José Ángel Samaniego, un técnico de la élite mundial en Los Leones de Quilpué: “Los mejores momentos no tienen que ver con los resultados exitosos, porque casi siempre pierdes”
El reputado coach de baloncesto, quien estuvo en el cuerpo técnico de varios equipos de la potente ACB española y de la Euroliga, se hizo cargo de los felinos en el certamen local. Casado con chilena, su plan pretende dejar huella en los cestos locales. “Habría sido muy difícil llegar a este país de no ser por mi vínculo familiar”, admite.
Su currículo impresiona. Quince temporadas en la Liga ACB, quizás la más fuerte de Europa, como asistente de equipos poderosos como Joventut Badalona, Baskonia, Estudiantes de Madrid, Gran Canaria… Una experiencia en el Zenit ruso en la Euroliga y una serie de charlas y clínicas en sus espaldas lo catapultan como una eminencia del deporte de los cestos.
Se llama José Ángel Samaniego (55 años) y dejó su trabajo en el Joventut Badalona, de la primera división española, para instalarse en Chile, donde dirige desde hace algunas semanas a Los Leones de Quilpué, subcampeón de la conferencia centro de la Liga Nacional.
Suena curioso. Suena extraño. Suena sorprendente. ¿Qué hace aquí, lejos del primer mundo cestero, en un país que lleva más de medio siglo sin ir a un Mundial adulto?
Hace más de una década, Samaniego formó familia con una chilena y esa sangre lo trajo al país, cansado de tantas temporadas en la alta exigencia, viajando de allá para acá y gastando hasta sus vacaciones en el baloncesto. Una oferta del cuadro felino hizo el resto.
“Tengo un vínculo familiar y eso ha decantado en que sea Chile y no otro país. Sin ninguna duda hubiese sido muy difícil llegar al basquetbol chileno de no ser por ese vínculo familiar. Pero después de muchos años compitiendo al primer nivel tenía que reorientar mi vida y actividad profesional, y poner en valor la familia. Cualquiera que tenga un pequeño conocimiento sabe que las exigencias para quienes estamos ahí son enormes y el sacrificio que hace la familia es grandísimo: trabajamos todos los días, los fines de semana hay partido, estamos constantemente viajando, las vacaciones no son vacaciones porque estás reclutando jugadores, entrenando jóvenes, no paramos y las familias lo sufren. Además, sucedió algo que nos ha castigado a todos: la pandemia. Llegó un momento en que dijimos hay que parar, surgió la opción de venir a Chile, renuncié a dos años de contrato con el Joventut de Badalona. Tomamos el riesgo pero quise sumarme a este proyecto con la misma dedicación que tuve en todos los clubes en los que he estado”, explica Samaniego desde su oficina en el gimnasio de Quilpué, al que llega todos los días antes de las 9 de la mañana para planificar los entrenamientos del equipo.
—¿Qué le ha parecido el básquetbol chileno?
“Llegué a fines de agosto, cumplí la cuarentena preventiva y recién el 10 de septiembre me incorporé al club. No creo que sea un tiempo suficiente para hacer una valoración con peso. Si bien es cierto que por mi vínculo familiar no desconocía el básquetbol chileno, pues había venido en ciertas ocasiones y en muchos de esos viajes participé en clínicas y capacitaciones para entrenadores. Seguía la liga a distancia y recién en el período estival de Europa había intensificado mi mirada y estuve al tanto de las finales de la temporada pasada, en las que Universidad de Concepción salió campeón y Los Leones llegó a la final de la conferencia centro”.

Samaniego estuvo en Estudiantes de Madrid, en Gran Canaria y hasta hace unos meses formaba parte del staff de Joventut Badalona.
—Pero debe tener alguna impresión.
“De acuerdo a lo que conocía a la distancia del básquetbol chileno, no me ha causado sorpresa. Lógicamente la infraestructura de los clubes es inferior a lo que estoy acostumbrado, los medios que dispongo son mucho menores respecto de los que contaba en el pasado, pero ya sabía cuál era la realidad del baloncesto chileno respecto del europeo”.
La infraestructura de los clubes es inferior a lo que estoy acostumbrado, los medios que dispongo son mucho menores respecto de los que contaba en el pasadoJosé Ángel Samaniegoentrenador de Los Leones
—¿Cuál es su objetivo al mando de Los Leones?
“Vengo con la ilusión de hacer mi trabajo a mediano y largo plazo, no creo que mi llegada fuera para buscar un impacto inmediato y elevar los logros deportivos que consiguieron en el pasado con Claudio Jorquera antes de la pandemia o con Patricio Miranda, con quien llegaron a la final de conferencia en la última temporada. No creo que mi llegada está vinculada a eso, a los resultados, sino que es un trabajo de largo plazo para construir un proyecto”.
—¿Qué características tendrá ese proyecto?
“Soy una persona curiosa, que tiene una gran capacidad de sorprenderse y dejarse sorprender. Estoy con los cinco sentidos alerta para tratar de descubrir la realidad de los jugadores, tanto a los que tengo conmigo como en las series menores e incluso en otros clubes. Quiero sorprenderme con los entrenadores y con quienes aún no tengo gran contacto, como los aficionados. Mi mayor ilusión es poder crear un equipo de trabajo a mi alrededor, que hagamos un proyecto deportivo que sea ilusionante para el básquetbol chileno, sin olvidar de que el club forma parte de un colegio y que el deporte es muy importante en la educación. En ese sentido, hay un objetivo común, que es desarrollar la cultura del deporte en nuestra juventud”.
DE GRAN CANARIA A QUILPUÉ
Varias veces, durante la charla, Samaniego hace referencia al “vínculo familiar” que lo trajo a Chile. Un relato que tiene más de una década de vida y que partió, como muchas de las historias, casi por casualidad.
“Nos conocimos en Gran Canaria, yo dirigía allí y ella estaba residiendo y trabajando. Fue gracias a una amiga que trabajaba en el Cabildo (oficina de gobierno regional), que tenía sus oficinas en la misma instalación en que entrenaba el equipo. Ella trabajaba para la familia de mi amiga, nos conocimos en una comida a la que fui invitado como parte del equipo y ahí comenzó la relación que ha perdurado en el tiempo y con una hija de nueve años”.
—Y de ahí siguieron juntos…
“Algo así, porque pronto me cambié de equipo y regresé a la península. Tuvimos una relación a distancia, hasta que a los pocos meses dimos el pase definitivo y se vino a la península conmigo, dejó su trabajo en Canaria y pasó a ser la sufrida esposa de un entrenador profesional, siempre con las maletas listas. Ha sido duro para ella porque nos hemos mudado muchas veces, estuve en Badalona, Madrid, de vuelta a Canaria, incluso nos fuimos a Rusia. Es duro para ella y más todavía cuando tienes una hija”.

Con una derrota ante la UC, Los Leones saldó su debut en la Copa Chile del básquetbol. Foto: Manuel Moya.
—Con todo lo que ha vivido, ¿cuál cree que ha sido su mejor momento en el básquetbol?
“Mi mejor momento es hoy y si me preguntas mañana, te diré que será mañana. Disfruto de cada día, hago lo que me gusta y me pagan por eso; no todo el mundo tiene esa posibilidad, trabajan porque tienen que llevar un sueldo a su casa, y si bien yo también tengo que aportar un salario, tengo la suerte de que cada mañana tengo ilusión de ir a trabajar, Es cierto que he ganado algún título, no muchos, pero mi mayor satisfacción es haber ayudado en el desarrollo de algunos jugadores que han llegado a la NBA. Los mejores momentos de mi carrera profesional no tienen que ver con algún resultado exitoso, porque casi siempre pierdes. En una liga el trofeo lo recibe uno y el resto se queda sin premio, pese a que quizás lo prepararon con la misma ilusión y quizás hasta trabajaron más… Nunca trato de vincular el éxito a un resultado. Sigo disfrutando cada día y eso me da la energía para levantarme, el día que pierda eso tendré que replantearme si sigo”.
—Pero sí hay lindos recuerdos que atesora, ¿no?
“Una de las grandes satisfacciones que tengo es compartir el conocimiento, disfruto mucho enseñando a entrenadores jóvenes, hay técnicos que se sintieron influidos por mi forma de trabajar y que luego han alcanzado un nivel alto en su carrera. Que yo sea un entrenador reconocido por mis pares me da mucha satisfacción, varios quizás mucho más reconocidos que yo descuelgan su teléfono y me llaman para pedir consejo, eso es con lo que uno se queda. O cuando enfrentas a un jugador que ha logrado grandes hitos en su carrera y te dice ‘gracias, coach’, eso es mucho más grande que los resultados deportivos. Sentir que ese chico que entrenó contigo tiene la sensación de que fuiste parte de ese proceso, que agradezca el tiempo que le dedicarse, esos son los grandes momentos, más que si ganaste una Copa del Rey o perdiste una final de Euroliga, eso es tan insignificante, porque se dan tantas circunstancias que no dependen de uno, a diferencia de la formación, de dedicarle tiempo a otra persona…”
—¿Ya pudo conocer Chile? ¿Qué le parece el país?
“Aún tengo que descubrirlo. Cuando hice clínicas pude viajar al sur y algo conozco; pero en estas primeras semanas he estado en el centro de Viña, donde tengo mi residencia; no he tenido tiempo más que para ir de Viña a Quilpué y vuelta a Viña, además de visitar a la familia de mi mujer. Soy un hombre al que le gusta la naturaleza, las montañas y si algo tiene Chile son maravillas paisajísticas por descubrir. Tengo que recorrer el país, apunté ya el Parque Torres del Paine y cuando pueda iré. Estoy esperando el momento para ponerme mi mochila, mis zapatillas e ir a caminar por los cerros”.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







