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La mano del entrenador

Hay dos cosas en las cuales en este Mundial se ha notado la mano de los entrenadores: la potenciación de los jugadores en virtud de los esquemas técnicos elegidos, y la capacidad de resolución táctico-estratégica de acuerdo a cómo se está presentando un partido.
Foto: France Presse
Sergio Gilbert13 de julio, 2026
El tema es recurrente y, por cierto, se ha mantenido como eje de discusión durante la Copa del Mundo 2026 que está en desarrollo.

¿Cuál es el real nivel de importancia del trabajo de los entrenadores en la obtención de resultados en un torneo como el Mundial?

No hay respuestas únicas ni correctas del todo.

Para empezar, es obvio que quien asume como seleccionador sabe que es improbable que pueda darle sello a su equipo por el escaso y espaciado tiempo que tiene para trabajar. Además, lo urgente es que hay que intentar ganar, no cómo sea, pero sin consideraciones estéticas que obnubilen el pragmatismo. La firma de autor no se consigue en una selección, sino que en un equipo.

No obstante, sin duda que quien dirige una escuadra nacional ejerce influencia grande y, por ende, tiene un porcentaje importante en el devenir de su escuadra.

Desde ese prisma, hay dos cosas en las cuales en este Mundial se ha notado la mano de los entrenadores: la potenciación de los jugadores en virtud de los esquemas técnicos elegidos, y la capacidad de resolución táctico-estratégica de acuerdo a cómo se está presentando un partido.

En el primero de estos elementos, el francés Didier Deschamps ha dado muestras de cómo beneficiar a su equipo con los cambios que ha hecho en el juego y en la posición de sus futbolistas.

El caso de Michael Olise es el más emblemático. El jugador —quien sin duda es una de las grandes figuras de este Mundial— pasó de ser un extremo derecho de alto vuelo (como lo ha mostrado en Bayern Munich) a un asistidor centralizado de nivel galáctico, lo que ha permitido no sólo que él luzca sus virtudes técnicas, sino que también que Kylian Mbappé se sienta cómodo y saque ventajas como delantero centro, abandonando así su natural tendencia a recostarse por el sector izquierdo (y que es algo que le cuesta hacer en Real Madrid al no tener a un Olise). Punto para Deschamps.

En lo segundo, que es la acción reactiva de los entrenadores de acuerdo a cómo se está dando un encuentro, quien ha sacado mejores notas es el DT alemán de Inglaterra, Thomas Tuchel.

El germano es un ente activo los 90 o 120 minutos de juego. En un partido ha cambiado hasta tres veces no solo el esquema táctico de su equipo, sino que también la forma de encarar estratégicamente el encuentro.

Ante México, con uno menos, Tuchel reordenó a una escuadra que estaba ganando por las alas y la convirtió en una centralizada para rodear y ejercer presión a los volantes aztecas.

Y frente a Noruega hizo algo impensable: en el entretiempo, sacó a Declan Rice, quien ejercía de primera salida para la construcción ofensiva, y con ello giró a su equipo para jugar directo. Y así le quitó al rival la zona de lucha que este le estaba ganando.

¿Hay más ejemplos de seleccionadores que han mostrado sus ideas en los equipos mundialistas?

Pocos, en verdad, han estado ajenos a ciertos elementos que luego se observan en la cancha.

Pero la pregunta seguirá abierta. ¿Qué tanto pesa ello en los resultados? ¿Acaso no son los jugadores los que deciden?

Ahí lo dejo…
Sergio Gilbert

es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66

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