Santiago de Chile.   Vie 25-09-2020
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Andrés Prieto, la historia del patriarca que iba más rápido que todos

Debutó con 18 años en la selección y en la década del 50 ya competía en la liga española. Su padre lo obligó a ir al Mundial de 1950 y anotó un gol. Jugó junto al “Charro” Moreno. Fue el primer técnico chileno en dirigir en México y Argentina. Hizo debutar a Caszely. “Me siento jugador de fútbol”, confiesa a los 91 años.
Claudio Herrera de la Fuente12 de julio, 2020
En febrero pasado Universidad Católica cometió un desliz: a través de redes sociales dio por muerto a Andrés Prieto Urrejola, exatacante que salió campeón con los franjeados en 1949. “Sí supe, una nieta me comentó. Deberían haberme llamado por lo menos, les contestaba y asunto aclarado”, comenta entre risas desde su hogar en Vitacura, donde sobrelleva el confinamiento. Sus 11 nietos a distancia y la dosis diaria de fútbol por TV le mantienen la llama viva.

Con el apodo de “Chuleta” (es hermano de Ignacio), Prieto tuvo una carrera meteórica como futbolista. Es el jugador más antiguo en anotar por Chile en una Copa del Mundo (1950), certamen al que casi no asiste. “No quería ir, por esas cosas de joven, no tenía ganas no más, no sé. Al final pesó la opinión de mi papá y viajé”, comenta entre sus cercanos.

La Roma se lo quiso llevar a Italia siendo un juvenil, pero la UC se negó a venderlo. En la corona de 1949 se dio el gusto de compartir con el argentino José Manuel Moreno. “El Charro era extraordinario, yo pienso que después de Pelé viene él. Alguno dirá que estoy loco, pero lo vi jugar. Todo lo hacía bien, cabeceaba, técnicamente completo, tremendo”, repite cuando le consultan.


Después de un brillante Campeonato Panamericano en Santiago (1952), donde anotó cinco goles antes de salir fracturado frente a Perú, retenerlo en Chile era imposible. Tras una escala de meses en Venezuela, donde se enroló en el Vasco de Caracas junto a Fernando Riera, Prieto fichó en el Espanyol de Barcelona, donde compartió con Jaime Ramírez. “Eran tiempos que uno demoraba 38 horas en llegar allá”, contextualiza. Se desgarró en el debut y su mejor versión en Sarriá tardó algunos meses.

En diciembre de 1953, en la caída 4-3 ante el Real Madrid de Alfredo di Stéfano, el chileno de destapó. “El mejor de los 22 en Chamartín, un auténtico fenómeno”, reza la crónica del diario catalán El Mundo Deportivo. Una revista lo catalogó como el “cuarto grande” de la Liga por detrás de la “Saeta”, Ladislao Kubala y el holandés Faas Wilkes. La hemeroteca no miente: “Un auténtico súper-clase”, se escribió en Cataluña.

“¿Qué jugador era yo? Muy técnico, era un especie de ‘10’, yo jugaba porque me gustaba, nada más”, le cuenta a sus amistades con pocas ganas de vanagloriarse. Temperamental, irascible a ratos, buen pasador y veloz, complementan las crónicas de la época. “Juega lindo ese rubiecito”, dijo el legendario Adolfo Pedernera cuando pasó por Santiago con Millonarios.

Di Stéfano era su amigo personal y habría dado el visto para que llegara al Real Madrid. “El Espanyol quería a Roque Olsen (argentino del cuadro ‘merengue’) y ellos me querían en parte de pago, son cosas que se dicen pero de ahí a que fuera cierto”, ha dicho Prieto, que vio en acción a Raúl Toro Julio en el Estadio de Carabineros y luego se dio el gusto de jugar junto a ilustres como Jorge Robledo, René Meléndez, Manuel Muñoz y Enrique ‘Cua Cua’ Hormazábal, entre otros.


Con 28 años, cuando no lo dejan regresar a Europa, decide pegar el portazo y se retira. “Era medio cabezón”, justifica. No demoró en nacer el entrenador. Su primer trabajo fue en San Luis, recomendado por Julio Martínez Prádanos. “Más vale tener amigos que plata”, acota risueño. Fue pionero en dirigir en México, cuando lo ficha el América. También entrenó a los cruzados y a Colo Colo. “Don Andrés era de la misma escuela de don Fernando (Riera), inculcaba tener la pelota para que el rival corriera. Con él los dirigentes no se podían meter en el equipo y hasta recuerdo que en algún momento puso plata para pagar los sueldos”, dice Humberto “Chita” Cruz, su pupilo en los albos, donde hizo debutar a un tal Carlos Caszely.

Luego va a Argentina, donde ningún chileno se había calzado el buzo antes. Asumió en Platense y después al mando de Vélez Sarsfield, con Carlos Bianchi en el equipo, pierde el título en la última jornada. San Lorenzo también requirió sus servicios. “Don Andrés fue un señor, un ‘monsieur’, una persona que se hacía querer, dejaba que el jugador desarrollara todas sus cualidades, conmigo fue magnífico; no salimos campeones, pero ese año (1971) Vélez fue el mejor equipo de la Argentina, con ritmo, velocidad y juego espontáneo, eso se lo debíamos a don Andrés. Lo recuerdo con mucho afecto porque se lo ganó”, le dice el “Virrey” a “El Mercurio”.

Don Andrés fue un señor, un ‘monsieur’, una persona que se hacía querer, dejaba que el jugador desarrollara todas sus cualidades, conmigo fue magníficoCarlos Bianchiexartillero de Vélez

Uruguay fue la siguiente estación, con saldo positivo en Liverpool y Defensor Sporting. “Dejó huella y no solo porque ganó la liguilla con Defensor, hablamos de un ser humano de primera. Él trabajaba en espacios reducidos, toda una novedad para ese tiempo”, afirma Gregorio Pérez, exvolante violeta.

Prieto es el artífice de las bases futbolísticas de Cobreloa en su génesis, cuando debutó en Segunda en 1977. “El mejor técnico que tuve, a la altura de Riera y Luis Álamos”, observa Guillermo Yávar, que fue su pupilo en Calama. “En el trato con el jugador era insuperable y en el entrenamiento de cancha era extraordinario, un adelantado. Pelota al piso, pero también trabajaba mucho la presión, con superioridad numérica, no esa de uno contra uno”, sostiene el “Yemo”.

“Un profesor de la vida y el fútbol, imposible no quererlo. De los mejores técnicos que tuvo Chile, le falta reconocimiento. Los miércoles hacía unas prácticas en que repasaba todo: movimientos, presión, variantes, todo lento, a 10 por hora; era algo tedioso, pero después te dabas cuenta que todo lo que decía pasaba en el partido. Cuando querían traer a (Alejandro) Sabella a Cobreloa, él se la jugó con el ‘Nene’ (Gómez), que jugaba en Ovalle, imagínese el buen ojo”, dice Eduardo ‘Mocho’ Gómez.

Tras retirarse en 1990 en Cobreloa, a Prieto se le negó el reposo. Martín Ibarreche, su ex dirigido en las Águilas, lo reclutó para armar las fuerzas básicas en Santos Laguna en 1993. No muy convencido volvió a hacer la maleta y se quedó cinco años en Torreón. Su trabajo proyectó una infinidad de jugadores.

La lectura y el fútbol acompañan los días de Prieto. Una artrosis de cadera lo tiene limitado en sus traslados. “La ley de la vida”, acepta sin afligirse. El equipo que más le gusta en la actualidad es el Liverpool. “El único secreto son los buenos jugadores, no hay otro. ¿Qué le voy a decir a Mané o Salah? ¿Que corran al lateral?”, larga y se ríe. Recuerda al detalle jugadores y entrenadores (tuvo a Luis Tirado, Francisco Platko, Alejandro Scopelli, entre otros). “Buena gente”, suele repetir.


“Yo fui su jugador en Naval en 1988 y me lo encontraba 15 o 20 años después en el Paseo Ahumada y me sorprendía su memoria, se acordaba de todo, impresionante”, reconoce Emiliano Astorga.

Prieto habla de “deleite” cuando recuerda al Barcelona de Guardiola. “Pero Iniesta no podría jugar en Chile porque es chico”, advierte con ironía. “El fútbol no es de grandes ni chicos ni flacos ni gordos, es de los que juegan bien”, es su credo. Se rinde ante Lionel Messi (“un futbolista de película, de otro planeta”), valora a Charles Aránguiz (“inteligente y quitado de bulla”) y ya tiene tasado al noruego Erling Haaland.

La pandemia no lo apaga. Ya no va tan rápido como cuando jugaba, pero sabe los atajos. “No me gusta hablar de mí, yo ya fui”, se excusa ante los requerimientos. “Pero le reconozco algo, todavía me siento jugador”, suelta la confesión cómplice. Y sonríe.

Claudio Herrera De La Fuente

es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.

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