Marcela Cáceres: “Preferí retirarme a meterme en el mundo del dopaje”
Hace un cuarto de siglo revolucionó al patinaje en velocidad con sus medallas de Mar del Plata, sembrando un camino que luego llenó de oro a Chile. Hoy trabaja buscando talentos deportivos, le habría gustado ser entrenadora (“pero pagan muy poco”, lamenta) y reconoce que huyó del deporte para no tener que consumir sustancias prohibidas.
Doce años lleva ya Marcela Cáceres fuera del alto rendimiento. El 2008 fue su último año competitivo, luego del cual volvió a las aulas, para estudiar Técnico de Nivel Superior en Preparación Física en la Ucinf y Licenciatura en Ciencias del Deporte y Actividad Física en la Universidad Santo Tomás.
Quien hace 25 años fuera la gran figura de los Panamericanos de Mar del Plata, con cinco medallas, y que fuera elegida “La Mejor de las Mejores” por el Círculo de Periodistas Deportivos, sigue con la misma alegría de siempre, diciendo lo que piensa y con la transparencia que la caracterizó cuando recorría la añosa pista del Parque O’Higgins, aunque ahora vista traje o buzo y trabaje en el programa Promesas Chile, en la dirección metropolitana del IND.
“Lo más difícil fue retomar el ritmo, llevaba 17 años sin ir a una sala de clases, así que me tenía que quedar leyendo hasta las 5 de la mañana, hasta que pude aprender metodologías de estudio y el segundo año ya fue más fácil”, recuerda la expatinadora, que fue directamente a hablar con el subsecretario de Deportes de entonces, Jaime Pizarro, a pedirle una oportunidad laboral.
“Le conté que llevaba 15 años en el alto rendimiento y que estaba igual que una niña de cuarto medio, pero con 32 años. Ahí me apoyó para ingresar a trabajar en el IND en noviembre de 2008, donde sigo hasta ahora”, cuenta.
—¿Qué ha hecho en el Instituto?
“He pasado por diferentes áreas, estuve con los metodólogos del Plan Olímpico, trabajé un año en el Departamento de Alto Rendimiento y después hice la práctica en la Dirección Regional y ahí me quedé”.
—¿Y cuál es su misión en ese lugar?
“He hecho hartas cosas, hice mi práctica con los metodólogos, estuve en el área de personal y me encargaba de gestionar los contratos y subirlos a la plataforma de la Contraloría. Y ahora estoy en el programa Promesas Chile, que se replica en todas las regiones, y estaba a cargo de la detección de talentos, pero tuvimos que interrumpirlo por el estallido social. Era muy peligroso para los niños y para nosotros”.

Cáceres y sus nuevos patines, aún intactos. “Los tengo guardados, ni los he usado”, cuenta. Foto: Archivo personal
—¿Le gusta eso?
“Es muy entretenido, me encanta ir a los colegios y aplicar una batería de tests para determinar qué niños pueden entrar al plan ‘Crecer en Movimiento’ o a ‘Promesas Chile’. Somos la base de la pirámide del Alto Rendimiento. Me gusta mucho lo que hago y pienso que, como era fondista, hay temas que no me agobian, como subir mil contratos al sistema o registrar cuatro mil niños. Ahora, si me dicen vuelve al CAR, vuelvo, o al Estadio Nacional. Estoy disponible para aprender en cualquier área”.
SIN RUEDAS
—¿No extraña el patinaje?
“Me gusta más ir como público. Estuve en los Juegos de la Juventud, fui a los Panamericanos de Lima cuando compitieron María José Moya, Javiera Vargas y Hugo Ramírez, voy a todos los selectivos a ver carreras y a conversar con los técnicos y los deportistas, para dar algunos consejos a quien quiera escucharme”.
—¿Y nada de patinar?
“Nooo, tengo los patines guardados. Compré unos nuevos el año pasado, pero no pude disfrutarlos por el estallido. La verdad es que no estaba preparada para lo que se vivió en octubre, como estaba concentrada en entrenar, no miraba mucho los temas sociales. Uno siempre sabía que había pobreza, pero se destaparon muchas cosas que yo no sabía. Y, a la vez, vi gente botando postes, me cerraban las calles y no podía llegar a la casa. Entonces, ¿cómo iba a pensar en patinar?”
—Cuando va al patinódromo, ¿la reconocen, le hacen preguntas?
“Hay mucha gente nueva… Si los infantiles o juveniles me llegan a reconocer, es por sus entrenadores, muchos de los cuales fueron mis contemporáneos. Además, hay adultos con los que alcancé a viajar, como Christopher Verdugo, Emmanuelle Silva, Catherine Peñán, Valeria Riffo y María José Moya. Además, hay entrenadoras como ‘Caro’ Santibáñez, Pamela Verdugo y Estefanía Núñez, que va a ver a su hija seleccionada. Es entretenido conversar con ellos, pero patinar me da flojera”.

Marcela Cáceres fue la gran estrella del patinaje chileno en los 90 y quien abrió la puerta al boom de la actividad. Foto: Mauricio Palma
—¿Qué es lo que más recuerda de su época como deportista?
“Justo lo conversaba hace poco con mi mamá: los mejores recuerdos los tengo en el Parque O’Higgins. El ambiente era acogedor, aunque no teníamos ningún lujo: los camarines eran fríos, no había agua caliente, trotábamos en la pista de ceniza… Incluso a veces nos teníamos que cambiar ropa al aire libre, porque los vestuarios estaban en reparaciones, pero de ahí salieron todos los campeones, todos empezamos allí. Si el patinódromo del CAR lo empezaron a construir después de las medallas que gané en Mar del Plata, según me dijeron. Capaz que cuando me muera le pongan mi nombre, jajaja”.
—Mar del Plata fue fundamental en su carrera, entonces.
“Siempre comento que tuve fortuna, porque había muchos periodistas en esos Juegos y todos me vieron ganar, me entrevistaron en la pista, luego en la Villa. Me invitaron a programas de radio, de televisión, entrevistas en diarios y nunca me negué a una nota. Quizás dejé de dedicarle tiempo a entrenar por eso, pero me sentía halagada por el interés, hasta que después no me entrevistaba nadie. Gracias a eso llegaron muchos auspicios que duraron años, incluso de municipalidades. Las Condes me pagó harta plata por cuatro años, en La Pintana me ofrecieron trabajo de monitora, La Florida me regaló patines, Puente Alto me financió un viaje a una competencia en España. Yo corría por gusto y por lo mismo me impresionaba que llegaran cajas con ropa deportiva a mi casa… fue increíble”.
—¿Fue ese su mejor momento deportivo?
“Hay competencias que te avisan que vas por buen camino. En mi caso fue el Mundial del 90 en Colombia, al que fui con 15 años. Luego vino la medalla que gané en el Sudamericano de Argentina ese mismo año. El 93 capturé otra presea en un Panamericano específico en La Habana y todo eso me hizo darme cuenta de que tenía capacidad para llegar. Por eso, agradezco a la federación por habernos mandado a todos los mundiales y sudamericanos. En 1994 salí séptima en el Mundial de Francia y había cuatro europeas delante de mí. Pensé ‘soy tercera en América’ y me di cuenta de que tenía posibilidades en Mar del Plata y empecé a entrenar con todo. Siento que entre 1993 y 1996 fueron mis mejores años… En Winnipeg 1999 habría sido campeona panamericana de nuevo, pero ese año decidieron sumar tres pruebas para una medalla. Una injusticia”.
—¿Cuál era su secreto para tener buen rendimiento?
“Básicamente, tener buenos entrenadores, no andarse cambiando de técnico a cada rato, como pasa mucho hoy. El ‘profe’ Emilio Domínguez era súper ordenado, leía mucho de teoría de entrenamiento, al igual que Carlos Santis. Además, tuve mucho apoyo de las ciencias del deporte, en 1993 empezaron los tests de lactato, la cinta ergonométrica para medir consumo de oxígeno, entre otros. Nos preocupábamos mucho de la parte física fuera de la pista. A veces estaba un mes sin patines y cuando volvía, patinaba mejor. Algunos entrenadores todavía no entienden eso”.
—¿No ha pensado en ser entrenadora con todos esos conocimientos?
“Lamentablemente pagan muy poquito, cerca de 350 mil pesos y no tengo la disponibilidad de perder todos los beneficios que tengo trabajando en el IND. No puedo dejar botado a un deportista, pasarle un papel o un programa por WhatsApp, hay que estar pendiente. Además, el entrenador pasa frío igual que el deportista, tampoco tiene vacaciones porque en enero y febrero está el trabajo más duro, tampoco fines de semana porque siempre hay competencias. Ya hice muchos sacrificios como deportista, y hacerlos ahora como entrenadora, por 350 mil pesos, no puedo. Me da pena, porque me encantaría, pero tengo que vivir, pagar cuentas, ayudar a mi familia”.
EL FANTASMA DEL DOPAJE
Cáceres reconoce que su retiro tuvo dos motivaciones. Primero, el hecho de haber perdido la beca Proddar después de 12 años consecutivos conservándola (“Estuve un par de años corriendo con mis ahorros por si la recuperaba”, dice), pero sobre todo, por el fantasma del dopaje que empezó a sobrevolar el patinódromo del Estadio Nacional.
“Se escuchaba mucho de ese tema y yo no iba a entrar en ese mundo. No iba a arriesgarme a enlodar toda mi carrera deportiva si me descubrían. Iban a apuntarme con el dedo y, sobre todo, el peso de la conciencia. Había gente que ofrecía esas cosas y algunas niñas lo aceptaban, pero yo no quise caer en eso y liquidar mi carrera deportiva. Prefería retirarme”.
—¿Vio algo? ¿Le ofrecieron alguna sustancia directamente?
“Siempre hubo rumores, pero lo que yo vi es que estaba entrenando bien, mis evaluaciones eran tan buenas como siempre, mantenía mi régimen de alimentación, el mismo entrenamiento y descanso y perdía con deportistas que nunca habían figurado y que ahora volaban en la pista. Era algo muy notorio. En todas las carreras peleaba los primeros lugares en todas las categorías y de repente, alguien que siempre estaba 12º o 15º te ‘volaba las plumas’. No te lo explicas…”.
—¿Nunca pensó en aceptar al ver todo eso?
“Después de tantos años en el alto rendimiento, uno se da cuenta de que llega un momento en que no da más y puede recurrir a esas cosas para alargar la carrera, pero yo no quise. No solo porque están prohibidas por la WADA, sino porque te metes en un mundo feo y no estaba dispuesta a eso. Siempre hay triquiñuelas para evitar los controles. Alguien dice ‘vienen los médicos’ y tomaban la mochila y salían arrancando; o los que se esconden en los baños y dicen que se sienten mal. Con todo eso, me fui decepcionada del deporte, porque es una trampa. Yo era honesta y terminaba perdiendo. No es justo…”.
Héctor Opazo M.
es coordinador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad de Chile, participó en la cobertura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en los JJ.OO. de Río 2016, entre otros eventos.







