meses después de la que había definido la pérdida de categoría de los cruzados.

Ese segundo fallo, por cierto solo le restaba seis unidades a San Luis, por lo que no peligraba su continuidad en Primera.

O'Higgins y Ferrobádminton montaron en cólera, se negaron a jugar y el enredo creció. En un consejo de presidentes se propuso congelar el descenso en 1958, o jugar con 15 equipos. Ya era mayo de 1958, el torneo estaba por empezar y no había acuerdo.

En una decisión insólita, el directorio de la ACF, presidido por Guillermo Ferrer, le pidió al consejo “facultades extraordinarias” para ignorar los fallos del tribunal y decidir sobre la materia ante la apremio por dar una salida al lío.

En votación dividida, el consejo dio luz verde. La suerte estaba cocinada para los “canarios”.

LA PEREGRINACIÓN


El jueves 8 de mayo de 1958, el jefe de la estación Quillota Centro observó con preocupación lo que ocurría en el recinto. Quedaba media hora para que saliera el “Ordinario” de las 15:30 a Santiago y había un gentío copando los andenes; las personas subían a los niños por las ventanas y no cabía un alfiler dentro los vagones. Llamó al conductor del tren y le pidió enganchar más carros. En paralelo, 150 buses y autos tomaban la Panamericana Norte camino a la capital.

Según “El Mercurio”, cinco mil quillotanos viajaron a la capital con una sola misión: presionar a la ACF para que revirtiera la drástica decisión comunicada dos días antes.

La directiva del fútbol chileno reconoció en su dictamen que consideró “la posibilidad de que la competencia oficial de 1958 se jugara con más de 14 equipos de primera división, pero ante los inconvenientes de orden reglamentario que esto provocaba, se ha visto en la obligación de desestimarla”. Así fue que se decretó la resta a San Luis de los 13 puntos que consiguió con Juan José Negri en la cancha, dictaminando que el futbolista nunca fue inscrito, al no haber firmado los libros de la asociación.

La escuadra quillotana debía jugar en Segunda en 1958.

Eso detonó la ira y motivó un cabildo abierto en la Plaza de Armas de la ciudad. La conclusión: al día siguiente sería la “marcha” a Santiago.


En los recortes de prensa de los diarios santiaguinos se ven fotos con carteles que rezan: “Viva San Luis, que se gana los puntos jugando, no como otros llorando”, “U Católica, ladrones”, y un ataúd con la leyenda “Aquí yace el prestigio del Foot-ball chileno”. También se ve una zarrapastrosa figura de trapo con un escrito: "Negri traidor".

“Quillota se tomó Santiago”, publicó en su portada del 9 de mayo La Tercera de la Hora. El grupo de fanáticos bajó por Teatinos hacia La Moneda, luego tomó la Alamaeda hacia el poniente, para dirigirse a la sede de la ACF, en Erasmo Escala.

“Fue la mayor movilización popular de la historia de Quillota. La columna avanzó por el centro encabezada por un grupo de hermanos Maristas, que tienen un colegio muy conocido en la ciudad, y fueron ellos quienes convencieron a algunos manifestantes de no ir a reclamar al edificio de la Universidad Católica, pues temían que se armaran peleas”, describe Francisco Manzo, uno de los autores del libro que narra los hechos.

Mientras los hinchas alegaban frente a la ACF, en calle Erasmo Escala, el gobernador provincial Roberto Wagner y el alcalde José Rebolar intentaban reunirse con el Presidente Carlos Ibáñez. En tanto, el cardenal Caro, visitado por los Maristas, trata de interceder.

No hubo mayores incidentes esa tarde. Muchos cánticos y palabrotas, pero no se registraron agresiones ni destrozos. Luego de leer una carta a viva voz frente al palacio presidencial, buena parte de los cinco mil manifestantes se dirigieron raudos a la Estación Mapocho para tomar el tren de vuelta, confiando en la intervención estatal, que la hubo: Ibáñez mandató al director del Departamento de Deportes, Elzo Pertuisset, a inmiscuirse en la materia.

El funcionario se reunió al día siguiente con el directorio de la ACF y ordenó que aplazara una semana el inicio del torneo, de tal modo que él pudiera estudiar si correspondía sancionar a San Luis, que había apelado a los buenos oficios del Gobierno.

Pero Ferrer se opuso y siguió adelante con la programación. En el intertanto, cinco miembros del Tribunal de Disciplina presentaban sus renuncias: claro, dos sentencias suyas habían sido revertidas arbitrariamente por el directorio.


La rebeldía de la ACF ante la mediación del Gobierno cambia la cosas de color. Pertuisset anunció que enviaría Carabineros a todos los estadios para impedir que comenzara el certamen el fin de semana.

En ese contexto, Carlos Dittborn juega una carta clásica: dice que la FIFA podría quitarle la sede del Mundial de 1962 a Chile si el gobierno interviene en las decisiones autónomas de la asociación local. El histórico dirigente propone que sea el Consejo Superior de la federación de balompié el que evalúe la apelación de los quillotanos. La amenaza retumba en el ambiente futbolístico, pero la solución de Dittborn no termina de convencer.

EL FINAL


“A las 13 horas comenzó a llegar el público al Estadio Santa Laura. La presencia de Carabineros causó inesperada inquietud en las personas, que al inquirir detalles solo se les informó que era por órdenes superiores”, reseña el libro de Manzo y Silva.

Era el sábado 10 de mayo y ante el descontento de la gente se apersona en el lugar el funcionario Pertuisset, quien es recibido con acalorados ánimos. Un asistente le grita que es un fraude el accionar del Gobierno. El director de Deportes retruca: “¡Fraude fue cobrar entradas por el triangular que jugaron la UC, O'Higgins y Ferro para evitar el descenso!”.

Finalmente no se juega en Independencia ni en ningún estadio ese fin de semana. Los columnistas deportivos se enfurecen y la opinión pública, que había solidarizado con San Luis en la agitada polémica otoñal, cambia bruscamente de tono: los hinchas querían ver fútbol, el show debía continuar.

Los “canarios”, acorralados, aceptan la “fórmula Dittborn”. El 14 de mayo, con viento a favor, la Federación de Fútbol apenas se demora una hora en ratificar el fallo de la ACF.

Los quillotanos acatan el fallo. Con los mismos jugadores que soñaban con pelear la corona de Primera en 1958 juegan el Ascenso y resultan campeones.

El equipo subió en 1959 y estaría ocho años en la División de Honor, pero no se verían tantos sanluisinos en la capital de la República como en esa loca semana de mayo hasta la Copa Polla Gol de 1980.

Pero esa es otra historia.




Andrés Solervicens

es coordinador de Deportes El Mercurio. Egresado de la Universidad de Chile, trabaja desde 2000 en "El Mercurio". Fue enviado especial del diario a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Río de Janeiro 2016, así como a Juegos Panamericanos, Grand Slams de tenis y fechas del Mundial de Rally, entre otros.

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