Con planes y sin ruido en el camino
Sin un programa sostenible ni paciencia para observar su evolución es bien difícil o casi imposible pensar en que el fútbol chileno puede tener un despegue como ha tenido el remo, el vóleibol, el rugby o el hockey césped en Chile.
En medio de tanta frustración deportiva, la actuación de Team Chile en los Juegos Suramericanos de Santa Fe parece ser un bálsamo.
La delegación nacional pudo mantener el cuarto puesto en el medallero —superando en los tramos finales a Venezuela— y solo quedó a una medalla de oro de su mejor participación histórica (Santiago 1986).
Elogiable desde todo punto de vista. Pero no sorpresivo.
Está claro que haber llegado a este nivel —que hace un par de décadas parecía casi imposible— tiene sus razones.
Durante los últimos años, el Estado (y los diversos gobiernos fueron consistentes en este criterio) decidió invertir más recursos en el alto rendimiento, pero también fue fundamental la integración a la empresa privada que, aunque aún está lejos de llegar al nivel de inversión que podría darse, contribuyó al desarrollo de la actividad elitista.
Eso posibilitó no solo ayudar directamente a los deportistas chilenos a mantenerse más o menos bien económicamente, lo que sin duda es esencial. No. Posibilitó también la llegada de entrenadores extranjeros de alto nivel en diferentes deportes cuyas federaciones apostaron en grande: los españoles Bienvenido Font, Julen Erauzkin (remo) y Aitor Etxaburu Castro (balonmano), los argentinos Sergio "Cachito" Vigil (hockey césped), Daniel Nejamkin (vóleibol) y Juan Manuel Córdoba (básquetbol), y el uruguayo Pablo Lemoine (rugby), son algunos ejemplos para tener en cuenta.
Hay dos cosas que resaltar en todos ellos. Todos llegaron con una planificación de mediano y largo plazo y la mayoría, por la naturaleza de los deportes en que están involucrados, no tuvo interés público ni una permanente evaluación crítica por parte de la prensa. Solo generaron interés por los eventuales resultados en las competiciones de alto nivel y casi nunca por la competividad en las ligas o torneos locales. En buen chileno, los pescaban muy poco en el día a día.
Esos dos elementos se distinguen claramente de lo que ha acontecido con el fútbol en Chile, deporte que, en los mismos años en que ha habido una progresión eficiente en muchas disciplinas, ha decaído progresivamente a nivel internacional.
En la Federación de Fútbol de Chile no ha existido mayor interés en hacer planes que excedan a un solo objetivo: clasificar al siguiente Mundial. Por ello, se han contratado entrenadores que, supuestamente, tendrían la capacidad de hacer equipos de acuerdo a la materia prima existente, sin que haya una exigencia de buscar reemplazos futuros. Los resultados están a la vista…
Lo otro es aún más claro.
Como el fútbol sí congrega altos niveles de atención, tanto los hinchas como los medios se sienten no con el derecho, sino que con la obligación de hacer evaluaciones permanentes, de corto plazo, motivadas por resultados específicos.
Sin plan sostenible ni paciencia para observar la evolución de ello es bien difícil o casi imposible pensar en un despegue como ha tenido el remo, el vóleibol, el rugby o el hockey césped.
Sería bueno tomarse el tiempo antes de abrir debates espurios. Y exigir planes de mayor alcance. Hay evidencia de que eso resulta.
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







