Miguel Ramírez: “Tomé malas decisiones, pensé más con el corazón que con la cabeza”
Tras un amargo 2025, cuando fue responsable de los descensos de Iquique y Unión Española, “Cheíto” vuelve a escena. Y vuelve con una potente autocrítica: “Después del fracaso vienen el luto y la pena”, confiesa. El DT reflexiona, analiza, repasa anécdotas con Jozic, cuenta de su emprendimiento y adelanta que en 2027 quiere dirigir: “Será en un equipo donde comience de cero”.
Miguel Ramírez luce un físico prácticamente idéntico al de sus tiempos de futbolista. “Peso 69… Cuando jugaba eran 74. Perdí masa muscular, pero sigo haciendo deporte: pesas, calistenia y salgo a correr”, dice a casi un año de dirigir por última vez.
“Después del fracaso siempre vienen el luto y la pena”, reflexiona tras el ingrato 2025 en las bancas de Iquique y Unión Española. “Había que entender por qué pasan las cosas, sacar conclusiones, y eso ayuda a comprender las decisiones: si fueron buenas, si fueron malas, y si lo que viene para adelante es lo que uno quiere”, enuncia. Y agrega: “En Iquique tomé malas decisiones. Siempre me había ido bien, siempre tuve objetivos cumplido: para salvar una categoría, para ascender como en Santiago Wanderers, para consolidar el equipo en la división como fue con Iquique en el primer año, donde además clasificamos a Copa Libertadores. Entonces para mí era el sueño cumplido: jugar Copa Libertadores ahora como entrenador”.
—¿Y?
“Entonces venía el momento de potenciar el equipo y lamentablemente no se pudo potenciar como debió ser. No fue por lo que fichamos, es por lo que yo acepté, tendría que haber sido más exigente. Pensé más con el corazón que con la cabeza, porque quería dirigir Copa Libertadores. Y nos fue bien, pasamos una fase, pero el equipo necesitaba más recambios”.
—Cuando dice que pensó con el corazón, se interpreta como que usted pedía cierto jugador y no había presupuesto o no llegaba a ese jugador y usted, por dirigir, aceptó igual.
“Exacto, exacto, eso me pasó. No es responsabilidad única del gerente deportivo o de los dirigentes, también es responsabilidad mía por aceptar y entender que el jugador de fútbol quiere asegurar su futuro y pide un poco más de lo que se le puede pagar y te deja colgando cuando te dice que sí y después, a la semana, te dice ‘no, no voy porque tengo una mejor oferta’. El entrenador acepta, él es el responsable. Yo soy el responsable de lo que pasó con Iquique y después con lo que pasó en Unión Española”.

Ramírez y Jozic compartiendo pizzas hechas por el zaguero central campeón de América. Foto: Archivo Personal
—¿No estuvo bien haber tomado Unión Española?
“Yo quería, porque Unión Española es uno de los equipos grandes del fútbol chileno”.
—Quizás el contexto no era el mejor, recién había salido de Iquique...
“Por eso digo que en esas dos situaciones pensé más con el corazón. Llevaba trece años trabajando fuera de Santiago trabajando, en Iquique, Antofagasta, Quillota, Valparaíso, Rancagua, Concepción… Era bastante tiempo fuera y se me da la posibilidad de dirigir aquí en Santiago. Y, la verdad, no lo pensé tanto, no le di muchas vueltas. Pero el objetivo que se buscaba no fue logrado. Fue un fracaso para mí. Entendí que el equipo mejoró respecto a lo que venía haciendo, sacamos más puntos que la primera rueda, que lo que habían sacado los otros entrenadores. El equipo pudo mostrar una mejora en lo futbolístico, una identidad. Nos tuvimos que adaptar a un equipo joven, un equipo con poca experiencia, un equipo que tenía muchos jugadores que estaban haciendo sus primeras armas en Primera”.
—Usted habló de luto, repasó errores. ¿Se replanteó algunas cosas?
“¿Como qué?”.
—La manera de jugar, por ejemplo.
“En Unión Española terminé adaptándome a las características de los jugadores. Me gusta un equipo que presiona, agresivo. Pero las formaciones las adaptamos a los jugadores que teníamos y con los cuales podíamos contar: cuando llegamos teníamos ocho jugadores disponibles, el resto estaba lesionado. Y nos fue costando, pero siempre yo tuve la esperanza de que ese trabajo que estábamos haciendo nos iba a dar fruto. Me equivoqué, lamentablemente me equivoqué. Y eso se paga caro. Son las decisiones que uno tiene que pensar, porque cuando piensas solamente con el corazón y sin la cabeza, te equivocas”.
—Un año sin dirigir. ¿Ha sido largo?
“¿Estar fuera del fútbol? Sí, ha sido largo. He tenido una buena cantidad de conversaciones con sicólogos deportivos, con entrenadores, con jugadores de experiencia. Vino Mirko Jozic…”.
—¿Cuál fue el fin de las conversaciones?
“Tiene mucho que ver en cómo está el jugador de fútbol. La fragilidad que hay, los agentes distractores que hay constantemente, la frustración cuando las cosas no salen; cómo entrarle al jugador que tiene tantas distracciones externas y ajenas al fútbol que muchas veces lo hacen perderse un poquito del foco de lo que significa ser profesional. Hay muchas cosas que aprender para poder dirigir las nuevas generaciones”.
—Muy distinta a la suya.
“Totalmente, totalmente. Nosotros nos guiamos mucho por lo que nos decían los líderes, los más viejos, los de más experiencia. Yo tuve la suerte de tener buenos líderes a mi alrededor. Entonces aprendí de ellos y uno, claro, espera que ahora como entrenador dirigir de la misma manera, liderar de la misma manera, dar responsabilidad a los mayores. Y a veces los mayores no están capacitados para liderar o no les gusta liderar. Cada uno vive en su mundo, cada uno cuida su espacio, su metro cuadrado. Entonces sacaste a un jugador de un partido, porque estaba jugando mal o porque quería ver otra variante o porque sentía que no estaba haciendo lo que pediste, por cualquier motivo, y resulta que los jugadores cuestionan y critican más a los cuerpos técnicos. Y no lo hacen de forma interna, sino que externa, lo exteriorizan más. Los sicólogos manejan las experiencias de los jugadores de hoy”.
—¿Le parece bien tener que adaptarse a los jóvenes?
“Es más fácil que uno se adapte a treinta a que treinta se adapten a uno”.
—Matemáticamente sí, pero ¿corresponde? Quizás al jugador joven ahora no le interese ser tan profesional, porque tiene todo más fácil que en su época tuya. Un jugador de 16 años ya tiene representante…
“Y 12 años también…”.
—Entonces, puede pensar ‘si no me ponen da igual, el representante me encuentra equipo’. En su época había una oportunidad.
“Para debutar en Primera era complicado. Ahora hay un reglamento que ayuda”.
—Entonces, de nuevo: ¿está bien adaptarse?
“Es lo que toca en esta época. Mira cómo le fue a Marcelo Bielsa en Uruguay, se tuvo que adaptar a personalidades diferentes y a características diferentes. Me he dado cuenta que la mayoría de los buenos resultados vienen con un grupo cohesionado. ¿Cómo lo haces? Siendo cercano. Para ser cercano tienes que conocer al jugador y para conocer al jugador tienes que ser paternalista. Eso es lo que al jugador le gusta, le atrae y ahí se va generando el compromiso, la credibilidad. Si no eres así y eres distante y lejano, es complicado; ya no se dirige así”.

Ramírez en su particular laboratorio. El gran sueño del defensa es instalar una cafetería donde se pueda hablar de fútbol. Foto: Archivo Personal
—Será el paternalismo de hoy, porque mencionó a Jozic y Jozic no era muy paternalista que digamos…
“No, era todo lo contrario. Nosotros veníamos de un liderazgo de Arturo Salah que era mucho más cercano, más paternalista, más preocupado de la persona. Y después llega Mirko, más preocupado de la cancha, del rendimiento, de los resultados y la exigencia. Entonces, y ahí está el tema de los liderazgos, nosotros teníamos un grupo de jugadores que entendió que la propuesta de este entrenador extranjero nos iba a mejorar en lo individual y sobre todo en lo colectivo. ¿Y qué pasó? Que todos mejoramos”.
—Dijo que había conversado con entrenadores.
“Se habla en lo que uno está, cómo, cómo están trabajando los partidos, cómo han jugado, cómo lo han visto. Después se va a lo más específico, cómo trabaja la defensa, el ataque, cómo retrocedes, cómo trabajas la presión, qué hacías cuando un equipo te presionaba de tal forma, qué hacías cuando te salían jugando o te salían largo… Todas esas conversaciones son entretenidas, como un juego de ajedrez en los que uno va conociendo nuevas metodologías y nuevas formas. Mi conclusión es que el manejo de grupos es fundamental. Y más allá del tema táctico, el tema técnico es fundamental, fundamental. Que el jugador pueda controlar la pelota de buena manera, hacer un control orientado. Si hiciste un mal control, la jugada murió; si hiciste un mal control y después quieres sacar un centro, el centro va al tercer palo, al banderín o atrás del arco. La materia prima es fundamental. Y otra de las cosas que sacamos como conclusión, es que en cadete los jugadores necesitan jugar el doble partido de lo que están jugando. Están jugando alrededor de 35 partidos. Necesitan más fútbol, más juego, más roce, lo que le está pasando a la adulta. Son jugadores jóvenes que necesitan jugar y jugar y jugar. Nuestra selección juega, pero durado 45’, en el segundo tiempo baja. Son las intensidades y dónde se trabaja, en los entrenamientos”.
—¿Mantiene su forma de jugar?
“Sí. Para mí la intensidad es lo que marca la diferencia. Pero para debes tener los jugadores idóneos; si no, uno se tiene que adaptar, ser flexible y modificar tu forma de trabajar y de jugar. ¿Y eso cuándo pasa? Cuando llegas a un equipo ya formado. Entonces, por eso mi vuelta al fútbol será en un equipo donde comience de cero… Igual tuve ofertas para dirigir y no lo quise”.
—Porque eran a mitad de año.
“Claro”.
—¿Fue un no categórico o lo pensó?
“Lo pensé, por supuesto, lo tenía que pensar. Pero la decisión final… Es que uno es apasionado. Cuando me pongo a hacer algo, me gusta hacerlo con pasión o no lo hago. Puede que me vaya bien, puede que me vaya mal. Pero yo entrego lo mejor. Y si las cosas salieron bien y pudimos lograr un objetivo, pudieron crecer los jugadores, pudo crecer la institución, feliz. Pero si entrego lo mejor y nos va mal, no tengo nada que hacer, me voy con la cabeza en alto de que hice todo lo posible. Me adapté, fui flexible, modifiqué, traté de entregar lo mejor. Lamentablemente no se logró el objetivo”.
—¿Qué puedo conversar con Mirko?
“¿Por qué yo jugué con el ‘10’ en el torneo nacional? Estaba convencido que era porque se habían equivocado, eso dijeron públicamente, que se habían equivocado en la inscripción. Y resulta que había sido para sacarle presión al ‘10’. Porque el ‘10’ no jugaba de ‘10’”.
—Claro, el ‘10’ era Rubén Espinoza que tenía el número ‘2’.
“Antes se utilizaba mucho, ahora ya no, que el ‘4’ es lateral izquierdo, el ‘2’ lateral derecho, el ‘5’ es central… Y Mirko me dijo que jugué con el ‘10’ para sacarle presión a quien cumpliera esa función. No lo habría imaginado… En una conversación que tuvimos con Espinoza, Mirko recordó que le dijo que no lo iba a ocupar de lateral. Y Rubén se asustó. Y luego le dijo ‘te voy a ocupar más arriba, porque tienes buena técnica, buena visión de juego. No tienes la velocidad para ir y volver, pero sí tienes la capacidad de resolver rápido, a uno o dos toques’. Y tuvo la razón”.
—¿Le pidió consejos?
“No, nada. Se acordaba mucho y en detalle de los partidos, cuestión que a nosotros nos costaba. Por ejemplo, lo de Rubén Martínez, en un partido con Unión Española que se perdió un par de goles, pero hizo tres y lo retó. Y no tenía que ver con el tema de los goles perdidos. Pasó que cuando ya había hecho los tres goles, Rubén había empezado a pisar la pelota y en una jugada, en vez de asistir, parece que al ‘Pato’ Yáñez, quiso resolver él y le pegó afuera. Mirko estaba enojado por eso. El objetivo era no perder la humildad y no jugar con la cabeza del rival. Porque el rival se podía calentar y podía pegar y después tú podías reaccionar. Y si reaccionabas tú, reaccionábamos todos. Entonces se iba a desvirtuar el rendimiento. Tenía razón, pero nosotros, como jugadores, lo habíamos visto de otra manera. Mirko le daba mucho énfasis al tema colectivo, le daba lo mismo quién hiciera los goles”.
—Se reencontró con Marcelo Oyarzún. Fue su PF en Iquique y usted lo despidió.
(Ríe antes de contestar) “Tuvimos la posibilidad de conversar, saludarnos. Estuvo bien, normal. Cuando hay historias es difícil borrarlas, pero con Marcelo en algún momento vamos a tener que conversar. No lo hicimos, pero sí fuimos muy respetuosos. Conversamos lo que teníamos que conversar, en el tema colectivo, de lo que hicimos y de lo que estábamos viviendo con Mirko. Entonces, estuvo bueno”.
—¿Vuelve a dirigir el otro año?
“Me gustaría, es la idea. Primero se tienen que convencer de que puedo ser el entrenador que les pueda entregar los objetivos. Mi cabeza está metida en el fútbol, siempre. Es imposible dejarlo”.
“QUIERO TENER UNA CAFETERÍA”
Todo empezó en la pandemia “cuando aprendí a cocinar y después quise aprender a hacer el pan de masa madre. Y no me salía y no me salía y no me salía. Hasta que conocí a un panadero, Gianfranco Loberti, quien me invitó a su panadería y estuve ocho meses con él. Fue súper generoso en enseñarme con la focaccia, la pizza, la ciabatta y el pan. Hacía tres o cuatro para mí y regalaba a parientes o amigos. Ya fuera del fútbol mi señora me dice, ‘deja de regalar, por qué no empiezas a vender’. Entonces, empecé a vender. Y esos que compraron, después les dijeron a otros y esos otros me quisieron comprar. Y después esos otros me quisieron comprar y así. En el quincho armé mi panadería, pero me voy a tener que cambiar, porque estoy en trámite para la resolución sanitaria e instalarme como empresa. La pueden encontrar como Gol de Masa Madre en Instagram. En el futuro quiero tener una cafetería donde se pueda hablar de fútbol, ver fútbol, compartir y conversar y hacer algo entretenido”.
—¿Qué de particular tiene el pan de masa madre?
“Era loco por la marraqueta, la hallulla y la dobladita, que es extraordinaria. Pero como tiene levadura, la levadura termina fermentando en el estómago. Y al fermentar da inflamación, acidez y pesadez. No entendía por qué, hasta que me hice un chequeo, exámenes, y tenía que ver con eso. Entonces me dijeron prueba con el pan de masa madre. El pan industrial está listo en dos o tres horas; los que venden en supermercado, que están en bolsitas semanas y semanas, tienen conservantes, preservantes, montones de temas químicos para que dure. Y fermenta en el estómago. El pan de masa madre tiene agua y harina. Después se incorpora el agua, la harina y la sal. Tiene un proceso de 5 horas, después un período en frío de 24 horas y enseguida viene el horneado. Recién ahí se puede comer. Dura semanas y si lo congelas, años. Requiere mucha paciencia”.
—¿Es más sano?
“Tiene menos pico glucémico, da una mejor saciedad. Tengo tres tipos: pan blanco, semi integral con multisemilla y semintegral con nuez y cranberry. Son súper consumidos. No pensaba vender y estaba equivocado, me ha ido bastante bien, me tiene muy contento”.
Raúl Neira
es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.







