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Lizardo Garrido, ídolo de Colo Colo: “Pensé que me moría, pero acá estoy dando pelea al cáncer”

El “Chano” vivió un calvario en los últimos cuatro años. Sufrió la muerte de su esposa, un infarto y una depresión. Lo operaron del corazón, le insertaron siete fierros en las vértebras, le hicieron trasplante de médula y hoy libra una batalla contra la leucemia. “Soy un sobreviviente”, dice. Está de pie.
Antonio Valencia13 de enero, 2023
La noche oscura llegó de golpe. Una mala tras otra. La muerte en 2018 de Myriam, su esposa durante 40 años, fue el primer y duro azote. Al mes, con una depresión encima, Lizardo Garrido supo que algo andaba mal en su cuerpo.

“Empecé a sentir una pesadez en el pecho que yo asociaba a la angustia, a la depresión por la muerte de Myriam. Estaba con mi hijo y un amigo y me llevaron a la clínica. Era un infarto. Me operó el doctor (Rubén) Lamich, me destaparon las arterias y quedé bien”, cuenta.

—Pero vino lo de la columna.

“Como cuatro meses después. Estaba en la ducha y a ratos no sentía las piernas y no me podía sostener. Se me dormía todo, de la cintura hasta los dedos de los pies. Pero yo me ponía de pie, colocaba las manos en las rodillas, me inclinaba y se me pasaba. Una cosa rara que se llama estenorraquis. Hasta que hubo un funeral de una persona de acá de Colo Colo, fui al funeral, estaba caminando en el cementerio y no pude llegar”.

—¿Qué pasó?

“Me empecé a quedar atrás del cortejo. Me senté en una tumba a descansar y me perdí el ritual y todo. Ahí fue a la clínica Meds con el doctor Yáñez y me mandó donde un colega que es seco. Me hicieron un scanner y salió la estenorraquis. Me operaron de la espalda, el doctor Marcelo Pérez y esto me quedó (muestra una radiografía): cuento seis o siete fierros en mi columna, en las vértebras. Estuve tres días hospitalizado y después volví al trabajo en Colo Colo”.

Garrido, 65 años, es jefe de captación de jugadores, director nacional de las escuelas de fútbol y de la escuela Monumental. Es el jugador más ganador del club con 15 títulos. El “Flaco” posa junto al mural del Colo Colo campeón del Copa Libertadores 1991 pintado junto a los mayores trofeos del club. “En todas esas estuve. Los tres títulos internacionales, seis campeonatos nacionales, seis Copa Chile, tengo el récord de partidos y así”.

Hasta que un día pasó una mala de nuevo. “Estuve un tiempo tranquilo y vino todo de nuevo, incluida la pandemia. Habrá sido en febrero de este año y me salió un herpes zóster a altura del estómago, atrás en la espalda, en la axila y el brazo”.

—Eso es muy doloroso.

“Me quemaba, no me dejaba dormir. Empecé a ver dermatólogos. Vi como cuatro. Me daban una pastilla que aun tomo. Fui al neurólogo también. Me agarró este herpes desgraciado todo el brazo derecho también. Lo tenía hinchado, los dedos de la mano grandes, también hinchados. Heavy. Aún tengo secuelas y de hecho, todo el antebrazo lo siento dormido como cuando tenía el herpes. ¡Puta madre! No se me pasaba, me dolía… me tenía loco. Llegaba a llorar de dolor.”

—¿Qué hizo entonces?

“Fui desesperado donde el doctor Yáñez a su consulta sin pedir hora. Somos muy amigos, pero estaba lleno, no tenía hora. Le dije, revísame tres minutos, solo tres minutos. Insistí tanto porque me sentía como el ajo, así que entre paciente y paciente me revisó. Tomó sus recetas y me mandó a hacer exámenes. Fue un martes. 'Y llámame mañana en la tarde y te cuento como salieron los exámenes', me dijo”.

Colo Colo 1991, campeón de la Copa Libertadores, con Lizardo Garrido como baluarte. El "Chano" ganó los tres títulos internacionales que estám en las vitrinas de Colo Colo, además de seis campeonatos nacionales y seis copas Chile.


Garrido fue al día siguiente en ayunas a tomarse los exámenes y por la tarde no tuvo que llamar al doctor Yáñez, un histórico de Colo Colo y la selección chilena.

“Me llamó él tipo cinco, cosa insólita porque a esa hora que él te llame… qué raro dije. ‘Dime al tiro Roberto: estoy muy mal, más o menos o es muy grave’. Él titubeó y se quedó un poco callado. ‘Dime la verdad Roberto…’ Y me dice: ‘Es malo lo que tienes. Mañana te conseguí hora con un hematólogo a las tres de la tarde en la clínica Las Condes'. Fui con mi amigo Gabriel Leiva, el mismo que me llevó tras el infarto, también por la estenorraquis. El doctor Rondizzoni me revisa y me dice: te tengo pedida cama, te tienes que hospitalizar ahora ya. Le dije que no, que no podía, que tenía que ser en la clínica Alemana porque tengo seguro allá. Y me consigue cama en la Alemana y yo le pregunto, ‘pero doctor, ¿por qué tan rápido, porque debo hospitalizarme ahora ya? ¿qué tengo?’”.

Lizardo Garrido escuchó el diagnóstico y no pensó lo peor. “Me dijo que tenía leucemia y a mí no se me movió tanto el piso, quizás porque quedé medio nublado. Salí de la consulta y le dije a mi amigo que tenía leucemia y él sí se puso pálido y se quedo en silencio”.

—No lo podía creer.

“Fíjate que ya el primer día de hospitalizado me cayó la teja. Con el ajetreo en la clínica, mientras me llevaban a la UCI, la sala de los más graves, escuché a la pasada: ‘Pucha que lata, tiene cáncer a la sangre'. Y ahí se me vino todo: ‘O sea me voy a morir’, pensé. Cáncer. Estaba solo ahí, lloré mucho, no le había avisado a nadie de la familia Yo le dije al doctor Matías Sánchez: ‘Doctor, no me quiero hacer nada, yo ya sé como puede ser el final. Todo esto del cáncer lo viví con mi esposa que sufrió cáncer de pulmón. Las quimioterapias, las radioterapias… no, la misma historia no’”.

—¿Y cómo se convenció de dar pelea?

“Llamé a mis hijos y le dije esto mismo. Los doctores me decían que de esto se puede salir, que tenemos que batallar. Y mis hijos me dicen que respetan mi decisión, que me iban a apoyar en lo que yo decidiera. También apareció mi pareja Vilma Undurraga, para quien no tengo más que palabras de agradecimiento. Y sentí el cariño de todos, de mi familia, de los doctores y personal que hasta en la radioterapia, a lo que yo le tenía miedo.., ellos me esperaban con la camiseta de Colo Colo puesta. En serio. Increíble. La gente colocolina es impresionante. Todo eso me tiene de pie, ese cariño maravilloso. A los dos o tres días de caer a la clínica tenía, sin exagerar, unos 600 mensajes de WhatsApp diarios de puro amor y esperanza, de energía positiva de gente de Arica a Punta Arenas, de los dirigentes del club, de mis amigos de Colo Colo 91, del ‘Barti’, hasta de Javier Margas, un mensaje del Mirko Jozic, la compañía del ‘Bocón’ Ormeño, del ‘Chupete’ Hormazábal, que son como mis hermanos, del ‘Chino’ Caszely que se las ingeniaba para entrar igual a la clínica cuando estaba prohibido… Un día yo medio dormido llegó a verme Eduardo Menichetti… pensé que era él… ¡pero era el hijo que es igual! Hasta habla igual, y me dio tata alegría de ver a Eduardo… Así… Les agradezco a todos, porque por eso, por todos me la quise jugar”.

—Y empezó el tratamiento.

“Supe de glóbulos blancos, rojos, plaquetas, me colocaban sangre súper seguido, catéter… mi cuerpo estaba hecho pebre de tantos pinchazos. Perdí la cuenta de las quimios que me han hecho. Estuve tres meses hospitalizado, pero al mes se empezó a hablar de trasplante de médula, casi al mismo tiempo que se me empezó a caer el pelo en la ducha”.

—Uff...

“Me estaba duchando en la clínica y me paso la mano por la cabeza y quedo con un puñado de pelo en la mano. Fue un tema. Después no me quería ni mojar el pelo. Despertaba en las mañanas y mi almohada llena de pelo, y se me empezaron a hacer unos hoyos, unos pelones. Hasta que me dijeron que mejor era cortar todo, rapar, hacerla corta. Y la hice. Y me vi pelado frente al espejo, y lloré y lloré profundo, potente, no podía creerlo, por qué me pasaban estas cosas… Era un horror verme. La gente me conocía con un poco de chasca. Fue de lo más duro junto con el momento en que escuché que tenía cáncer de sangre… Pero nadie me vio pelado, nadie. Esta es la tercera vez que ando sin bandana (pañuelo) en la cabeza, hasta en mi casa andaba tapado. Hace como dos meses me empezó a crecer el pelo de nuevo y ahora me estoy soltando un poco y ando sin bandana. Pero entremedio pasó otra cosa”.

—¿Qué cosa?

“Me dio una alergia de rojo intenso en todo el cuerpo, pero todo el cuerpo. Mi estómago era color jaiba, como pancora. Mandé las fotos y me hospitalizaron de nuevo. Era por el trasplante de médula, que fue el 5 de julio de este año. Me taparon a corticoides, cremas y otros diez días hospitalizado. Me asusté mucho y dije ¡otra vez! Y me mandaban el tercer piso, y si iba al tercer piso de la clínica era porque no estaba bien la cosa. También agarré después una sensación de asco muy fuerte, no quería comer, no podía. Y bajé 14 kilos, demasiado siendo yo flaco, estaba en los puros huesos. Si seguía así me iban a dar alimentación forzada con mangueras. Pero me empecé a afirmar de a poquito y me fui a la casa”.


Lizardo Garrido en la Roja jugó 44 partidos, disputo las eliminatorias para los mundiales de 1982 y 1986, jugó la Copa del Mundo de España y fue tercero en la Copa América 1991.


—Un calvario. El trasplante de médula salvó su vida.

“Ahí mi hija Maria José era compatible”.

Suena el teléfono en medio de la charla. “Mira, si esto es telepatía. Dije tu nombre y me llamaste. Te hablo más tarde’. Estas cosas me pasan. Es increíble. Hablo de ella y me llama. Ella me dio vida, me dio plaquetas y esas plaquetas, esas células de la Marita eran tan potentes que fueron venciendo a las células cancerígenas”.

Lizardo Garrido, el “Chano”, está volviendo poco a poco al trabajo. El Monumental le da alegría también. Toma doce pastillas diarias, algunas que debe tomar por dos años. Unas para evitar el rechazo del trasplante, otras para gambetear infartos, para driblear la depresión y el insomnio.

“Hay remedios de última generación que cuestan $2,8 millones al mes… es harta plata la que se gasta. Algunos los puedo sacar por GES y eso me ayuda mucho. Imagina las personas que no tienen para costear estos medicamentos…”, reflexiona.

“Me siento un sobreviviente, absolutamente. Estuve muy grave una semana, casi en coma. Pensé que me moría. Ahora estoy mejor, relativamente, porque estoy al 20 o 30% de cómo era antes, pero es un proceso y pido a Dios que me de algunos años más. Me hizo mucho ruido lo que le pasó a Sinisa Mihailovic, jugué contra él la Intercontinental, era un crack, le dio leucemia, perdió la batalla y ya falleció. Y me paso rollos. Sé que nunca voy a estar tranquilo. Y si me voy… y esto no lo he dicho nunca, si me voy puedo decir que me iré tranquilo… (se quiebra) me da pena, pero me iré tranquilo porque di todo, todo, y estoy dando todo”.

El “Chano” toma aire y sigue.

“Toda mi vida he luchado. Toda mi vida ha sido de mucho esfuerzo y sacrificio. Nada ha sido fácil. Todo me costó. Me dicen que me pasa una cosa y la supero, y otra, y la supero. Soy de batallas potentes, de batallas fuertes, a veces uno no se da cuenta, pero soy aguerrido y seguiré dando pelea. Y todos los que me rodea, la familia, la gente colocolina me tienen de pie”.

Termina la charla y Lizardo Garrido se levanta, se despide y camina. Largo. Flaco. Luchador. Avanza el “Chano” con el indio en el pecho y sigue su camino como siempre: valiente, fuerte y grande.
Antonio Valencia

es redactor de Deportes El Mercurio.

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