El renacer de los laterales derechos
La aparición de jugadores como Felipe Faúndez, Ian Garguez y, tal vez, Sebastián Arancibia es una buena noticia. Aunque sería bueno que a Garguez, de una vez por todas, en la selección le den ese puesto y no el de zaguero central.
Por años, el fútbol chileno fue pródigo en la proliferación de laterales, en especial por el sector derecho (el perfil izquierdo es otro tema).
Es cosa de hacer un poco de memoria.
En la selección de 1962 y en todo el proceso del Ballet Azul, Luis Eyzaguirre mostró su eficiencia en el puesto, agregando a la labor defensiva un elemento que, hasta antes de su aparición en escena, no era muy usado en canchas nacionales: la proyección ofensiva, una fase modernizada del puesto que, en Brasil, con el gran Djalma Santos como bandera, ya era utilizado desde los años 50.
Para el Mundial de 1966, el tema de los laterales derecho fue complejo. Francisco Hormazábal confió en Aldo Valentini en las eliminatorias sudamericanas, pero al asumir Luis Álamos previo a la definición con Ecuador en Lima, le devolvió la titularidad a Eyzaguirre. Sin embargo, en el Mundial de Inglaterra, las cosas cambiaron, porque Valentini volvió a ser el titular tras la derrota en el debut de Chile ante Italia, con Eyzaguirre en la cancha.
Lo más peculiar en torno a esta proliferación de los laterales derechos se produjo en los 70.
Para el Mundial de Alemania, el DT Luis Álamos nominó a tres especialistas: Juan Machuca, Rolando García y Mario Galindo. Al final, en una decisión que aún hoy se discute, el que jugó fue García, aparentemente porque era el más defensivo de los tres…
En los 80 y 90 pasan cosas curiosas en virtud del período de ajuste que se está verificando en el fútbol a nivel táctico-estratégico: los laterales no nacen, se hacen, y en virtud de una necesidad específica, ya que los punteros van desapareciendo (o muriendo, como sentenció Carlos Salvador Bilardo).
Así, jugadores como Rubén Espinoza y Andrés Romero, por ejemplo, al no ser ya ocupados como aleros ofensivos que era su especialidad, fueron reconvertidos en laterales derechos. Incluso defensores centrales (Lizardo Garrido) o volantes defensivos (Moisés Villarroel) fueron devenidos en ese puesto en las últimas décadas del siglo XX (y así fueron titulares en los equipos mundialistas de Chile 1982 y 1998, respectivamente).
Por supuesto que hoy las cosas ya se salieron de norma. De hecho, parece anacrónico hablar de laterales. Hoy hay que referirse a laterales-volantes o externos. Como lo fue por muchos años un también reconvertido Mauricio Isla.
El problema para Chile fue que, en este nuevo proceso de regeneración, la producción de laterales de nivel fue escasa. Gonzalo Fierro, José Pedro Fuenzalida fueron aciertos, pero otros como Juan Delgado derechamente fueron malos experimentos.
Por eso, la aparición de jugadores como Felipe Faúndez, Ian Garguez y, tal vez, Sebastián Arancibia es una buena noticia. Aunque sería bueno que a Garguez, de una vez por todas, en la selección le den ese puesto y no el de zaguero central.
Claro, falta como para hacer una proyección mayor y para apostar a una especie de revival.
Pero por primera vez en muchos años, parece haber madera. La misma que alguna vez el fútbol chileno tuvo de sobra y que fue perdiendo lenta y consistentemente.
Es cosa de hacer un poco de memoria.
En la selección de 1962 y en todo el proceso del Ballet Azul, Luis Eyzaguirre mostró su eficiencia en el puesto, agregando a la labor defensiva un elemento que, hasta antes de su aparición en escena, no era muy usado en canchas nacionales: la proyección ofensiva, una fase modernizada del puesto que, en Brasil, con el gran Djalma Santos como bandera, ya era utilizado desde los años 50.
Para el Mundial de 1966, el tema de los laterales derecho fue complejo. Francisco Hormazábal confió en Aldo Valentini en las eliminatorias sudamericanas, pero al asumir Luis Álamos previo a la definición con Ecuador en Lima, le devolvió la titularidad a Eyzaguirre. Sin embargo, en el Mundial de Inglaterra, las cosas cambiaron, porque Valentini volvió a ser el titular tras la derrota en el debut de Chile ante Italia, con Eyzaguirre en la cancha.
Lo más peculiar en torno a esta proliferación de los laterales derechos se produjo en los 70.
Para el Mundial de Alemania, el DT Luis Álamos nominó a tres especialistas: Juan Machuca, Rolando García y Mario Galindo. Al final, en una decisión que aún hoy se discute, el que jugó fue García, aparentemente porque era el más defensivo de los tres…
En los 80 y 90 pasan cosas curiosas en virtud del período de ajuste que se está verificando en el fútbol a nivel táctico-estratégico: los laterales no nacen, se hacen, y en virtud de una necesidad específica, ya que los punteros van desapareciendo (o muriendo, como sentenció Carlos Salvador Bilardo).
Así, jugadores como Rubén Espinoza y Andrés Romero, por ejemplo, al no ser ya ocupados como aleros ofensivos que era su especialidad, fueron reconvertidos en laterales derechos. Incluso defensores centrales (Lizardo Garrido) o volantes defensivos (Moisés Villarroel) fueron devenidos en ese puesto en las últimas décadas del siglo XX (y así fueron titulares en los equipos mundialistas de Chile 1982 y 1998, respectivamente).
Por supuesto que hoy las cosas ya se salieron de norma. De hecho, parece anacrónico hablar de laterales. Hoy hay que referirse a laterales-volantes o externos. Como lo fue por muchos años un también reconvertido Mauricio Isla.
El problema para Chile fue que, en este nuevo proceso de regeneración, la producción de laterales de nivel fue escasa. Gonzalo Fierro, José Pedro Fuenzalida fueron aciertos, pero otros como Juan Delgado derechamente fueron malos experimentos.
Por eso, la aparición de jugadores como Felipe Faúndez, Ian Garguez y, tal vez, Sebastián Arancibia es una buena noticia. Aunque sería bueno que a Garguez, de una vez por todas, en la selección le den ese puesto y no el de zaguero central.
Claro, falta como para hacer una proyección mayor y para apostar a una especie de revival.
Pero por primera vez en muchos años, parece haber madera. La misma que alguna vez el fútbol chileno tuvo de sobra y que fue perdiendo lenta y consistentemente.
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







