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21:13

Aprendizaje mundialista

En la reciente Copa del Mundo quedó demostrado que el fútbol, si es bien organizado y se expone como un espectáculo, sigue fascinando.
Foto: FRANCE PRESSE
Sergio Gilbert27 de julio, 2026
Cuando las luces del Mundial 2026 se apagan y el torneo que se disputó en México, Estados Unidos y Canadá comienza a integrarse como un capítulo en la historia grande de las Copas del Mundo, debe partir irremediablemente la reflexión en torno a qué deja como enseñanzas.

Y la verdad es que son varias y desde variados puntos de vista. Lo primero es que quedó claro que el fútbol, si es bien organizado y se expone como un espectáculo, sigue fascinando.

Las cifras así lo indican. Y es que en total asistieron a los estadios 6,7 millones de espectadores en los 104 partidos disputados. Y lo más llamativo es que incluso los recintos estuvieron llenos o parcialmente a tope en encuentros que en principio no debían llamar mucho la atención. De hecho, el que tuvo menor cantidad de público fue el juego en la primera fase entre Panamá y Ghana disputado en Dallas. al que asistieron “solo” 47 mil personas.

A ello hay que sumar otra cifra que denota el interés del público por una confrontación de nivel: en la final jugada entre Argentina y España, el precio de reventa de entradas (algo que es legal en Estados Unidos) alcanzó a 37 mil dólares. Es decir, para ver a Lionel Messi enfrentando a Rodri, hubo personas que cancelaron más de 35 millones de pesos chilenos…

Pero junto con estas cifras increíbles, es justo señalar que en este Mundial se alcanzó un nivel exacerbado y casi irreflexivo de mercantilismo por parte de la FIFA, que le reportó una cifra cercana a los 16 mil millones de dólares, doblando así lo ganado en el Mundial de Qatar. Y es que el máximo organismo del balompié mundial vendió todos los cortes de la vaca posible: derechos de televisión, de radio, de medios digitales, además de las famosas y mal evaluadas “pausas de hidratación”. Si hasta el conteo para el inicio de los partidos estaba auspiciado…

Pero el peligro no es ese. Resulta que varios de los auspicios que fueron visados por la FIFA era de casas de apuestas, lo que indica dos cosas: que éstas ya están metidas en el negocio, y que la FIFA no tiene reparos en incentivar los juegos de azar teniendo al fútbol como protagonista, aunque no tenga métodos de control ante eventuales amaños de partidos.

El Mundial también dejó enseñanzas bien claras a los que estamos metidos en los medios de comunicación.

El impacto y la preeminencia digital ya no es siquiera discutible. De acuerdo con declaraciones oficiales de Rob Pilgrim, jefe global de Deportes de Meta, las aplicaciones Instagram, WhatsApp, Facebook y Threads funcionaron como el hogar digital exclusivo del detrás de cámaras, de lo que iba más allá de la simple exhibición de los partidos.

Es decir, las celebraciones íntimas en los camarines y hasta los análisis tácticos y estratégicos de los encuentros.

A ello hay que agregar cómo la IA (Inteligencia Artificial) mostró todas sus caras. Por uno, una exactitud y una velocidad sorprendente para la entrega de datos. Por otro, mucho fake, esencialmente en la entrega inexacta o derechamente falsa de declaraciones de protagonistas.

¿Y el fútbol? ¿Hubo revoluciones tácticas o propuestas novedosas? No. Pero hubo cositas interesantes… para hablar en un próximo capítulo.
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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