Portero a los 40 años: las luces y sombras de atajar cerca del retiro
La llegada de Vozinha a Colo Colo reafirma que los arqueros son una especie difícil de extinguir. Abundan los ejemplos: desde Raúl Coloma, que colgó los guantes a los 47 años, pasando por el egipcio Essam El-Had y rematando en Cristian Campestrini (Rangers), quien sigue atajando a los 46. Acá, reconocidos cuidavallas detallan las ventajas y desventajas de cumplir cuatro décadas bajo los tubos.
Essam El-Hadary, de Egipto, tenía 45 años cuando jugó el Mundial de Rusia 2018. “Mi edad es solo un número en un papel. Entreno duro todos los días. No conozco la palabra imposible. Espero que mi historia inspire a otros a creer en sus sueños y luchar por hacerlos realidad… Sí, soy viejo. Es un hecho. Pero me siento de 20. A esta edad, el único número que importa es el ‘1’, el del arquero”, reflexionaba El-Hadary por esos días.
Después de convertirse en el futbolista más longevo en disputar una Copa del Mundo, con 45 años y 161 días, anunció su retiro de la selección. Era el momento de colgar los guantes, y tal como lo esperaba, su historia fue inspiración para sus pares.
Como fue el caso de Josimar José Évora Dias, mundialmente conocido como Vozinha, quien con 40 años defendió el arco de Cabo Verde en la Copa 2026, donde fue elegido en el once ideal.
Si en la historia del fútbol han existido metas que se transformaron en leyendas durante el apogeo de sus carreras —el italiano Dino Zoff es el más icónico, cuando levantó la Copa del Mundo de España 1982 con 40 años— en Chile también hubo héroes. Raúl Coloma se retiró a los 47 tras atajar en Ferrobádminton, Municipal Santiago y Ferroviarios; Claudio Bravo, bicampeón de América con la Roja, dejó el fútbol a los 41 años cuando atajaba en Betis de España; y Mario Osbén, el “Gato”, mundialista en España 1982, estiró la carrera hasta los 42, cuando fue campeón con Cobreloa.
Actualmente, en Primera División solo hay tres arqueros que se acercan a los 40: el coquimbano Diego Sánchez (39), Sebastián Pérez (Palestino) e Ignacio González (Everton), con 35 años. En Primera B, en tanto, figuran Cristian Campestrini con 46 años (Rangers) y Fernando Hurtado (43, Antofagasta).
“No es fácil”, dice Hurtado. Y profundiza: “Pero se explica cuando no tuviste lesiones serias. Si bien es imposible no lesionarse, hay que esquivar las dolencias más grandes, las que llevan más tiempo de recuperación, porque eso gasta al arquero. Tenemos una edadavanzada para el fútbol de alta competencia y para mantenerse en los parámetros de la exigencia física hay que tener un buen descanso, una buena alimentación, tomar buenas vitaminas... Cuando uno va llegando al final de la carrera se va poniendo más profesional. El cuerpo no reacciona de la misma forma a los entrenamientos, el retiro está cerca, y el cuidado tiene que ser mayor. Hay que escuchar tu cuerpo, a veces bajar un cambio. Un arquero experimentado logra que los técnicos o los PF te dejen manejar las cargas. No tenemos la misma energía o el mismo tanque de gasolina que un portero de 20 o 30 años”.
“¿Lo bueno? La experiencia te permite manejar los partidos. A través del tiempo uno va entendiendo situaciones, lee el partido de manera distinta, eso ayuda. Y también ayuda al equipo: ser un arquero grande permite entregar experiencia, encuentras las palabras correctas, el momento exacto de decir las cosas. Son los beneficios”, suma Hurtado.
Óscar Wirth, quien jugó la final de la Copa Libertadores 1993 en el arco de la UC con 38 años, dice que “no hay otra explicación que no sea el profesionalismo y la disciplina, una conducta de vida acorde con la alta exigencia. Jugué 21 años más lo que jugué como cadete, y nunca me expulsaron. Nunca me echaron de una cancha. Quizás recibí dos o tres amarillas en mi carrera, pero nada más. Eso refleja que profesionalmente uno está preocupado de responder con compromiso. Hay que saber cuidarse. En la cancha lo bueno es el conocimiento de las cosas que van sucediendo. Y la madurez lógicamente que ayuda a responder mejor”.
De acuerdo al exarquero de la UC, Cobreloa, la U y la selección, entre otros elencos, “lo malo es que queda bastante castigado el cuerpo. Y lo mismo: hay que tener conocimiento para esconder cada una de esas cosas y darle rienda suelta a lo que mejor tiene uno a esa edad: entender mejor que nadie el juego, ordenar bien a la defensa. Durante mi carrera puse todo de mí y hoy se pagan las consecuencias: operado de la columna y de las dos rodillas, porque el cuerpo no está hecho para eso y a la larga pasa la cuenta”, reconoce Wirth
Hurtado coincide: “Ese que lógicamente el cuerpo no es el mismo que cuando uno era un veinteañero. Hoy, por ejemplo, ya no puedo entrenar a la par con un chico de esa edad. Entiendo que compito por un puesto, pero si antes me quedaba haciendo remates después de entrenar ahora privilegio el descanso. Si antes me quedaba haciendo 1.200 remates o cientos de saques, ahora privilegio el descanso, porque sé que así voy a rendir mejor”, cierra el antofagastino.
Raúl Neira
es redactor de Deportes El Mercurio y especializado en fútbol. Con más de 25 años de carrera, cubrió la Copa Confederaciones de Rusia 2017, la Copa América de Chile 2015, copas Libertadores, sorteos y partidos clasificatorios a la Copa del Mundo.







