Santiago de Chile.   Sáb 13-08-2022
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Los referentes de la natación paralímpica reviven sus éxitos en el Mundial de Portugal

Vicente Almonacid se colgó el primer oro planetario para Chile en este deporte y analiza las luchas que ha dado para combatir la fibromatosis que lo afecta desde que nació. Mientras, Alberto Abarza ganó tres medallas, mejoró su performance personal y reflexiona sobre su futuro en el deporte, pensando en el retiro y proyectando una faceta como técnico.
Foto: Top Comunicaciones
José Contreras24 de junio, 2022
Transcurrió casi una semana y Vicente Almonacid sigue incrédulo de su nuevo estatus en el deporte paralímpico: campeón del mundo. “Aún no me la creo. Siempre soñé con estar en lo más alto, pero es difícil de asimilar”, dice el nadador de 21 años.

En la piscina de Madeira, en Portugal, Almonacid fue el más veloz en los 100 metros pecho clase SB8 y conquistó el primer oro planetario para la paranatación chilena; además se convirtió en el tercer chileno campeón del mundo en una prueba perteneciente al programa paralímpico: antes fue Cristián Valenzuela en 2011, 2013 y 2015 y María Francisca Mardones en 2019, todas en atletismo.

Almonacid recuerda la carrera en detalle: “Fue muy peleada con el español Oscar Salguero, le saqué una centésima en la vuelta. Al llegar a la meta, miré el tablero rápido y me vi primero; la miré con más detalle, no lo podía creer. Fue un momento muy loco, me llené de muchas ilusiones”.

Vicente Almonacid luce el oro de los 100 metros pecho SB8 en el Mundial de Portugal, el primero para la natación paralímpica nacional. Foto: Gentileza

“Se me pasó la vida por la cabeza, todos los desafíos que tuve en el deporte y en la vida. Primero fue la euforia, luego vino la emoción y lloré en el agua. Fue el momento más lindo de mi vida”, complementa Almonacid, quien remató octavo en los paralímpicos de Tokio y tres veces medallista en los Parapanamericanos de Lima 2019, incluyendo un oro en la misma distancia.

Almonacid ha lidiado toda su vida con una forma agresiva de fibromatosis, un tipo de tumor en el tejido blando y que aparece en brazos, piernas o abdomen. A los cinco años debieron amputarle un dedo de la mano izquierda y sus operaciones no se detuvieron hasta que perdió todo el brazo y el omóplato.

La enfermedad aparece constantemente, pese a los controles e intervenciones; incluso, su presencia en Tokio estuvo en riesgo por lo mismo, aunque él decidió viajar y participar pese a que, como reconoce, “estaba físicamente mal. Mi garganta tenía una entrada de aire del 50% de su capacidad, lo que en un esfuerzo deportivo era mucho”.

"Encontré en la natación un refugio que me da vida, esperanza y que me hace feliz. Es mi motivación"Vicente Almonacidnadador paralímpico

Pero la natación, deporte al que llegó en 2015 después de practicar varias disciplinas, fue más fuerte. “No veo la enfermedad como algo que me afecte en el nado, sino que veo a la natación como una forma de salir adelante. Soy más que un nadador, soy una persona que hace deporte y he luchado toda su vida contra este cáncer. Encontré en la natación un refugio que me da vida, esperanza y que me hace feliz. Es mi motivación”, señala. Y añade: “Ya pasé por los cuestionamientos de la enfermedad. Ahora tengo una coraza mucho más dura”.

Vital en el desarrollo deportivo ha sido su entrenador, el nadador olímpico uruguayo Nicolás Mafio. “Hemos seguido una progresión muy buena con él. Nos conocemos muy bien, le sigo todo lo que me dice y él ha sido clave en mi carrera”.

Otro nombre propio es Alberto Abarza. El triple medallista en Tokio es su gran amigo y Almonacid reconoce en él una figura para imitar: “Tener en mi deporte al más exitoso en paralímpicos como Alberto es un orgullo. Con él comparto mucho, somos muy cercanos en la amistad, celebramos los resultados del otro como si fueran propios”. Ambos ahora se alzan como los puntales de la natación paralímpica, pero él no lo cree: “He tenido buenos resultados y el primer oro mundial para el deporte, pero el primer y gran referente es Alberto”.

Almonacid y los acompañantes en el podio del mundial: el austriaco Andreas Onea (izquierda) y el español Oscar Salguero. Foto: Gentileza

Para los eventos futuros, como Santiago 2023 y París 2024, Almonacid pretende elevar sus opciones. “Mi prueba estrella son los 100 metros pecho, pero tengo marcas fuertes en otras distancias y espero abrir el abanico. Quiero tener más resultados, soy joven y puedo explotar más recursos. Hay que trabajar fuerte para eso”, clausura.

ABARZA MEDITA SU FUTURO


El oro de Almonacid fue uno de los dos grandes resultados de la natación paralímpica en Portugal. El otro fue el que logró Alberto Abarza, con tres preseas, dos platas y un bronce. El campeón paralímpico en Tokio 2020 mejora su performance en mundiales, aunque sigue el oro en esta instancia sigue negándose.

“En lo personal estoy feliz, se fueron mejorando los resultados y vamos creciendo. Si bien van apareciendo rivales más jóvenes y soy el más viejo del circuito, los resultados me tienen satisfecho. Con una discapacidad que avanza día a día y donde no puedo estar mejor que antes, mantenerse es un logro”, admite Abarza, de 37 años.

El síndrome Charcot-Marie-Tooth que lo afecta no da tregua y eso está llevando al deportista a pensar en su futuro, aunque mira a Santiago 2023, “y quién sabe si a París 2024”. “Pero sí estoy pensando en el retiro”, reconoce el nadador.

Alberto Abarza mejoró su rendimiento en mundiales con las tres medallas, aunque el oro sigue siendo esquivo. En total, ya suma ocho preseas planetarias, tres de ellas plateadas. Foto: Mauricio Palma / Copachi

“Mi enfermedad aumentó en un 25% y lo noto muchísimo. Me está costando la vida diaria, tomar una cuchara o un café. Las ganas pueden estar a mil, pero hay que estar consciente que uno va a representar al país. No prometo medallas cuando compito, pero sí darlo todo y si siento que no lo puedo hacer, no voy a competir”, explica Abarza.

Factor clave para continuar es incorporar un asistente, dice. “De nadar puedo, pero necesito más ayuda. Tuve una reunión con el Comité Paralímpico e hice ver la necesidad de un asistente que, por ejemplo, me ayude en los entrenamientos y en las competencias. Por ejemplo, que me asista en el gimnasio, que me ayude con el traje de baño. Si no tengo esa persona, no creo que llegue a Santiago 2023. Si mi enfermedad sigue avanzando, tendría que cambiar de clasificación paralímpica (actualmente es S2) y necesitaría esa persona. Es la forma para que pueda seguir en el alto rendimiento”, advierte.

En caso de ser real su retiro, Abarza ya trabaja en un plan que lo mantendría ligado a la piscina. “Me gustaría tomar a un niño, quizá de clasificación S1 o S2, y ayudarlo para entrenar para que vaya a los paralímpicos de Brisbane 2032. Quizá uno o dos chicos, pero más no. Lo tomaría como un reto personal, para demostrar que hay talento. Después de eso, me retiro completamente”, dice.

Y a propósito de talento, ¿qué opina lo de su amigo Almonacid? “Él será el mejor de aquí a muchos años. No habría que dejarle la posta a él, ya tiene la referencia hecha”, cierra Abarza.

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