Una alegría peligrosa
Un aplauso para Santiago Wanderers y su linda Sub 20. Los futboleros no vamos a olvidar cómo atacó el equipo en los minutos finales a Flamengo. Pero tampoco debemos olvidar que, aunque la noche del domingo saltamos alto, al caer quedamos donde mismo…
Horas antes de que la Sub 20 de Santiago Wanderers obtuviera brillantemente el título de la Copa Libertadores de su categoría, su equipo profesional jugaba en el estadio Elías Figueroa ante Antofagasta, por la quinta fecha de la Liga de Ascenso.
Y a los siete minutos, los porteños abrieron la cuenta. El autor del gol no le sonaba a nadie: Denilson San Martín, un debutante que, hace pocos días, cumplió 18 años.
San Martín no sólo hizo el gol. Jugó bien. Se ganó nuevas oportunidades.
Lo de Denilson San Martín, así como lo que luego pasó con la Sub 20 en la Copa Libertadores, no es casualidad. Más bien, es una tendencia que indica que, en Santiago Wanderers, donde la mayoría de las cosas no funcionan como deberían, sí hay consistencia en el trabajo de las divisiones menores.
Las razones son muchas. Una es que Santiago Wanderers logra captar al grueso de los jóvenes de la Quinta Región no sólo por ser el club histórico, sino porque mantiene la esencia del amateurismo y algo de bohemia. Los cerros, el puerto, el parque Alejo Barrios y sus canchas de tierra y el Cinzano no son sólo identidad, sino que vinculación que se transmite por osmosis a los wanderinos.
También hay que resaltar que, tras el impecable trabajo técnico de Felipe Salinas, ha habido y hay en el cuadro caturro otros profes que le han dado continuidad a un sistema de trabajo, como Héctor Robles y Domingo Sorace.
De igual forma, ahora que tendremos en la mente y pondremos atención a jugadores como Ignacio Flores, Christian Silva, Lucas Avendaño y Vicente Vargas, no hay que olvidar que Santiago Wanderers siempre ha regalado talento al fútbol chileno. Empecemos con Elías Figueroa, sigamos con David Pizarro y rematemos con Lucas Cepeda, para poner en claro la cuestión. O sea, no me vengan conque esto se trata sólo de buena suerte…
Pero claro, tampoco hay que irse al otro extremo y pensar que se encontró una fórmula precisa para ganar. El éxito es una moneda de dos caras: llena de orgullo, pero también nubla.
Y a esto último hay que apuntar hoy, cuando la justa alegría que entregó la Sub 20 porteña comienza a aquietarse.
La corona, desgraciadamente, no ha cambiado el deprimente estado actual del balompié nacional en lo estructural.
Los torneos de las series menores siguen siendo una aberración en términos de competividad; los clubes, en su gran mayoría, mantienen su visión mercantilista que inhibe la inversión a futuro para anteponer la ganancia rápida; los entrenadores de menores siguen con su estatus de segunda y tercera categoría en cuanto a sueldos; los DT de los equipos profesionales no dan paso a los jóvenes porque son miedosos de perder sus puestos, y no hay en la cabeza de la organización un plan nacional, consensuado, técnico y de largo plazo que se aplique a morir, pese a las eventualidades.
Sí, un aplauso para Santiago Wanderers y su linda Sub 20. Los futboleros no vamos a olvidar cómo atacó el equipo en los minutos finales a Flamengo, el agónico gol de Sebastián Vargas, la arenga del DT Felipe Salinas antes de los penales, y el bendito remate final de Ignacio Flores. Pero tampoco debemos olvidar que, aunque la noche del domingo saltamos alto, al caer quedamos donde mismo…
Sergio Gilbert
es periodista titulado en la UC, especializado en fútbol. Profesor universitario y redactor en El Mercurio. En Twitter: @segj66







