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El Mundial de las diásporas: cómo los hijos de migrantes cambiaron la configuración de las selecciones nacionales

Futbolistas nacidos en campos de refugiados, europeos que optaron por el país de sus padres o africanos que lo hacen al revés marcan el perfil de un torneo cada vez más diverso.
Foto: AP
José Contreras15 de junio, 2026
El sueco Yasin Ayari, con un golazo, abrió la cuenta en la abultada victoria 5-1 de su selección sobre Túnez el domingo. Sin embargo, el gesto de celebración llamó la atención: puso sus manos juntas y rogó por el perdón a los hinchas tunecinos, como lo haría un jugador si le marca a su exclub.

¿La razón? El volante de 22 años que juega en el Brighton inglés es hijo de padre tunecino, por lo que el tanto le pegó fuerte. “Fue muy emotivo jugar contra Túnez, país al que le tengo mucho cariño. He pasado muchos veranos allí, tengo familia allí, pero ahora juego para Suecia y tengo que dar lo mejor de mí”, indicó. Eso sí, en su segundo tanto el festejo fue más desatado y sin perdón. “No todos los días se marcan dos goles en un Mundial”, justificó.

Ayari tiene el apoyo de su padre para defender a los escandinavos (“quiero que juegue por ellos, sentir que devuelve algo al país que lo cuidó”, dijo) y es uno de los tantos casos de migrantes que juegan por una selección de un país diferente al de sus progenitores. Suecia, por ejemplo, también tiene a Alexander Isak, nacido en Estocolmo de padres eritreos.


Es un fenómeno que se replica en casi todos los equipos. Los más usuales son de familias africanas, como el australiano Nestory Irankunda, hijo de burundeses que escaparon a un campo de refugiados en Tanzania por la guerra civil, o el canadiense Alphonso Davies, nacido en un campo en Ghana de padres liberianos y que a los cinco años llegó a Norteamérica. También está el alemán Jamal Musiala, hijo de un nigeriano-británico y una alemana y que optó por representar al país de su madre.

Zion Suzuki es uno de los casos más cosmopolitas: nació en Nueva Jersey, es hijo de padre ghanés y madre nipona y decidió defender a los asiáticos. Algo similar sucede con Folarin Balogun, quien optó por Estados Unidos, lugar donde nació, aunque sus padres son nigerianos y se crio en Inglaterra.

Otros ejemplos van al revés. En el empate ante Brasil, Marruecos presentó un equipo titular con un once completamente nacido fuera de sus fronteras, mientras que Haití se nutre de algunos jugadores nacidos en Francia, Curazao hace lo propio de Países Bajos y Cabo Verde con Portugal.

En “Os Tubarões Azuis”, eso sí, hay una excepción. El padre de Ricardo “Pico” Lopes es caboverdiano, pero nació en Irlanda y no habla portugués. En 2018, el seleccionador Rui Águas lo contactó por LinkedIn para que jugara por ellos, pero el defensor ignoró el mensaje. “Pensé que era spam”, reconoció. Águas insistió, pero ahora en inglés y Lopes entendió: aceptó la propuesta, juega por los africanos desde 2019 y fue figura en el histórico empate ante España en su debut.
José Contreras

es colaborador de Deportes El Mercurio. Periodista de la Universidad Uniacc con énfasis en el polideportivo, ha cubierto eventos como los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, Juegos Sudamericanos, el MotoGP, el mundial de Rally y certámenes de fútbol, tenis y otras disciplinas.

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