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El anecdotario del fútbol panamericano: adoctrinamiento de aficionados, peripecias en la Villa y la charla inoportuna

Desde 1951 a 1995 Chile dispuso de cinco representaciones en el fútbol masculino. Desde conjuntos de cepa amateur que capturaron bronce hasta una sorpresiva final en Indianápolis. “El futbolista siempre ha sido un extraño en estos eventos, esa es la verdad”, dice Martín Gálvez, que compitió en Caracas 1983. “Si no hubiésemos tenidos la reunión con el sicólogo antes de la final con Brasil 87, capaz que ganábamos el oro”, recuerda el “Tunga” González.
Foto: El Mercurio.
Claudio Herrera de la Fuente22 de octubre, 2023
El resultado más holgado de la Roja en el historial de los Juegos Panamericanos, en fútbol masculino, es el 10-2 que se propinó a Estados Unidos en la edición de Sao Paulo 1963, obra de un equipo de aficionados al mando del técnico Raúl Pino, apodado el “Mago”. Con el atacante Domingo Araneda, de los registros de Chiprodal de Graneros, como estandarte, aquella selección logró medalla de bronce, mientras los norteamericanos, últimos, terminaron su participación con 30 tantos concedidos.

Antes, en Buenos Aires 1951, en el estreno de los Juegos Panamericanos, el fútbol también se unió a la delegación chilena con deportista provenientes del ámbito amateur, salvo dos excepciones de Universidad de Chile. Un digno tercer lugar con apenas una derrota: 1-2 ante el local Argentina, que se quedaría con el oro.


El técnico Luis Tirado valoraba por aquellos días la integridad de los novatos. “Una disciplina absoluta y voluntaria, un deseo de aprender sin límites. Hicieron frente a cuadro de amateurs marrones, con el más estricto sentido amateur. Aprendieron hasta el nombre de sus puestos, muchachos que habían sido siempre backs a secas, aprendieron a ser back-centro o back al wing. Descubrieron la gimnasia, aprendieron que el día de partido debían almorzar temprano y no tomar líquidos, asimilaron espíritu táctico. Muchos no habían jugado nunca en cancha de pasto, algunos no habían usado nunca zapatos con estoperoles, ninguno jamás se había preparado de forma científica. Un equipo sano, ninguno se enfermó. Y salen poco, no dan dolores de cabeza”, celebraba el reputado entrenador en la prensa de la época.

En 1983, ya con futbolistas acomodados en el profesionalismo, Chile intervino en el torneo de Caracas, con Hernán Carrasco de técnico. “Estaba don Hernán al mando, pero su ayudante Manuel Rodríguez Vega era más activo, habían nombres interesantes: el “Rambo” Ramírez, Eduardo Vilches, Carlos Soto, Carlos Poblete, “Memo” Carreño, Ivo Basay (…) Creo que entrenamos una vez antes de viajar y en otra ocasión nos citaron a una foto en Juan Pinto Durán. ¿Pablo Valdés, del club Chilectra? Es que que por normativa debía haber en el plantel un jugador de ANFA, debe haber sido él. Empatamos con Cuba (0-0), que eran largos de patas, espigados, también con Guatemala (1-1) y le ganamos a Estados Unidos (2-1), me tocó marcar un gol. Nunca hubo claridad con el reglamento de cuántos pasaban, nos quedamos fuera por diferencia de gol para luchar por una medalla”, rememora Martín Gálvez, exatacante de la U.

Aníbla González maniobra ante Argentina, partido donde anotó en el 3-2 histórico en Indianápolis 1987. Foto: El Mercurio.

“En la Villa Panamericana, que no estaba terminada del todo, nos tocó como en un piso 12 o 14, fueron tres departamentos para el equipo, con dos camarotes por pieza, y el problema es que el ascensor siempre estuvo malo. Bajábamos a los comedores y después nadie quería subir, imagínese 14 pisos con calor y humedad. No había aire acondicionado ni ventiladores, no nos dormíamos antes de las 2 de la mañana y antes de las 7 ya despiertos otra vez, no se podía más por el calor. Era raro estar en la Villa con deportistas de otras disciplinas, el futbolista está desacostumbrado a eso, recuerdo que intercambiábamos pines con otras delegaciones. El futbolista siempre ha sido un extraño en estos eventos, esa es la verdad”, reseña el “Tincho”.

La selección en Indianápolis 1987 se destapó llegando a la final ante Brasil, después de eliminar a Argentina en semifinales, en la primera victoria formal de un equipo chileno sobre los albicelestes en la historia. Aníbal González, pupilo de Eugenio Jara hace 36 años, cuenta: “Fue increíble esa campaña, nadie daba un peso por ese equipo, pero había buen grupo: Eduardo Furniel llevaba la batuta, estaba el finado Claudio Tello, Nelson Enríquez, Jorge Pérez, (Marco) Tamayo. Don Eugenio tenía buen ojo, llevó a Francisco Hörmann, que no era titular la UC y fue figura, Germán Pino de Rangers (…) Le habíamos ganado en primera fase a Brasil, que tenía a Taffarel en el arco, Valdo, Careca; después a Argentina y como que no le tomábamos el peso todavía, pero recuerdo que antes de la final tuvimos una charla con el psicólogo y como que nos aterrizó y nos hizo darnos cuenta la dimensión del torneo, y ahí perdimos con Brasil en el alargue (0-2). Si no hubiésemos tenido la reunión con el psicólogo antes de la final capaz que ganábamos el oro. Igual, conservo con mucho orgullo esa medalla”, elucubra el “Tunga”, un atacante de culto.


La última participación de la Roja fue en Mar del Plata 1995. “Pero la primera fase la jugamos en Tandil; recién en cuartos fuimos a jugar con Argentina a Mar del Plata, perdimos 1-0, pero fue muy desigual, nos metieron en un arco, el equipo del ‘Burrito’ Ortega, Gallardo, Sorín, Zanetti, con ese oro tomó fuerza el proceso de Daniel Passarella”, enseña Leonardo Véliz, exseleccionador.

El “Pollo” relata: “Nos acompañó Xavier Azkargorta, que estaba a cargo de la selección mayor, y compartimos habitación. Una tarde de descanso por la TV estaban pasando un partido de Costa Rica, que era rival nuestro, y era la oportunidad para sacar algún apunte. Xavier me dice ‘Leo, míralo tú, después me cuentas’. Yo me puse a anotar todo bien atento, y de reojo observo a Azkargorta metido en un libro de historia de Chile, él era así, leía mucho, muy culto, sus charlas eran sensacionales. Buena selección, pero del evento, poco, jamás estuvimos en la Villa Panamericana, sino concentrados en hotel lejos de todo”.

Claudio Herrera De La Fuente

es redactor de Deportes El Mercurio, especializado en fútbol y en atletismo de fondo, especialmente en maratón y pruebas de ultradistancia, con más de 20 años de experiencia en periodismo escrito.

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